Masacre: Junio/59

Camilo Ponce Enríquez llegó a la Presidencia del Ecuador en 1956 bajo la protección de Velasco Ibarra: el vínculo entre los dos políticos se fortaleció en el segundo mandato velasquista cuando estuvo al frente de la Cancillería y luego como Ministro de Gobierno durante el tercero. Camilo Ponce, formado en el seno de la aristocracia quiteña y orientación cristiana, se vinculó tempranamente a la política y fue el cofundador del Partido Social Cristiano; tuvo una activa participación, desde sus precedentes, en la Revolución de Mayo de 1944. Posiblemente, dada su inclinación a la agricultura y su visión de lo que hoy se llama ‘emprendimiento’, no puede negarse que su obra presidencial más importante estuvo en el impulso a la obra pública, incluso, en un incipiente apoyo a la industrialización, en particular del austro del país. Sin embargo, como estadista, pese a que por encima de su convicción religiosa mantuvo la separación de la iglesia y el Estado, no respetó la separación de poderes y apeló a los ‘poderes implícitos’ para ignorar la norma constitucional.
Para finales de la década del 50, la realidad mundial había tomado definitivamente un giro a favor del socialismo, hecho que se expresaba en los éxitos de la Unión Soviética, del campo socialista y con el triunfo de la Revolución Cubana. Ecuador no era ajeno a estos cambios: las organizaciones laborales y políticas vivían uno de sus mejores momentos, la ‘generación de los 60’ tenía una fuerte presencia en los colegios y universidades, en los sindicatos, en las organizaciones indígenas y campesinas. Esta realidad preocupaba a los poderes económico y político y su reacción violenta comenzó a configurarse.
Dos hechos confirman el ‘estado de ánimo’ del momento: en Pucará Bajo de Velázquez masacraron a los indígenas que se oponían a la expropiación de sus tierras para la construcción de la prevista sede de la XI Conferencia Panamericana a realizarse en 1961. Luego un hecho aparentemente sin mayor trascendencia: el suicidio de un conscripto por acoso de un miembro del ejército en Portoviejo; a esto se sumó el reclamo del movimiento estudiantil. La situación estalló en Guayaquil: los días 2 y 3 de junio de 1959 las movilizaciones y la represión inicial devinieron en descontrol total. La respuesta gubernamental la cumplió el coronel Luis Piñeiros: una compañía abrió fuego de ametralladora. El número de víctimas nunca se aclaró; oficialmente, eran ‘delincuentes y prostitutas’. (O)

Sobre la masacre
del 2 y 3 de junio de 1959: “Yo ordené y lo volvería a hacer” afirmó el expresidente Camilo Ponce Enríquez.

Masacre: Junio/59

Camilo Ponce Enríquez llegó a la Presidencia del Ecuador en 1956 bajo la protección de Velasco Ibarra: el vínculo entre los dos políticos se fortaleció en el segundo mandato velasquista cuando estuvo al frente de la Cancillería y luego como Ministro de Gobierno durante el tercero. Camilo Ponce, formado en el seno de la aristocracia quiteña y orientación cristiana, se vinculó tempranamente a la política y fue el cofundador del Partido Social Cristiano; tuvo una activa participación, desde sus precedentes, en la Revolución de Mayo de 1944. Posiblemente, dada su inclinación a la agricultura y su visión de lo que hoy se llama ‘emprendimiento’, no puede negarse que su obra presidencial más importante estuvo en el impulso a la obra pública, incluso, en un incipiente apoyo a la industrialización, en particular del austro del país. Sin embargo, como estadista, pese a que por encima de su convicción religiosa mantuvo la separación de la iglesia y el Estado, no respetó la separación de poderes y apeló a los ‘poderes implícitos’ para ignorar la norma constitucional.
Para finales de la década del 50, la realidad mundial había tomado definitivamente un giro a favor del socialismo, hecho que se expresaba en los éxitos de la Unión Soviética, del campo socialista y con el triunfo de la Revolución Cubana. Ecuador no era ajeno a estos cambios: las organizaciones laborales y políticas vivían uno de sus mejores momentos, la ‘generación de los 60’ tenía una fuerte presencia en los colegios y universidades, en los sindicatos, en las organizaciones indígenas y campesinas. Esta realidad preocupaba a los poderes económico y político y su reacción violenta comenzó a configurarse.
Dos hechos confirman el ‘estado de ánimo’ del momento: en Pucará Bajo de Velázquez masacraron a los indígenas que se oponían a la expropiación de sus tierras para la construcción de la prevista sede de la XI Conferencia Panamericana a realizarse en 1961. Luego un hecho aparentemente sin mayor trascendencia: el suicidio de un conscripto por acoso de un miembro del ejército en Portoviejo; a esto se sumó el reclamo del movimiento estudiantil. La situación estalló en Guayaquil: los días 2 y 3 de junio de 1959 las movilizaciones y la represión inicial devinieron en descontrol total. La respuesta gubernamental la cumplió el coronel Luis Piñeiros: una compañía abrió fuego de ametralladora. El número de víctimas nunca se aclaró; oficialmente, eran ‘delincuentes y prostitutas’. (O)

Sobre la masacre
del 2 y 3 de junio de 1959: “Yo ordené y lo volvería a hacer” afirmó el expresidente Camilo Ponce Enríquez.