La otra medalla

El argot de la modernidad que basa la premisa de utilidad desde la visión de la renta como acumulación después del ejercicio, en lugar de la utilidad como el sentido de útil, dibuja lindas conjugaciones que disfrazan de brillante lo absurdo; así, resulta que el deporte reviste de una utilidad en términos de acumulación cuando la inversión se ve reflejada en triunfos, medallas y trofeos que, como no hay tampoco hay que invertir… “Mente sana en cuerpo sano”, más allá de la utilidad medida como reproducción ampliada del capital; en la utilidad medida como lo útil, el deporte emerge como contenedor de disciplina, constancia, solidaridad, lealtad, superación, esfuerzo, salud y una larga lista de razones-motivos, suficientes en si mismos para provocar la voluntad de apoyarlo, promoverlo y casi que hasta obligarlo, aunque sea a través de esas pausas activas, me temo ya en desuso. Sí, el deporte es un contenedor; es decir, contiene contenidos, pero ¿qué clase de contenidos?, pues de todo, desde procesos de desarrollo personal, hasta la construcción de imaginarios que cimientan paradigmas de desarrollo colectivo de los pueblos; ¿qué cómo así?, mejor un ejemplo: Barcelona llega a la final de la Libertadores, luego la Liga la gana y ahora nuestros clubes ya no quieren solo jugarla, quieren conquistarla; es decir, un deportista de élite cuando alcanza el objetivo genera dos efectos positivos: El primero el orgullo que provoca identificación, y se transforma, por tanto, en un lazo de identidad para el colectivo… En segundo momento, el deportista se constituye en un modelo a superar, Rolando Vera gana la San Silvestre cinco veces consecutivas, el atletismo despega y Jefferson Pérez alcanza el Oro Olímpico, ¿me explico? Es la expresión cotidiana de aquel “si se puede” que motivó el primer triunfo de nuestra selección de fútbol sobre la de Brasil en el camino de nuestro primer mundial.El deporte construye y edifica, desde lo individual hacia lo colectivo, si eso no es suficiente motivo, deberíamos recordar a los Peréz y los Tenorio, los Escobar y los Ruales, los Piedra, Fierro, Ramón, Chocho, Vera, Pons, Enderica, Delgado, Gómez;  porque no, y definitivamente no, no se trata de eliminar aranceles a la importación de bicicletas, mañana será de ruedas de patines, luego de tableros de ajedres y un largo etcétera proyectado desde la determinación, capacidad y constacia de nuestros deportistas. No, nada de eso, se trata de construir, definir, implementar y sostener una política pública de fomento del deporte en sus diferentes ramificaciones, una que el extinto Ministerio caminaba, pero que a la flamante Secretaría al parecer se le olvidó… (O)
El deporte construye y edifica, desde lo individual hacia lo colectivo, si eso no es suficiente motivo, deberíamos recordar a los…

La otra medalla

El argot de la modernidad que basa la premisa de utilidad desde la visión de la renta como acumulación después del ejercicio, en lugar de la utilidad como el sentido de útil, dibuja lindas conjugaciones que disfrazan de brillante lo absurdo; así, resulta que el deporte reviste de una utilidad en términos de acumulación cuando la inversión se ve reflejada en triunfos, medallas y trofeos que, como no hay tampoco hay que invertir… “Mente sana en cuerpo sano”, más allá de la utilidad medida como reproducción ampliada del capital; en la utilidad medida como lo útil, el deporte emerge como contenedor de disciplina, constancia, solidaridad, lealtad, superación, esfuerzo, salud y una larga lista de razones-motivos, suficientes en si mismos para provocar la voluntad de apoyarlo, promoverlo y casi que hasta obligarlo, aunque sea a través de esas pausas activas, me temo ya en desuso. Sí, el deporte es un contenedor; es decir, contiene contenidos, pero ¿qué clase de contenidos?, pues de todo, desde procesos de desarrollo personal, hasta la construcción de imaginarios que cimientan paradigmas de desarrollo colectivo de los pueblos; ¿qué cómo así?, mejor un ejemplo: Barcelona llega a la final de la Libertadores, luego la Liga la gana y ahora nuestros clubes ya no quieren solo jugarla, quieren conquistarla; es decir, un deportista de élite cuando alcanza el objetivo genera dos efectos positivos: El primero el orgullo que provoca identificación, y se transforma, por tanto, en un lazo de identidad para el colectivo… En segundo momento, el deportista se constituye en un modelo a superar, Rolando Vera gana la San Silvestre cinco veces consecutivas, el atletismo despega y Jefferson Pérez alcanza el Oro Olímpico, ¿me explico? Es la expresión cotidiana de aquel “si se puede” que motivó el primer triunfo de nuestra selección de fútbol sobre la de Brasil en el camino de nuestro primer mundial.El deporte construye y edifica, desde lo individual hacia lo colectivo, si eso no es suficiente motivo, deberíamos recordar a los Peréz y los Tenorio, los Escobar y los Ruales, los Piedra, Fierro, Ramón, Chocho, Vera, Pons, Enderica, Delgado, Gómez;  porque no, y definitivamente no, no se trata de eliminar aranceles a la importación de bicicletas, mañana será de ruedas de patines, luego de tableros de ajedres y un largo etcétera proyectado desde la determinación, capacidad y constacia de nuestros deportistas. No, nada de eso, se trata de construir, definir, implementar y sostener una política pública de fomento del deporte en sus diferentes ramificaciones, una que el extinto Ministerio caminaba, pero que a la flamante Secretaría al parecer se le olvidó… (O)
El deporte construye y edifica, desde lo individual hacia lo colectivo, si eso no es suficiente motivo, deberíamos recordar a los…