La marca Cuenca

Visto

En las últimas décadas las ciudades han pasado a competir entre sí en el mercado global. Es así que, al igual que los productos, aquellas ciudades que buscan diferenciarse utilizan diferentes herramientas de marketing para desarrollar atributos y ventajas competitivas.  En este escenario, cada vez es más común hablar de la “marca ciudad” como ese intangible idóneo para comunicar la identidad y la imagen de un destino, tanto para los turistas como para los propios ciudadanos.


A nivel externo, una sólida marca ciudad permite captar proyectos de cooperación, inversión directa, alianzas, negocios y, por supuesto, turismo. A la interna, tanto el proceso de construcción de la marca así como su ejecución generan un sentimiento de identidad en los ciudadanos, una renovación del entusiasmo por lo local y una sensibilidad especial hacia los procesos de cambio.


Un ejemplo exitoso es Amsterdam, con su marca “I amsterdam”. Comercios, servicios, productos, lugares turísticos; todos llevan con orgullo este logotipo que, en sus palabras: “…es el reflejo de la diversidad, de la cohesión y de la personalidad de todos los ciudadanos de Amsterdam, que juntos construyen la ciudad que aman”. En la historia reciente se registran varios intentos por estructurar una “marca Cuenca”. Pero todos fallidos. Desde el inicio se obvió el natural e indispensable punto de partida: la participación ciudadana. Solo gracias a un proceso de construcción desde adentro se puede llegar a tener un producto que esté por encima de la perspectiva e intereses de los gobiernos de turno.


¿Cómo hacer que funcione? Se requiere de una alta dosis de voluntad política para abrir un espacio en el que diferentes actores de la sociedad civil participen en la construcción de esta marca. Solo a partir de una masiva participación se podrán identificar y retratar los diferentes matices y puntos de vista que luego conducirán a una adecuada definición de los objetivos a largo plazo, estrategias, mensajes clave y diseños.


Desarrollar una marca ciudad no solo compromete construir una colorida identidad visual y un eslogan popular. Implica un plan integral de repensar la ciudad y de ejecutar desde lo público lo que haga falta para acercarse a esa visión propuesta: regeneración urbana, movilidad, nuevos símbolos arquitectónicos…. todo esto partiendo de que el verdadero valor de la ciudad está en su gente. (O)

La marca Cuenca

En las últimas décadas las ciudades han pasado a competir entre sí en el mercado global. Es así que, al igual que los productos, aquellas ciudades que buscan diferenciarse utilizan diferentes herramientas de marketing para desarrollar atributos y ventajas competitivas.  En este escenario, cada vez es más común hablar de la “marca ciudad” como ese intangible idóneo para comunicar la identidad y la imagen de un destino, tanto para los turistas como para los propios ciudadanos.


A nivel externo, una sólida marca ciudad permite captar proyectos de cooperación, inversión directa, alianzas, negocios y, por supuesto, turismo. A la interna, tanto el proceso de construcción de la marca así como su ejecución generan un sentimiento de identidad en los ciudadanos, una renovación del entusiasmo por lo local y una sensibilidad especial hacia los procesos de cambio.


Un ejemplo exitoso es Amsterdam, con su marca “I amsterdam”. Comercios, servicios, productos, lugares turísticos; todos llevan con orgullo este logotipo que, en sus palabras: “…es el reflejo de la diversidad, de la cohesión y de la personalidad de todos los ciudadanos de Amsterdam, que juntos construyen la ciudad que aman”. En la historia reciente se registran varios intentos por estructurar una “marca Cuenca”. Pero todos fallidos. Desde el inicio se obvió el natural e indispensable punto de partida: la participación ciudadana. Solo gracias a un proceso de construcción desde adentro se puede llegar a tener un producto que esté por encima de la perspectiva e intereses de los gobiernos de turno.


¿Cómo hacer que funcione? Se requiere de una alta dosis de voluntad política para abrir un espacio en el que diferentes actores de la sociedad civil participen en la construcción de esta marca. Solo a partir de una masiva participación se podrán identificar y retratar los diferentes matices y puntos de vista que luego conducirán a una adecuada definición de los objetivos a largo plazo, estrategias, mensajes clave y diseños.


Desarrollar una marca ciudad no solo compromete construir una colorida identidad visual y un eslogan popular. Implica un plan integral de repensar la ciudad y de ejecutar desde lo público lo que haga falta para acercarse a esa visión propuesta: regeneración urbana, movilidad, nuevos símbolos arquitectónicos…. todo esto partiendo de que el verdadero valor de la ciudad está en su gente. (O)

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