Matar las ideologías

Visto

A raíz de la caída del Muro de Berlín y el hundimiento del “socialismo real”, se ha venido hablando del “fin de la historia”, de la consolidación y triunfo -definitivo- del “discurso único” y de la economía del libre mercado. Desde entonces se ha pretendido sepultar las ideologías, obviamente, también, las ideologías políticas. Que ya no existen las izquierdas ni las derechas, ni el centro, ni nada por el estilo. Es común escuchar a los políticos hablar que su “única ideología es el país”, “son los pobres”, “es el pueblo”. La globalización se erigió como el destino final de la historia, de la geopolítica, de la cultura. La mundialización de la producción, la flexibilización, libera-ción y apertura total de los mercados (del trabajo, de bienes y servi-cios y financiero) y la retirada del Estado (quedando reducido a su mínima expresión, para prestar servicios de segu-ridad, salud y educación). Al cabo del cuarto de siglo global, luego de la prolon-gada primavera del libre comercio y los TLCs, de traje nacionalista-protec-cionista, paradójicamente, desde el Norte, surgen con fuerza los discursos y las acciones “desglobaliza-doras”. Nada menos que Mr. Trump, en estos últi-mos meses viene liderando una guerra comercial que implica el establecimiento de aranceles a los produc-tos importados, sobre todo desde la China y la Unión Europea. La respuesta no se hizo esperar. Europa y China respondie-ron con la misma moneda. El eco proteccionista se replica en todos los confines planetarios. Se autocalifican como políticos, no precisa-mente de la derecha ideológica -que, claramente lo son- sino de la línea nacionalista. Inexplicablemente, asoma como que aquellos que se oponen al proteccionismo y propugnan el libre mercado se ubica-rían en el andarivel ideológico de las izquierdas. No es correcta esta tipología. Las tesis nacionalistas no constituyen patrimonio ni de las izquierdas ni de las derechas. Más bien, las tesis de la ortodoxia de la total apertura comercial, se aproximan mucho más a la ideología polí-tica de las derechas que de las izquierdas. Más allá de esta digresión, lo que históricamente se demuestra es que ningún país alcanza el desarrollo económico y social sin un Estado lo suficientemente fuerte como para defender la producción nacional. Su papel se mueve entre la promoción, el fomento y por qué no, de la protección -no rentista- de la industria (no del simple ensamblaje). Mr. Trump, siendo Presidente del país que tiene la economía más fuerte del planeta, insiste en proteger su producción. ¿Nosotros qué pretendemos? (O)
Es común escuchar a los políticos hablar que su “única ideología es el país”, “son los pobres”, “es el pueblo”.

Matar las ideologías

A raíz de la caída del Muro de Berlín y el hundimiento del “socialismo real”, se ha venido hablando del “fin de la historia”, de la consolidación y triunfo -definitivo- del “discurso único” y de la economía del libre mercado. Desde entonces se ha pretendido sepultar las ideologías, obviamente, también, las ideologías políticas. Que ya no existen las izquierdas ni las derechas, ni el centro, ni nada por el estilo. Es común escuchar a los políticos hablar que su “única ideología es el país”, “son los pobres”, “es el pueblo”. La globalización se erigió como el destino final de la historia, de la geopolítica, de la cultura. La mundialización de la producción, la flexibilización, libera-ción y apertura total de los mercados (del trabajo, de bienes y servi-cios y financiero) y la retirada del Estado (quedando reducido a su mínima expresión, para prestar servicios de segu-ridad, salud y educación). Al cabo del cuarto de siglo global, luego de la prolon-gada primavera del libre comercio y los TLCs, de traje nacionalista-protec-cionista, paradójicamente, desde el Norte, surgen con fuerza los discursos y las acciones “desglobaliza-doras”. Nada menos que Mr. Trump, en estos últi-mos meses viene liderando una guerra comercial que implica el establecimiento de aranceles a los produc-tos importados, sobre todo desde la China y la Unión Europea. La respuesta no se hizo esperar. Europa y China respondie-ron con la misma moneda. El eco proteccionista se replica en todos los confines planetarios. Se autocalifican como políticos, no precisa-mente de la derecha ideológica -que, claramente lo son- sino de la línea nacionalista. Inexplicablemente, asoma como que aquellos que se oponen al proteccionismo y propugnan el libre mercado se ubica-rían en el andarivel ideológico de las izquierdas. No es correcta esta tipología. Las tesis nacionalistas no constituyen patrimonio ni de las izquierdas ni de las derechas. Más bien, las tesis de la ortodoxia de la total apertura comercial, se aproximan mucho más a la ideología polí-tica de las derechas que de las izquierdas. Más allá de esta digresión, lo que históricamente se demuestra es que ningún país alcanza el desarrollo económico y social sin un Estado lo suficientemente fuerte como para defender la producción nacional. Su papel se mueve entre la promoción, el fomento y por qué no, de la protección -no rentista- de la industria (no del simple ensamblaje). Mr. Trump, siendo Presidente del país que tiene la economía más fuerte del planeta, insiste en proteger su producción. ¿Nosotros qué pretendemos? (O)
Es común escuchar a los políticos hablar que su “única ideología es el país”, “son los pobres”, “es el pueblo”.

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