LOES

Visto

Casi 8 años atrás, a días de una crisis política, se aprobó la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES), con apenas 63 votos. Este cuerpo normativo genero múltiples polémicas por sus efectos e implicaciones, algunas de ellas que aún perviven. La incidencia benévola o maléfica que ha tenido la LOES sobre la vida de miles de docentes, estudiantes, padres de familia es compleja de determinar por el incipiente estudio de su impacto. El anterior gobierno enfatizó la valía y el éxito de este texto legal, a su vez denostó la labor académica anterior a su vigencia. Buena parte de la academia, gremios estudiantiles, trabajadores y empleados e incluso el Consejo Nacional de Educación Superior (CONESUP), hicieron fuertes reparos sobre esta normativa que regulaba la educación superior.
Al fin y al cabo entró en vigencia y desde ahí la primera opción como se decía por los pasillos de las universidades era: la reforma. Empero, tuvo que pasar todo este lapso de tiempo para lograr que se revisen procesos que restringían el ejercicio de ciertos derechos. Por ejemplo, según varias organizaciones entre ellas la FEUE se señalaba que el sistema de ingreso a las instituciones de educación superior públicas, ha dejado a más de 500.000 jóvenes sin la posibilidad de estudiar, lo que es visto como una grave afectación al derecho a la educación. Se ha denotado que hay un carácter antidemocrático en el manejo y la gestión de las universidades. Adicionalmente, de la denuncia permanente de una falta de autonomía.
Frente a estos síntomas los diferentes actores del sistema de educación superior presentaron varios proyectos de reforma, logrando consensuar una propuesta. Finalmente, la Asamblea Nacional aprobó estas modificaciones que entre lo resaltable señalan, que para el ingreso a las universidades y escuelas politécnicas, el examen no será el único requisito que lo defina, es decir, habrán otros criterios que se agregan, como los antecedentes académicos y la condición socioeconómica. Los institutos superiores técnicos, tecnológicos, pedagógicos superiores se considerarán como de tercer nivel. A pesar de ello, temas como la democratización de las universidades aún quedan pendientes para una próxima reforma. Esperamos que las injusticias que se dieron como efecto de la ley anterior se subsanen y que estos cambios se vuelvan una garantía del derecho a la educación superior.

Casi 8 años atrás, a días de una crisis política, se aprobó la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES), con apenas 63 votos. Este cuerpo normativo genero múltiples polémicas por sus efectos e implicaciones, algunas de ellas que aún perviven. La incidencia benévola o maléfica que ha tenido la LOES sobre la vida de miles de docentes, estudiantes, padres de familia es compleja de determinar por el incipiente estudio de su impacto. El anterior gobierno enfatizó la valía y el éxito de este texto legal, a su vez denostó la labor académica anterior a su vigencia. Buena parte de la academia, gremios estudiantiles, trabajadores y empleados e incluso el Consejo Nacional de Educación Superior (CONESUP), hicieron fuertes reparos sobre esta normativa que regulaba la educación superior.
Al fin y al cabo entró en vigencia y desde ahí la primera opción como se decía por los pasillos de las universidades era: la reforma. Empero, tuvo que pasar todo este lapso de tiempo para lograr que se revisen procesos que restringían el ejercicio de ciertos derechos. Por ejemplo, según varias organizaciones entre ellas la FEUE se señalaba que el sistema de ingreso a las instituciones de educación superior públicas, ha dejado a más de 500.000 jóvenes sin la posibilidad de estudiar, lo que es visto como una grave afectación al derecho a la educación. Se ha denotado que hay un carácter antidemocrático en el manejo y la gestión de las universidades. Adicionalmente, de la denuncia permanente de una falta de autonomía.
Frente a estos síntomas los diferentes actores del sistema de educación superior presentaron varios proyectos de reforma, logrando consensuar una propuesta. Finalmente, la Asamblea Nacional aprobó estas modificaciones que entre lo resaltable señalan, que para el ingreso a las universidades y escuelas politécnicas, el examen no será el único requisito que lo defina, es decir, habrán otros criterios que se agregan, como los antecedentes académicos y la condición socioeconómica. Los institutos superiores técnicos, tecnológicos, pedagógicos superiores se considerarán como de tercer nivel. A pesar de ello, temas como la democratización de las universidades aún quedan pendientes para una próxima reforma. Esperamos que las injusticias que se dieron como efecto de la ley anterior se subsanen y que estos cambios se vuelvan una garantía del derecho a la educación superior.

Visto