Las plagas

Sin pretender -en absoluto- referirme al profético y último Libro del Nuevo Testamento quisiera referirme a una de las 5 “plagas” más nocivas para la sociedad y para la convivencia humana pacífica. Se trata del narcotráfico. (Las otras “plagas” son: la corrupción, sobre todo la relacionada con la apropiación ilícita de los fondos del Estado Central o Local por parte de servidores públicos o personas del sector privado; el egoísmo exacerbado, que aleja a las personas de las conductas sociales solidarias; el armamentismo -incluido el tráfico ilegal- que atenta contra la paz y la desigualdad, que sume a millones de seres humanos en la pobreza). El narcotráfico constituye unos de los delitos que más daño causa a la sociedad.
El problema es multidimensional y tremendamente complejo. En la raíz del problema, obviamente, se encuentra el consumo, que cada vez se incrementa. Es claro que mientras existan consumidores, habrán productores y traficantes. Si hay demanda, siempre habrá oferta y mientras no se contraiga drásticamente la demanda y la política antidrogas actúe -casi exclusivamente- sobre la oferta, el efecto fundamental será el incremento del precio. Si el precio se incrementa, el negocio se vuelve más rentable y se incentiva rápidamente la reactivación y aumento de la oferta. Los narcotraficantes han utilizado a nuestro país como mercado de consumo y, fundamentalmente, como territorio de paso para continuar hacia los centros de consumo (EE.UU. Europa, Rusia, Australia).
En las últimas semanas, la situación se ha agravado enormemente, llegándose al extremo de sacrificar valiosas vidas humanas y secuestrar a personas inocentes. Para enfrentar el problema es indispensable la unidad nacional y la cooperación internacional. Se debe considerar ante todo la necesidad de construir fronteras vivas, lo que demanda obligatoriamente la presencia activa del Estado brindando seguridad, prestando los servicios básicos y salud y educación de calidad y generando oportunidades de trabajo y empleo dignos. Solamente así se evitaría que la gente ceda a las tentaciones de los narco terroristas (para nada hay que hablar ahora de disidentes de las FARC o de grupos guerrilleros, se trata de narco-terrorismo y punto). Pensar que “Guacho” es el único o principal enemigo, es un error. Desde luego que hay que capturarlo. El problema es que hay muchos “guachos”. (O)


La mejor ayuda que pueden darnos los “países amigos” es controlando que sus ciudadanos sean consumidores de drogas.

Las plagas

Sin pretender -en absoluto- referirme al profético y último Libro del Nuevo Testamento quisiera referirme a una de las 5 “plagas” más nocivas para la sociedad y para la convivencia humana pacífica. Se trata del narcotráfico. (Las otras “plagas” son: la corrupción, sobre todo la relacionada con la apropiación ilícita de los fondos del Estado Central o Local por parte de servidores públicos o personas del sector privado; el egoísmo exacerbado, que aleja a las personas de las conductas sociales solidarias; el armamentismo -incluido el tráfico ilegal- que atenta contra la paz y la desigualdad, que sume a millones de seres humanos en la pobreza). El narcotráfico constituye unos de los delitos que más daño causa a la sociedad.
El problema es multidimensional y tremendamente complejo. En la raíz del problema, obviamente, se encuentra el consumo, que cada vez se incrementa. Es claro que mientras existan consumidores, habrán productores y traficantes. Si hay demanda, siempre habrá oferta y mientras no se contraiga drásticamente la demanda y la política antidrogas actúe -casi exclusivamente- sobre la oferta, el efecto fundamental será el incremento del precio. Si el precio se incrementa, el negocio se vuelve más rentable y se incentiva rápidamente la reactivación y aumento de la oferta. Los narcotraficantes han utilizado a nuestro país como mercado de consumo y, fundamentalmente, como territorio de paso para continuar hacia los centros de consumo (EE.UU. Europa, Rusia, Australia).
En las últimas semanas, la situación se ha agravado enormemente, llegándose al extremo de sacrificar valiosas vidas humanas y secuestrar a personas inocentes. Para enfrentar el problema es indispensable la unidad nacional y la cooperación internacional. Se debe considerar ante todo la necesidad de construir fronteras vivas, lo que demanda obligatoriamente la presencia activa del Estado brindando seguridad, prestando los servicios básicos y salud y educación de calidad y generando oportunidades de trabajo y empleo dignos. Solamente así se evitaría que la gente ceda a las tentaciones de los narco terroristas (para nada hay que hablar ahora de disidentes de las FARC o de grupos guerrilleros, se trata de narco-terrorismo y punto). Pensar que “Guacho” es el único o principal enemigo, es un error. Desde luego que hay que capturarlo. El problema es que hay muchos “guachos”. (O)


La mejor ayuda que pueden darnos los “países amigos” es controlando que sus ciudadanos sean consumidores de drogas.