Lecciones

¿Qué nos depara a los seres humanos en el siglo XXI? ¿Los robots se rebelarán contra nosotros? ¿La utopía comunista es posible? ¿Los algoritmos reemplazarán nuestra capacidad de decisión? Yuval Noah Harari, historiador y filósofo israelí, nos presenta una amalgama de reflexiones sobre los retos que se vierten sobre las sociedades y los estados en lo que resta del siglo. La infotecnología, la biotecnología, el nacionalismo, el trabajo, la religión y los tópicos como libertad e igualdad son analizados desde una perspectiva que irrumpe con una cantidad de datos, pero con una sencillez que acomoda y hace fácil la lectura de esta obra. Lo acuciante de la necesidad de predecir los hechos del futuro nos hace que quisiéramos subirnos en un auto DeLorean e ir al año 2045. Lamentablemente no somos Marty Macfly y esto no es Volver al futuro.
A medida que la tecnología se ha desarrollado, nuestras mentes parecen haberse anquilosado, así frente los problemas que nos enfrentamos como el cambio climático, la dictadura de lo digital o la amenaza de una guerra nuclear, el hallar respuestas, es un reto casi insuperable. Los grandes relatos o metarrelatos de la modernidad, parecen no haber cumplido con las promesas que nos hicieron as: el socialismo, el fascismo, e incluso el liberalismo, no han podido cumplir con lo ofrecido. Para el filósofo israelí, el liberalismo que nos ofertó el libre mercado, la democracia y los derechos humanos, esta en crisis. Los nacionalismos empiezan a surgir, como una respuesta de los “males” de la globalización. El relato global del liberalismo que ha sido “impulsado” por ciertos gobiernos imperialistas, ha incluido llevar la democracia a los países antidemocráticos.
Pero esto solo ha conllevado más guerras, y una migración hacia los países exportadores de la democracia liberal. Aquí estos se enfrentan a tolerar sus formas de vida y creencias, o a obligarlos a asumir sus creencias. Este dilema solo es parte de grandes dificultades, que implican la disrupción tecnológica ¿Qué sucede si con la biotecnología podemos alargar nuestra vida o crear un superhombre? Tendríamos dos clases de seres humanos, los que, por no tener dinero, no puedan mejorarse y sean inferiores, a una nueva casta cognitivamente superior. Lo dramático de todas estas consideraciones, se contrasta con la esperanza en que la filosofía sea el método, la seducción de que la tecnología permita democratizar la reflexión y que ser filósofo pueda ser un buen empleo. (O)

Lecciones

¿Qué nos depara a los seres humanos en el siglo XXI? ¿Los robots se rebelarán contra nosotros? ¿La utopía comunista es posible? ¿Los algoritmos reemplazarán nuestra capacidad de decisión? Yuval Noah Harari, historiador y filósofo israelí, nos presenta una amalgama de reflexiones sobre los retos que se vierten sobre las sociedades y los estados en lo que resta del siglo. La infotecnología, la biotecnología, el nacionalismo, el trabajo, la religión y los tópicos como libertad e igualdad son analizados desde una perspectiva que irrumpe con una cantidad de datos, pero con una sencillez que acomoda y hace fácil la lectura de esta obra. Lo acuciante de la necesidad de predecir los hechos del futuro nos hace que quisiéramos subirnos en un auto DeLorean e ir al año 2045. Lamentablemente no somos Marty Macfly y esto no es Volver al futuro.
A medida que la tecnología se ha desarrollado, nuestras mentes parecen haberse anquilosado, así frente los problemas que nos enfrentamos como el cambio climático, la dictadura de lo digital o la amenaza de una guerra nuclear, el hallar respuestas, es un reto casi insuperable. Los grandes relatos o metarrelatos de la modernidad, parecen no haber cumplido con las promesas que nos hicieron as: el socialismo, el fascismo, e incluso el liberalismo, no han podido cumplir con lo ofrecido. Para el filósofo israelí, el liberalismo que nos ofertó el libre mercado, la democracia y los derechos humanos, esta en crisis. Los nacionalismos empiezan a surgir, como una respuesta de los “males” de la globalización. El relato global del liberalismo que ha sido “impulsado” por ciertos gobiernos imperialistas, ha incluido llevar la democracia a los países antidemocráticos.
Pero esto solo ha conllevado más guerras, y una migración hacia los países exportadores de la democracia liberal. Aquí estos se enfrentan a tolerar sus formas de vida y creencias, o a obligarlos a asumir sus creencias. Este dilema solo es parte de grandes dificultades, que implican la disrupción tecnológica ¿Qué sucede si con la biotecnología podemos alargar nuestra vida o crear un superhombre? Tendríamos dos clases de seres humanos, los que, por no tener dinero, no puedan mejorarse y sean inferiores, a una nueva casta cognitivamente superior. Lo dramático de todas estas consideraciones, se contrasta con la esperanza en que la filosofía sea el método, la seducción de que la tecnología permita democratizar la reflexión y que ser filósofo pueda ser un buen empleo. (O)