María migrante

Como fértiles botones en rosas, flores y tulipanes en diversidad floreciente sonríes María de rostro migrante. En tus silenciosos secretos cultivas en oración sueños fructíferos y emprendedores para tus generaciones intimidadas por el hambre del consumismo. Sois amor innegable, incansable e infatigable en los caminos persistentes de cada mujer que descubre tu presencia en la transformación humana de su familia, sociedad y continente en equitativos derechos.
Tu flameante bandera es el magnificat que se manifiesta en el libro de Lucas cuando visitaste a tu prima Isabel y en grito espontáneo le respondiste: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Él hace sentir el poder de su brazo: dispersa a los de corazón altanero, destrona a los potentados, y exalta a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide sin nada”.
Hoy tu magnificat resucita en las emprendidas huellas de millones de María migrantes en sus largas caminatas, generosas manos abiertas de océano a océano, infinitas miradas derrumbando nefastos muros y rebeldes voces de niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres y ancianas que se toman calles, ciudades y campos reclamando sus derechos.
María migrante atrapada en algunos majestuosos palacios, vives manoseada por una selecta secta de dogmáticos que hacen de ti el mágico negocio redondo con dudosos y opulentos trucos de políticos sospechosos.
Eso mientras tu ternura se escapa, vuela, sonríe, llora, grita y se compromete en las faenas libertarias de millones de creyentes en sus cotidianas labores comunitarias. (O)

María migrante

Como fértiles botones en rosas, flores y tulipanes en diversidad floreciente sonríes María de rostro migrante. En tus silenciosos secretos cultivas en oración sueños fructíferos y emprendedores para tus generaciones intimidadas por el hambre del consumismo. Sois amor innegable, incansable e infatigable en los caminos persistentes de cada mujer que descubre tu presencia en la transformación humana de su familia, sociedad y continente en equitativos derechos.
Tu flameante bandera es el magnificat que se manifiesta en el libro de Lucas cuando visitaste a tu prima Isabel y en grito espontáneo le respondiste: “Mi alma glorifica al Señor, y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Él hace sentir el poder de su brazo: dispersa a los de corazón altanero, destrona a los potentados, y exalta a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide sin nada”.
Hoy tu magnificat resucita en las emprendidas huellas de millones de María migrantes en sus largas caminatas, generosas manos abiertas de océano a océano, infinitas miradas derrumbando nefastos muros y rebeldes voces de niñas, adolescentes, jóvenes, mujeres y ancianas que se toman calles, ciudades y campos reclamando sus derechos.
María migrante atrapada en algunos majestuosos palacios, vives manoseada por una selecta secta de dogmáticos que hacen de ti el mágico negocio redondo con dudosos y opulentos trucos de políticos sospechosos.
Eso mientras tu ternura se escapa, vuela, sonríe, llora, grita y se compromete en las faenas libertarias de millones de creyentes en sus cotidianas labores comunitarias. (O)