La minería

Se puede afirmar que: “No existe desarrollo con cero contaminación”. Se puede afirmar también que “la contaminación incontrolada, tampoco garantiza el desarrollo”, al menos, el desarrollo sustentable.
En estos días se ha abierto en el país el debate en torno a la explotación minera, metálica, sobre todo. Las posiciones se han polarizado en un falso dilema: minería legal o minería ilegal. Los primeros argumentan que, cuando hay minas, si no hay minería legal, es seguro que habría minería ilegal.
Claramente, el dilema no está entre minería o no minería. El otro frente, el dilema lo ubica entre la explotación minera y el agua (la vida). De otro lado, podríamos decir que el debate se mueve entre el modelo económico extractivista y cualquier otro basado en la actividad económica secundaria o terciaria. ¿Habiendo en el subsuelo riquezas mineras (metálicas), un país que requiere financiar su desarrollo (mejorar las condiciones de vida del conjunto de la población) “puede darse el lujo” de dejarlo bajo tierra? La respuesta tiene que ver con los niveles y tipos de contaminación y con el destino de los excedentes resultantes de la explotación minera. En este sentido, si los excedentes no sirven para mejorar la distribución de los ingresos y la riqueza (que es tan injusta y desigual en nuestro país), ¿para quién extraemos la riqueza del subsuelo?
En términos distributivos, sería preferible, como en el caso de la explotación -ilegal- en Buenos Aires, que ésta se reparta entre las 12 o 15.000 familias de “ilegales” y no únicamente entre 12 o 15 familias “legales” privilegiadas. En cuanto a la contaminación, la Constitución de la República, delimita más o menos razonablemente las fronteras de la explotación minera.
Lo que debe estar más claro que el agua de los manantiales, es que si se contaminan los bosques y zonas protegidas, las vertientes y fuentes y zonas de recarga, descarga y regulación de ríos y lagunas, páramos, humedales, bosques protectores y ecosistemas frágiles, simplemente, no se debe permitir la minería metálica ni legal ni ilegal: ambas contaminan.
El extractivismo del modelo primario exportador, definitivamente, para nada la vía del desarrollo. Así lo demuestra la historia. Si no somos capaces de generar valor agregado, de innovar y mejorar permanentemente la productividad, no seremos jamás capaces de alcanzar el desarrollo sustentable. De manera que el debate debe trascender del falso dilema entre la minería legal y la minería ilegal hacia la minería versus las vida saludable. (O)
El debate debe trascender del falso dilema entre la minería legal y la minería ilegal hacia la minería versus las vida saludable.

La minería

Se puede afirmar que: “No existe desarrollo con cero contaminación”. Se puede afirmar también que “la contaminación incontrolada, tampoco garantiza el desarrollo”, al menos, el desarrollo sustentable.
En estos días se ha abierto en el país el debate en torno a la explotación minera, metálica, sobre todo. Las posiciones se han polarizado en un falso dilema: minería legal o minería ilegal. Los primeros argumentan que, cuando hay minas, si no hay minería legal, es seguro que habría minería ilegal.
Claramente, el dilema no está entre minería o no minería. El otro frente, el dilema lo ubica entre la explotación minera y el agua (la vida). De otro lado, podríamos decir que el debate se mueve entre el modelo económico extractivista y cualquier otro basado en la actividad económica secundaria o terciaria. ¿Habiendo en el subsuelo riquezas mineras (metálicas), un país que requiere financiar su desarrollo (mejorar las condiciones de vida del conjunto de la población) “puede darse el lujo” de dejarlo bajo tierra? La respuesta tiene que ver con los niveles y tipos de contaminación y con el destino de los excedentes resultantes de la explotación minera. En este sentido, si los excedentes no sirven para mejorar la distribución de los ingresos y la riqueza (que es tan injusta y desigual en nuestro país), ¿para quién extraemos la riqueza del subsuelo?
En términos distributivos, sería preferible, como en el caso de la explotación -ilegal- en Buenos Aires, que ésta se reparta entre las 12 o 15.000 familias de “ilegales” y no únicamente entre 12 o 15 familias “legales” privilegiadas. En cuanto a la contaminación, la Constitución de la República, delimita más o menos razonablemente las fronteras de la explotación minera.
Lo que debe estar más claro que el agua de los manantiales, es que si se contaminan los bosques y zonas protegidas, las vertientes y fuentes y zonas de recarga, descarga y regulación de ríos y lagunas, páramos, humedales, bosques protectores y ecosistemas frágiles, simplemente, no se debe permitir la minería metálica ni legal ni ilegal: ambas contaminan.
El extractivismo del modelo primario exportador, definitivamente, para nada la vía del desarrollo. Así lo demuestra la historia. Si no somos capaces de generar valor agregado, de innovar y mejorar permanentemente la productividad, no seremos jamás capaces de alcanzar el desarrollo sustentable. De manera que el debate debe trascender del falso dilema entre la minería legal y la minería ilegal hacia la minería versus las vida saludable. (O)
El debate debe trascender del falso dilema entre la minería legal y la minería ilegal hacia la minería versus las vida saludable.