La tórtola

Un día vi en el jardín dos tórtolas que volaban de rama en rama entre un manzano y el capulí, hay una fuente de agua que fresca esta debajo una higuera, en ella se bañaban los días de sol, en ella retozaban en dulzor. No sé cuándo, no sé en qué día perdió a su compañero(a) sin embargo ella no desampara sus árboles su fuente de agua, grazna como llamando, como que reclama, como que llora, se posa en las mismas ramas que solían estar los dos, pero no abandona el jardín; sé que estas aves tienen un alto grado de fidelidad. ¿Será que espera de nuevo su regreso?, ¿Será que en esta avecita también anida la esperanza? Las pérdidas y las adversidades son parte de la existencia de todos los seres, creo que el universo se maneja por estas constantes y debemos aun sin comprender entrar en esa ley, enfrentarnos a la opresión mental de la muerte de un hijo o de un ser muy querido, renunciar obligadamente a su presencia a su espacio a su interaccionar es como enfrentar una batalla un guerra con nuestros más profundos miedos a ese aturdimiento generado por sucesos tan dolorosos que luchan por no salir de la cordura, asidos de la esperanza ante la posibilidad de que si exista un Dios prometedor que nos dé el reencuentro en un más allá, o que todo hay que ir solucionando aquí mismo porque no existe tal eternidad.
Un buen día desde mi ventana acostumbrada a la compañía de la solitaria tortolita, ya no la vi, ya no oía su ronco piar fui en su búsqueda, ya no estaba, abandono el jardín, cada mañana cada tarde me asomo a la ventana a ver si regresó pero ya no volvió, ¿se fue a encontrar otro horizonte? ¿se integró a su bandada?, no lo sé, talvez en su instinto sintió que el que se va ya no regresa y voló, voló a encontrarse con otro destino. Los humanos tardamos más tiempo en comprender que todas estas pérdidas tienen su mensaje para los que quedamos y de verdad habrá que dejarles volar a la eternidad sin energías lastimeras que los aten hacia las nuestras y todo este sufrimiento nos va convirtiendo poco a poco en más sensibles, más humanos, más pasivos y amorosos, menos ambiciosos nos conformamos con poco nos vamos desprendiendo del dolor intenso frustrante sabemos que todavía tenemos que seguir viviendo y aquel que se fue nos hizo comprender ese mensaje de amor “el don de vivir para los demás y lo que es más importante… si vivir con odios o el vivir con el perdón”
//Por tí mi Cris. (O)
Las pérdidas y adversidades son parte de la existencia de todos los seres vivos...el universo se maneja por estas constantes.

La tórtola

Un día vi en el jardín dos tórtolas que volaban de rama en rama entre un manzano y el capulí, hay una fuente de agua que fresca esta debajo una higuera, en ella se bañaban los días de sol, en ella retozaban en dulzor. No sé cuándo, no sé en qué día perdió a su compañero(a) sin embargo ella no desampara sus árboles su fuente de agua, grazna como llamando, como que reclama, como que llora, se posa en las mismas ramas que solían estar los dos, pero no abandona el jardín; sé que estas aves tienen un alto grado de fidelidad. ¿Será que espera de nuevo su regreso?, ¿Será que en esta avecita también anida la esperanza? Las pérdidas y las adversidades son parte de la existencia de todos los seres, creo que el universo se maneja por estas constantes y debemos aun sin comprender entrar en esa ley, enfrentarnos a la opresión mental de la muerte de un hijo o de un ser muy querido, renunciar obligadamente a su presencia a su espacio a su interaccionar es como enfrentar una batalla un guerra con nuestros más profundos miedos a ese aturdimiento generado por sucesos tan dolorosos que luchan por no salir de la cordura, asidos de la esperanza ante la posibilidad de que si exista un Dios prometedor que nos dé el reencuentro en un más allá, o que todo hay que ir solucionando aquí mismo porque no existe tal eternidad.
Un buen día desde mi ventana acostumbrada a la compañía de la solitaria tortolita, ya no la vi, ya no oía su ronco piar fui en su búsqueda, ya no estaba, abandono el jardín, cada mañana cada tarde me asomo a la ventana a ver si regresó pero ya no volvió, ¿se fue a encontrar otro horizonte? ¿se integró a su bandada?, no lo sé, talvez en su instinto sintió que el que se va ya no regresa y voló, voló a encontrarse con otro destino. Los humanos tardamos más tiempo en comprender que todas estas pérdidas tienen su mensaje para los que quedamos y de verdad habrá que dejarles volar a la eternidad sin energías lastimeras que los aten hacia las nuestras y todo este sufrimiento nos va convirtiendo poco a poco en más sensibles, más humanos, más pasivos y amorosos, menos ambiciosos nos conformamos con poco nos vamos desprendiendo del dolor intenso frustrante sabemos que todavía tenemos que seguir viviendo y aquel que se fue nos hizo comprender ese mensaje de amor “el don de vivir para los demás y lo que es más importante… si vivir con odios o el vivir con el perdón”
//Por tí mi Cris. (O)
Las pérdidas y adversidades son parte de la existencia de todos los seres vivos...el universo se maneja por estas constantes.