Lo que se dice triste

Porque triste, lo que se dice triste, es el relato que da cuenta de la crónica de la ironía, la crónica de la soberbia, la crónica de la hipocresía, la crónica de la melancolía, la crónica del cinismo, crónica de nuestros días, estos días: deshumanizados, enajenados, confrontados…
Porque triste, lo que se dice triste, es el acto fanático con que entregamos al odio la consciencia; asaltamos la verdad, la moldeamos y profesamos a coro el nuevo credo, desterrando cualquier opción disonante, persiguiéndola, condenándola…
Porque triste, lo que se dice triste, es la conducta fanática de negarnos el camino, desconocerlo, pretender negar los pasos recorridos, aprendidos, conquistados… Porque triste, lo que se dice triste, es la crónica de las redes, esas redes, nuestras redes, que destilan y derraman la misma violencia que condena, la emanan e irradian inconscientes, la violencia de la descalificación, el ostracismo, la persecución, nuestras redes que apedrean en ira desatada…
Porque triste, lo que se dice triste, es el uso politiquero y demagógico con que vestimos de escándalo las más abismales tragedias de una sociedad de la que somos parte, producto y problema, pero nos negamos a ser solución, refugiándonos en el “derecho a la denuncia”, la cómoda posición de culpar al que estuvo, al que está, al que estará…
Porque triste, lo que se dice triste, es el morbo de las redes, esas redes, nuestras redes, que sin consideración, censura o pudor, comparten y expanden una cadena de dolor, amargura, desolación, abatimiento e impotencia…
Porque triste, lo que se dice triste, es que hemos olvidado que a los problemas hay que buscarles soluciones; y, con complejo de jueces o de implacables detectives, ahora vestimos de inquisidores y cuales vigilantes acribillamos desde las redes, esas redes, nuestras redes, sin tregua ni piedad el nombre, la honra, el pasado, presente y futuro de la presa electa para el sacrificio que satisfaga la gula de esas, nuestras redes, registro de esa-nuestra, sociedad; en la era de la soledad y el egoísmo…
Porque triste, lo que se dice triste, es la indiferencia que desplaza y reemplaza a la solidaridad y el fanatismo sentado al trono de la otrora diosa razón; así, amarga crónica de nuestros días, días de inimaginables saltos tecnológicos en busca de aquello que se nos quedó perdido en la noche del tiempo; nuestro sentido de humanidad: solidaria, recíproca, racional… (O)

Porque triste es el morbo de las redes, nuestras redes, que sin consideración, censura o pudor, comparten y expanden una cadena de dolor

Lo que se dice triste

Porque triste, lo que se dice triste, es el relato que da cuenta de la crónica de la ironía, la crónica de la soberbia, la crónica de la hipocresía, la crónica de la melancolía, la crónica del cinismo, crónica de nuestros días, estos días: deshumanizados, enajenados, confrontados…
Porque triste, lo que se dice triste, es el acto fanático con que entregamos al odio la consciencia; asaltamos la verdad, la moldeamos y profesamos a coro el nuevo credo, desterrando cualquier opción disonante, persiguiéndola, condenándola…
Porque triste, lo que se dice triste, es la conducta fanática de negarnos el camino, desconocerlo, pretender negar los pasos recorridos, aprendidos, conquistados… Porque triste, lo que se dice triste, es la crónica de las redes, esas redes, nuestras redes, que destilan y derraman la misma violencia que condena, la emanan e irradian inconscientes, la violencia de la descalificación, el ostracismo, la persecución, nuestras redes que apedrean en ira desatada…
Porque triste, lo que se dice triste, es el uso politiquero y demagógico con que vestimos de escándalo las más abismales tragedias de una sociedad de la que somos parte, producto y problema, pero nos negamos a ser solución, refugiándonos en el “derecho a la denuncia”, la cómoda posición de culpar al que estuvo, al que está, al que estará…
Porque triste, lo que se dice triste, es el morbo de las redes, esas redes, nuestras redes, que sin consideración, censura o pudor, comparten y expanden una cadena de dolor, amargura, desolación, abatimiento e impotencia…
Porque triste, lo que se dice triste, es que hemos olvidado que a los problemas hay que buscarles soluciones; y, con complejo de jueces o de implacables detectives, ahora vestimos de inquisidores y cuales vigilantes acribillamos desde las redes, esas redes, nuestras redes, sin tregua ni piedad el nombre, la honra, el pasado, presente y futuro de la presa electa para el sacrificio que satisfaga la gula de esas, nuestras redes, registro de esa-nuestra, sociedad; en la era de la soledad y el egoísmo…
Porque triste, lo que se dice triste, es la indiferencia que desplaza y reemplaza a la solidaridad y el fanatismo sentado al trono de la otrora diosa razón; así, amarga crónica de nuestros días, días de inimaginables saltos tecnológicos en busca de aquello que se nos quedó perdido en la noche del tiempo; nuestro sentido de humanidad: solidaria, recíproca, racional… (O)

Porque triste es el morbo de las redes, nuestras redes, que sin consideración, censura o pudor, comparten y expanden una cadena de dolor