Los trastornos

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Las Neurociencias nos alertan sobre trastornos específicos que alteran el aprendizaje por deficiencias en la escucha, el habla, la lectura, la escritura, el razonamiento y las habilidades matemáticas. Estas se deben a disfunciones cerebrales y no a problemas de atención.
Las Neurociencias han estudiado el funcionamiento del cerebro de quienes tienen estos trastornos. Ellas han descubierto, por ejemplo, que los trastornos de aprendizajes específicos involucran a 8% de los niños de nuestras aulas. El trabajo de los neuro-científicos, muestra que esos trastornos tienen una dimensión hereditaria. Uno de los macro estudios dice que el 55% de disléxicos corresponde con padres que han tenido la misma falencia y coinciden con hermanos que también lo son. Luego, el estudio sobre los trastornos nos señala que existen predisposiciones.
La pedagogía no niega los hándicap y las disfuncionalidades, pero ella no pretende que el niño no lo pueda superar. Entonces, una predisposición no es una predestinación, porque los contextos educativos y las situaciones pedagógicas pueden ayudar a superar los trastornos, o favorizar su radicalización. Los trabajos pedagógicos nos ayudan a demostrar que no existen estudiantes normales y otros con trastornos en el aprendizaje. La pedagogía nos lanza a diseñar acciones que pueden crear nuevos equilibrios al enfrentar los trastornos.
Las remediaciones son circulares, por lo tanto, ganar confianza en sí mismo puede tener efecto en los aprendizajes de las matemáticas, y viceversa, y hasta los aprendizajes tienen reflejos positivos en su salud. Además, no se trata de un paradigma individual, más bien para comprender y actuar debemos partir de un nuevo paradigma que vincule la especie, el individuo, la sociedad y la cultura. En fin, el nuevo paradigma nos invita a comprender las Neurociencias en relación con la pedagogía. (O)

Los trastornos

Las Neurociencias nos alertan sobre trastornos específicos que alteran el aprendizaje por deficiencias en la escucha, el habla, la lectura, la escritura, el razonamiento y las habilidades matemáticas. Estas se deben a disfunciones cerebrales y no a problemas de atención.
Las Neurociencias han estudiado el funcionamiento del cerebro de quienes tienen estos trastornos. Ellas han descubierto, por ejemplo, que los trastornos de aprendizajes específicos involucran a 8% de los niños de nuestras aulas. El trabajo de los neuro-científicos, muestra que esos trastornos tienen una dimensión hereditaria. Uno de los macro estudios dice que el 55% de disléxicos corresponde con padres que han tenido la misma falencia y coinciden con hermanos que también lo son. Luego, el estudio sobre los trastornos nos señala que existen predisposiciones.
La pedagogía no niega los hándicap y las disfuncionalidades, pero ella no pretende que el niño no lo pueda superar. Entonces, una predisposición no es una predestinación, porque los contextos educativos y las situaciones pedagógicas pueden ayudar a superar los trastornos, o favorizar su radicalización. Los trabajos pedagógicos nos ayudan a demostrar que no existen estudiantes normales y otros con trastornos en el aprendizaje. La pedagogía nos lanza a diseñar acciones que pueden crear nuevos equilibrios al enfrentar los trastornos.
Las remediaciones son circulares, por lo tanto, ganar confianza en sí mismo puede tener efecto en los aprendizajes de las matemáticas, y viceversa, y hasta los aprendizajes tienen reflejos positivos en su salud. Además, no se trata de un paradigma individual, más bien para comprender y actuar debemos partir de un nuevo paradigma que vincule la especie, el individuo, la sociedad y la cultura. En fin, el nuevo paradigma nos invita a comprender las Neurociencias en relación con la pedagogía. (O)

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