Malas noticias

Visto

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censo -INEC- entregó el Informe semestral sobre el empleo. Las noticias, definitivamente, son malas. El número de empleados "regularizados" es inferior al número de empleados "informales" ( que subió del 44.1% al 47.5%) superando el récord en la última  década. Si bien el desempleo bajó del 4.5% al 4.1%, no se crearon nuevos puestos de trabajo. Todo lo contrario, 161.689 personas perdieron un empleo pleno o adecuado. Si a esto se suma un hecho, diríamos "atípico": 169.000 personas ya no estarían en busca de empleo o de otro empleo, habría que averiguar ¿qué paso con ellos?.  De mantenerse la PEA de junio del año anterior en los 8'147.564 personas, la situación, al menos, estadísticamente, se vería mucho más grave.

La informalidad continúa como la válvula de escape ante la ausencia de un trabajo o empleo adecuado y que cuente con los beneficios de la seguridad social. La consecuencia fatal y directa de esta situación se refleja en los índices de pobreza. Apenas, en un semestre, la pobreza por ingresos (si el ingreso es menor a $ 84 al mes) pasó del 21.5% al 24.5% y la pobreza extrema (si el ingreso es inferior a $ 47 al mes) pasó del 7.9% al 9%. ¿Qué está ocurriendo?. La drástica reducción de la inversión pública más la serie de acuerdos ministeriales, que flexibilizan fuertemente la contratación laboral, no están cumpliendo los objetivos anunciados y esperados.

Las llamadas Cámaras de la Producción -principalmente-   desde hace rato, hasta que lo consiguieron, vienen reclamando, entre otros pedidos, el recorte del gasto público y la flexibilización laboral. Se argumenta que el Estado hace muy mal en "entrometerse" en la inversión, que aquello genera un "efecto desplazamiento" a la inversión privada. Además, insistentemente, se habla de la inflexibilidad laboral y los altos salarios -e impuestos- como los culpables de la falta de competitividad de la producción nacional. Ya se ha bajado fuertemente la inversión pública, ya se han emitido varios acuerdos de nuevas modalidades (flexibles) de contratación laboral. La pregunta es: Dónde está la inversión privada?.  Dónde están los puestos de trabajo que ofreció y sigue ofreciendo el sector privado?. La solución, ¿será la de seguir recortando la inversión pública y continuar despidiendo trabajadores del Estado?. ¿No será mas bien de retomar el carácter contracíclico de las finanzas públicas?. ¿No será que el rentismo de un sector empresarial se resiste a cambiar?. Desde luego esta dirección de la política fiscal deberá ser cautelosa respecto al déficit fiscal y a la contratación de nueva deuda.

Malas noticias

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censo -INEC- entregó el Informe semestral sobre el empleo. Las noticias, definitivamente, son malas. El número de empleados "regularizados" es inferior al número de empleados "informales" ( que subió del 44.1% al 47.5%) superando el récord en la última  década. Si bien el desempleo bajó del 4.5% al 4.1%, no se crearon nuevos puestos de trabajo. Todo lo contrario, 161.689 personas perdieron un empleo pleno o adecuado. Si a esto se suma un hecho, diríamos "atípico": 169.000 personas ya no estarían en busca de empleo o de otro empleo, habría que averiguar ¿qué paso con ellos?.  De mantenerse la PEA de junio del año anterior en los 8'147.564 personas, la situación, al menos, estadísticamente, se vería mucho más grave.

La informalidad continúa como la válvula de escape ante la ausencia de un trabajo o empleo adecuado y que cuente con los beneficios de la seguridad social. La consecuencia fatal y directa de esta situación se refleja en los índices de pobreza. Apenas, en un semestre, la pobreza por ingresos (si el ingreso es menor a $ 84 al mes) pasó del 21.5% al 24.5% y la pobreza extrema (si el ingreso es inferior a $ 47 al mes) pasó del 7.9% al 9%. ¿Qué está ocurriendo?. La drástica reducción de la inversión pública más la serie de acuerdos ministeriales, que flexibilizan fuertemente la contratación laboral, no están cumpliendo los objetivos anunciados y esperados.

Las llamadas Cámaras de la Producción -principalmente-   desde hace rato, hasta que lo consiguieron, vienen reclamando, entre otros pedidos, el recorte del gasto público y la flexibilización laboral. Se argumenta que el Estado hace muy mal en "entrometerse" en la inversión, que aquello genera un "efecto desplazamiento" a la inversión privada. Además, insistentemente, se habla de la inflexibilidad laboral y los altos salarios -e impuestos- como los culpables de la falta de competitividad de la producción nacional. Ya se ha bajado fuertemente la inversión pública, ya se han emitido varios acuerdos de nuevas modalidades (flexibles) de contratación laboral. La pregunta es: Dónde está la inversión privada?.  Dónde están los puestos de trabajo que ofreció y sigue ofreciendo el sector privado?. La solución, ¿será la de seguir recortando la inversión pública y continuar despidiendo trabajadores del Estado?. ¿No será mas bien de retomar el carácter contracíclico de las finanzas públicas?. ¿No será que el rentismo de un sector empresarial se resiste a cambiar?. Desde luego esta dirección de la política fiscal deberá ser cautelosa respecto al déficit fiscal y a la contratación de nueva deuda.

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