La Pascua

La Pascua es la fiesta central del cristianismo, en la que se celebra la resurrección de Jesucristo. La Pascua marca el final de la Semana Santa a la que le sigue un período de 50 días llamado Tiempo pascual, que termina con el Domingo de Pentecostés.​
Así, la Pascua es el advenimiento del “tiempo nuevo”. Tiempo que lo podemos vivir intensamente a la luz de la Palabra de Dios. Les propongo una de esas tantas posibilidades, vivir como “Buen Samaritano”. Tal como nos lo cuenta el Evangelio de Lucas 10, 25-37.
Jesús al ser interpelado por un doctor de la ley, sobre qué hacer para entrar en la vida eterna y quién es el prójimo, lo remite en primer lugar a la lectura del mandamiento principal de la ley, y para clarificar el concepto acerca del prójimo, recurre a una historia ejemplar a través de la cual vuelve la perspectiva al revés: lo importante no es saber quién es mi prójimo para amarlo, sino tener en el corazón una disposición para conmoverse y acercarse al necesitado.
Podemos distinguir entre el samaritano de la hora trágica que atiende inmediatamente al herido y el samaritano del día siguiente que organiza el restablecimiento del herido, según las exigencias del tiempo y de la economía, pidiendo la colaboración de otros.
Este texto, reflejo de la humanidad caída y abandonada, nos muestra al mismo tiempo la compasión y la misericordia de Dios a través de su Hijo. En este relato Jesús margina, en su valoración, a quienes son signo del poder religioso, cuando no se dejan mover por la compasión y en cambio le da el protagonismo a un hombre que se deja conmover y que realiza gestos pobres y sencillos de curación con aceite, las vendas, su cabalgadura y el mesón.
El samaritano le ofrece ayuda inmediata de la mejor forma posible, pero prolonga en el tiempo esa ayuda hasta el restablecimiento del herido. Para él, aquel hombre necesitado, sigue en su mente y vuelve para controlar lo contratado y pagar los gastos. No descarga en otros su preocupación, sino que se convierte en estímulo de solidaridad activa.
La invitación final de Jesús es que el fariseo “haga lo mismo”. Es una orientación al “hacer” y no al “saber”.
Hoy el camino del samaritano es un espacio inmenso donde se agolpan niños, mujeres, hombres y ancianos, con todo tipo de violencia en sus cuerpos y en sus almas. Los rostros desfigurados por la violencia y la injusticia. Estos son los flagelados de la tierra que están al margen de nuestra historia y piden compasión. (O)
La invitación de Jesús a ser como el samaritano es una orientación al hacer y no al saber. Es la fuerza de la solidaridad activa.

La Pascua

La Pascua es la fiesta central del cristianismo, en la que se celebra la resurrección de Jesucristo. La Pascua marca el final de la Semana Santa a la que le sigue un período de 50 días llamado Tiempo pascual, que termina con el Domingo de Pentecostés.​
Así, la Pascua es el advenimiento del “tiempo nuevo”. Tiempo que lo podemos vivir intensamente a la luz de la Palabra de Dios. Les propongo una de esas tantas posibilidades, vivir como “Buen Samaritano”. Tal como nos lo cuenta el Evangelio de Lucas 10, 25-37.
Jesús al ser interpelado por un doctor de la ley, sobre qué hacer para entrar en la vida eterna y quién es el prójimo, lo remite en primer lugar a la lectura del mandamiento principal de la ley, y para clarificar el concepto acerca del prójimo, recurre a una historia ejemplar a través de la cual vuelve la perspectiva al revés: lo importante no es saber quién es mi prójimo para amarlo, sino tener en el corazón una disposición para conmoverse y acercarse al necesitado.
Podemos distinguir entre el samaritano de la hora trágica que atiende inmediatamente al herido y el samaritano del día siguiente que organiza el restablecimiento del herido, según las exigencias del tiempo y de la economía, pidiendo la colaboración de otros.
Este texto, reflejo de la humanidad caída y abandonada, nos muestra al mismo tiempo la compasión y la misericordia de Dios a través de su Hijo. En este relato Jesús margina, en su valoración, a quienes son signo del poder religioso, cuando no se dejan mover por la compasión y en cambio le da el protagonismo a un hombre que se deja conmover y que realiza gestos pobres y sencillos de curación con aceite, las vendas, su cabalgadura y el mesón.
El samaritano le ofrece ayuda inmediata de la mejor forma posible, pero prolonga en el tiempo esa ayuda hasta el restablecimiento del herido. Para él, aquel hombre necesitado, sigue en su mente y vuelve para controlar lo contratado y pagar los gastos. No descarga en otros su preocupación, sino que se convierte en estímulo de solidaridad activa.
La invitación final de Jesús es que el fariseo “haga lo mismo”. Es una orientación al “hacer” y no al “saber”.
Hoy el camino del samaritano es un espacio inmenso donde se agolpan niños, mujeres, hombres y ancianos, con todo tipo de violencia en sus cuerpos y en sus almas. Los rostros desfigurados por la violencia y la injusticia. Estos son los flagelados de la tierra que están al margen de nuestra historia y piden compasión. (O)
La invitación de Jesús a ser como el samaritano es una orientación al hacer y no al saber. Es la fuerza de la solidaridad activa.