La Perla del Pacífico

Visto

Las fiestas del puerto y, a la vez, ciudad más poblada del país han permitido un despliegue de elogios y lugares comunes que soslayan la necesidad de revisar críticamente los aspectos problemáticos de Guayaquil. Como advertencia debo decir, a quienes confunden los exámenes a la administración socialcristiana con una crítica a la Ciudad misma, que un ejercicio ciudadano de la opinión nos permite reflexionar, libremente, sobre cualquier tema, siempre que lo hagamos de manera fundamentada y con respeto. 
Precisamente, encuentro que el aparato mediático que sirve de eco o caja de resonancia, vacía de contenidos, al partido político que se ha mantenido por más de 25 años en el gobierno local porteño, nos falta el respeto a los ciudadanos del Ecuador, tratándonos como simples consumidores de mensajes que no ponen en duda la veracidad de los argumentos municipales. Por ejemplo, mantener que, desde hace dos décadas y media hasta nuestros días, el mayor mérito socialcristiano es haber salvado a Guayaquil de la familia Bucaram cae por su propio peso cuando ese mismo partido y su aparato mediático reclaman al gobierno del ex Presidente Correa no habernos transformado en Suiza en 10 años.  Bajo esa lógica, Guayaquil debería ser hoy como Nueva York. Y por otra parte, siendo que el ex prófugo y asilado político en Panamá ha regresado “por sus fueros” a su ciudad natal, para reclamar su porción de espacio en la política nacional, ¿Será que Nebot se lanza nuevamente para “salvar” su ciudad? Las apuestas están abiertas.
Mientras tanto, las políticas culturales del puerto han puesto en marcha uno de los aparatos conservadores y de propaganda más reaccionarios de los que tenga memoria el país. Como ejemplo sirva el fresco donde se grafica monumentalmente al alcalde en funciones y al patriarca autoritario Febres Cordero a la entrada del Palacio municipal, más o menos como Dios y Adam en la Capilla Sixtina, sin la calidad de Miguel Angel obviamente, en uno de los actos de culto a la personalidad más escandalosos de los que tengamos registro localmente y que se ha naturalizado en el imaginario colectivo gracias al silencio acrítico de la opinión publica.
A su vez, la construcción de una ciudad excluyente que se reserva el derecho de admisión a sus espacios públicos, tal como reza a la entrada del Malecón, entre otros destinos, se ha consolidado con la privatización de esos mismos espacios: la gente “como uno” accede a los espacios VIP y el pueblo “que vaya a la Playita” aunque no tenga agua potable ni alcantarillado. 
Por lo pronto no parece posible políticamente, pero algún día la Perla deberá salir de la concha socialcristiana. Ese día festejaremos. (O)

La Perla del Pacífico

Las fiestas del puerto y, a la vez, ciudad más poblada del país han permitido un despliegue de elogios y lugares comunes que soslayan la necesidad de revisar críticamente los aspectos problemáticos de Guayaquil. Como advertencia debo decir, a quienes confunden los exámenes a la administración socialcristiana con una crítica a la Ciudad misma, que un ejercicio ciudadano de la opinión nos permite reflexionar, libremente, sobre cualquier tema, siempre que lo hagamos de manera fundamentada y con respeto. 
Precisamente, encuentro que el aparato mediático que sirve de eco o caja de resonancia, vacía de contenidos, al partido político que se ha mantenido por más de 25 años en el gobierno local porteño, nos falta el respeto a los ciudadanos del Ecuador, tratándonos como simples consumidores de mensajes que no ponen en duda la veracidad de los argumentos municipales. Por ejemplo, mantener que, desde hace dos décadas y media hasta nuestros días, el mayor mérito socialcristiano es haber salvado a Guayaquil de la familia Bucaram cae por su propio peso cuando ese mismo partido y su aparato mediático reclaman al gobierno del ex Presidente Correa no habernos transformado en Suiza en 10 años.  Bajo esa lógica, Guayaquil debería ser hoy como Nueva York. Y por otra parte, siendo que el ex prófugo y asilado político en Panamá ha regresado “por sus fueros” a su ciudad natal, para reclamar su porción de espacio en la política nacional, ¿Será que Nebot se lanza nuevamente para “salvar” su ciudad? Las apuestas están abiertas.
Mientras tanto, las políticas culturales del puerto han puesto en marcha uno de los aparatos conservadores y de propaganda más reaccionarios de los que tenga memoria el país. Como ejemplo sirva el fresco donde se grafica monumentalmente al alcalde en funciones y al patriarca autoritario Febres Cordero a la entrada del Palacio municipal, más o menos como Dios y Adam en la Capilla Sixtina, sin la calidad de Miguel Angel obviamente, en uno de los actos de culto a la personalidad más escandalosos de los que tengamos registro localmente y que se ha naturalizado en el imaginario colectivo gracias al silencio acrítico de la opinión publica.
A su vez, la construcción de una ciudad excluyente que se reserva el derecho de admisión a sus espacios públicos, tal como reza a la entrada del Malecón, entre otros destinos, se ha consolidado con la privatización de esos mismos espacios: la gente “como uno” accede a los espacios VIP y el pueblo “que vaya a la Playita” aunque no tenga agua potable ni alcantarillado. 
Por lo pronto no parece posible políticamente, pero algún día la Perla deberá salir de la concha socialcristiana. Ese día festejaremos. (O)

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