Los derechos humanos subversivos

El 10 de diciembre de 1948, en París, la Asamblea General de las Naciones Unidas realizaba su Declaración de los Derechos Humanos; desde esa fecha hasta ahora se ha conmemorado por cincuenta y nueve años el Día Internacional de los Derechos Humanos. Este documento marcó un hito en la historia de la humanidad, al plantear condiciones mínimas para la autorrealización de los sujetos. Las concepciones que existen sobre estos derechos, permiten elucubrar sus influencias, sus raíces y sus debilidades, en ese sentido, esta reflexión intenta responder a una pregunta: ¿Los derechos humanos son o pueden ser subversivos?
Una aproximación subyace de un texto de Oscar Correas, abogado y filósofo, nacido en Argentina, representante del movimiento Crítica Jurídica. Correas defiende la tesis de un discurso de derechos humanos subversivos al propio sistema que los produce: el capitalismo. Por un lado, sostiene que la ideología de los derechos humanos solo se pudo producir en la sociedad burguesa, donde se instituye la clásica división entre ciudadano y estado. Esa dicotomía se traduce, por una parte, en el ciudadano que exige su derecho al trabajo, y, por otra a un Estado que puede o no garantizarlo; en definitiva, las condiciones de posibilidad para la protesta contra el poder.
El discurso que traduce la ideología jurídica dominante, ha sido visto por un buen número de activistas de derechos humanos, como parte de la reproducción del sistema imperante. No obstante, según Amnistía Internacional en el año 2016, se registraron asesinatos a 281 personas que promovían la defensa de los derechos humanos alrededor del mundo, de estos, la mayoría fueron en América. Se infiere, por lo tanto que ese discurso es criminalizado y perseguido, entonces su esencia histórica y contemporánea es subalterna, y por tanto un elemento subversivo.
La advertencia de este argumento es que los trabajadores, estudiantes y mujeres como sujetos históricos (ciudadanos) desposeídos de estos derechos, deben hacer un uso no apologético al sistema – mundo, sino encontrar el sentido crítico, emancipador y subversivo del ejercicio mismo de la ciudadanía. (O)

Los derechos humanos subversivos

El 10 de diciembre de 1948, en París, la Asamblea General de las Naciones Unidas realizaba su Declaración de los Derechos Humanos; desde esa fecha hasta ahora se ha conmemorado por cincuenta y nueve años el Día Internacional de los Derechos Humanos. Este documento marcó un hito en la historia de la humanidad, al plantear condiciones mínimas para la autorrealización de los sujetos. Las concepciones que existen sobre estos derechos, permiten elucubrar sus influencias, sus raíces y sus debilidades, en ese sentido, esta reflexión intenta responder a una pregunta: ¿Los derechos humanos son o pueden ser subversivos?
Una aproximación subyace de un texto de Oscar Correas, abogado y filósofo, nacido en Argentina, representante del movimiento Crítica Jurídica. Correas defiende la tesis de un discurso de derechos humanos subversivos al propio sistema que los produce: el capitalismo. Por un lado, sostiene que la ideología de los derechos humanos solo se pudo producir en la sociedad burguesa, donde se instituye la clásica división entre ciudadano y estado. Esa dicotomía se traduce, por una parte, en el ciudadano que exige su derecho al trabajo, y, por otra a un Estado que puede o no garantizarlo; en definitiva, las condiciones de posibilidad para la protesta contra el poder.
El discurso que traduce la ideología jurídica dominante, ha sido visto por un buen número de activistas de derechos humanos, como parte de la reproducción del sistema imperante. No obstante, según Amnistía Internacional en el año 2016, se registraron asesinatos a 281 personas que promovían la defensa de los derechos humanos alrededor del mundo, de estos, la mayoría fueron en América. Se infiere, por lo tanto que ese discurso es criminalizado y perseguido, entonces su esencia histórica y contemporánea es subalterna, y por tanto un elemento subversivo.
La advertencia de este argumento es que los trabajadores, estudiantes y mujeres como sujetos históricos (ciudadanos) desposeídos de estos derechos, deben hacer un uso no apologético al sistema – mundo, sino encontrar el sentido crítico, emancipador y subversivo del ejercicio mismo de la ciudadanía. (O)