Laicidad

Visto

Sin previo aviso, como si hubiéramos atravesado una puerta del tiempo, en los últimos días frente a diversos hechos que podemos enmarcarlos como progresistas o pro-derechos, se ha generado una reacción conservadora que parece habernos llevado a las postrimerías del siglo XIX, en momentos precedentes a la Revolución Liberal. Por un lado, los creyentes conservadores han expresado una multiplicidad de “elogios” a quienes se tacha ya no como liberales, sino como “feminazis”, “abortistas” que son vistos como los nuevos enemigos de la nueva Cruzada.
El pasado 15 de mayo, el presidente Lenin Moreno, expidió el decreto 397 que contenía el Reglamento General de la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, que contenía dentro de la Disposición Transitoria Quinta, conceptos como “enfoque de género”, “nuevas masculinidades”.
Esto produjo una fuerte crítica a este cuerpo normativo de ciertos sectores conservadores, que al final determino que el pasado 19 de julio, el presidente expidiera el decreto 460, y lo reformara, eliminado varios de esos conceptos.
Pocos días después la Corte Constitucional del Ecuador causaba un furor inusitado cuando expidió la sentencia N.° 003-18-PJO-CC, que determina en que momento cesa la autoridad tuitiva de los padres y puede intervenir un “salvador externo” como el Estado. Esto conllevó a que incluso la Asamblea Nacional intervenga exhortando al guardián de la Constitución a revisar sus fallos.
Frente a esto, se debe adoptar una defensa de la laicidad, que como señalaba Norberto Bobbio “al no encarnar una cultura específica, constituye la condición que hace posibles todas las culturas”.
Esperando que temas tan relevantes como la educación sexual, el enfoque de género o las masculinidades, sean implementados con el fin de prevenir grandes problemas como el embarazo adolescente o la violencia de género.
A su vez, garantizar esa laicidad, requiere una condición necesaria: el respeto del “coto vedado” –limite al poder de legislar de las mayorías en ciertas materias-.
Que incluso los conservadores deberían defender, porque en algún momento podrían pasar de ser una mayoría a una minoría. Hasta eso defendamos el Estado Constitucional de Derecho y dejemos de ver demonios donde no los hay. (O)
Garantizar la laicidad del Estado requiere una condición necesaria: el respeto de lo que se conoce como el “coto vedado”...

Laicidad

Sin previo aviso, como si hubiéramos atravesado una puerta del tiempo, en los últimos días frente a diversos hechos que podemos enmarcarlos como progresistas o pro-derechos, se ha generado una reacción conservadora que parece habernos llevado a las postrimerías del siglo XIX, en momentos precedentes a la Revolución Liberal. Por un lado, los creyentes conservadores han expresado una multiplicidad de “elogios” a quienes se tacha ya no como liberales, sino como “feminazis”, “abortistas” que son vistos como los nuevos enemigos de la nueva Cruzada.
El pasado 15 de mayo, el presidente Lenin Moreno, expidió el decreto 397 que contenía el Reglamento General de la Ley Orgánica Integral para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, que contenía dentro de la Disposición Transitoria Quinta, conceptos como “enfoque de género”, “nuevas masculinidades”.
Esto produjo una fuerte crítica a este cuerpo normativo de ciertos sectores conservadores, que al final determino que el pasado 19 de julio, el presidente expidiera el decreto 460, y lo reformara, eliminado varios de esos conceptos.
Pocos días después la Corte Constitucional del Ecuador causaba un furor inusitado cuando expidió la sentencia N.° 003-18-PJO-CC, que determina en que momento cesa la autoridad tuitiva de los padres y puede intervenir un “salvador externo” como el Estado. Esto conllevó a que incluso la Asamblea Nacional intervenga exhortando al guardián de la Constitución a revisar sus fallos.
Frente a esto, se debe adoptar una defensa de la laicidad, que como señalaba Norberto Bobbio “al no encarnar una cultura específica, constituye la condición que hace posibles todas las culturas”.
Esperando que temas tan relevantes como la educación sexual, el enfoque de género o las masculinidades, sean implementados con el fin de prevenir grandes problemas como el embarazo adolescente o la violencia de género.
A su vez, garantizar esa laicidad, requiere una condición necesaria: el respeto del “coto vedado” –limite al poder de legislar de las mayorías en ciertas materias-.
Que incluso los conservadores deberían defender, porque en algún momento podrían pasar de ser una mayoría a una minoría. Hasta eso defendamos el Estado Constitucional de Derecho y dejemos de ver demonios donde no los hay. (O)
Garantizar la laicidad del Estado requiere una condición necesaria: el respeto de lo que se conoce como el “coto vedado”...

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