Los aportes

En reiteradas oportunidades, en este y en otros medios, me he referido al financiamiento de los partidos políticos y de las campañas electorales. Los últimos sucesos relacionados con aportes  monetarios entregados por funcionarios-"militantes" para el funcionamiento de las organizaciones políticas exige un debate amplio y profundo que permita mejorar la ética política  -y de los políticos- y la calidad la democracia. En primer lugar, el tema pasa por definir las fuentes y límites del financiamiento de los partidos y movimientos políticos. En primer lugar, es necesario la entrega del fondo partidario estatal; desde luego, habría que definir una fórmula distributiva más equitativa. En segundo lugar, los aportes razonables de la militancia, por su puesto que son necesarios. Lo que no cabe es ni la afiliación obligatoria ni el aporte bajo presión. Cuando las afiliaciones, apenas se plasman mediante una firma y no se sustentan en sólidas convicciones ideológicas y políticas, los partidos y movimientos pueden crecer y desinflarse como la espuma. Peor si la capacitación y el debate interno es ausente. Ahora mismo, el país cuenta con un abanico gigantesco de partidos y movimientos políticos nacionales y locales que termina confundiendo a los electores y desacreditando a la política y a los políticos. Muchos "líderes", en menos de lo que canta un gallo se dedican al lucrativo negocio de formar partidos y movimientos políticos. "Ganan" presencia en el escenario, a veces, obtienen una plantita y, frecuentemente, cumplen la tarea de "chimbadores" y dividen las tendencias. Basta mirar la hoja de vida y el número de camisetas de confección propia de algunos profesionales de la política que se han pasado todo el tiempo creando partidos y movimientos políticos.
Dos problemas respecto a los aportes requieren poner el dedo en la llaga. Primero: hay que fijar límites cuantitativos y cualitativos. Sabemos que hay aportantes que "apuestan" a más de un candidato así como hay aportantes (personas naturales y empresas) que entregan  enormes sumas de dinero. La pregunta es: quien aporta tanto dinero, lo hace de pura filantropía política o lo hace como una rentable inversión?. El otro asunto tiene que ver con los aportes de los funcionarios públicos. La solución estaría en la profesionalización plena del servicio público, dejando un espacio menor  -al que hoy existe- para la designación de funcionarios de libre remoción y nombramiento. Sólo una democracia madura, con partidos políticos serios, con militantes conscientes, con una sociedad civil sólidamente educada y politizada, será capaz de superar limitaciones, como las que en estos tiempos existen en nuestro país y provocan una grave crisis por los 4 costados.

Los aportes

En reiteradas oportunidades, en este y en otros medios, me he referido al financiamiento de los partidos políticos y de las campañas electorales. Los últimos sucesos relacionados con aportes  monetarios entregados por funcionarios-"militantes" para el funcionamiento de las organizaciones políticas exige un debate amplio y profundo que permita mejorar la ética política  -y de los políticos- y la calidad la democracia. En primer lugar, el tema pasa por definir las fuentes y límites del financiamiento de los partidos y movimientos políticos. En primer lugar, es necesario la entrega del fondo partidario estatal; desde luego, habría que definir una fórmula distributiva más equitativa. En segundo lugar, los aportes razonables de la militancia, por su puesto que son necesarios. Lo que no cabe es ni la afiliación obligatoria ni el aporte bajo presión. Cuando las afiliaciones, apenas se plasman mediante una firma y no se sustentan en sólidas convicciones ideológicas y políticas, los partidos y movimientos pueden crecer y desinflarse como la espuma. Peor si la capacitación y el debate interno es ausente. Ahora mismo, el país cuenta con un abanico gigantesco de partidos y movimientos políticos nacionales y locales que termina confundiendo a los electores y desacreditando a la política y a los políticos. Muchos "líderes", en menos de lo que canta un gallo se dedican al lucrativo negocio de formar partidos y movimientos políticos. "Ganan" presencia en el escenario, a veces, obtienen una plantita y, frecuentemente, cumplen la tarea de "chimbadores" y dividen las tendencias. Basta mirar la hoja de vida y el número de camisetas de confección propia de algunos profesionales de la política que se han pasado todo el tiempo creando partidos y movimientos políticos.
Dos problemas respecto a los aportes requieren poner el dedo en la llaga. Primero: hay que fijar límites cuantitativos y cualitativos. Sabemos que hay aportantes que "apuestan" a más de un candidato así como hay aportantes (personas naturales y empresas) que entregan  enormes sumas de dinero. La pregunta es: quien aporta tanto dinero, lo hace de pura filantropía política o lo hace como una rentable inversión?. El otro asunto tiene que ver con los aportes de los funcionarios públicos. La solución estaría en la profesionalización plena del servicio público, dejando un espacio menor  -al que hoy existe- para la designación de funcionarios de libre remoción y nombramiento. Sólo una democracia madura, con partidos políticos serios, con militantes conscientes, con una sociedad civil sólidamente educada y politizada, será capaz de superar limitaciones, como las que en estos tiempos existen en nuestro país y provocan una grave crisis por los 4 costados.