La figura de la tierra

Visto

Determinar la figura de la tierra a partir de la medición de un arco del meridiano fue la preocupación principal de la expedición científica francesa enviada al Virreinato del Perú en 1735. Los académicos acompañaron sus informes científicos de relatos que hoy sorprenden por su detalle y minuciosa descripción. Observadores milimétricos de los astros, aplicaron la misma acuciosidad para describir lo que desde ese entonces llamaron “Tierras del Ecuador.” 


En efecto, hace 280 años una misión geodésica francesa partiría hacia Quito con el objetivo de determinar la figura de la tierra. Entonces se encontraba todavía abierto el debate sobre la forma del planeta ¿Tenía éste una forma elíptica o esférica? ¿Era abultado en los polos o abultado en la zona ecuatorial? Dado el contexto geodésico y geométrico, esta historia está poblada por puntos y líneas. En ese sentido, la posterior adopción del nombre por el país reivindica sobretodo el hecho de haber sido el punto desde donde se realizaron las mediciones por sobre el hecho de estar atravesado por la línea imaginaria. La denominación de “Tierras del Ecuador” se popularizaría a raíz de esta visita y sería utilizada también por Humboldt y el propio Bolívar para, posteriormente, ser adoptada en la constituyente de fundación de la República del Ecuador.


Obsesionados por los fenómenos físicos de refracción, los geodésicos no solo buscaron una “verdad óptica” y matemática para confirmar la teoría newtoniana del achatamiento de los polos mirando al cielo, sino que “en tierra” el mundo de las apariencias visibles fue racionalizado y ordenado para ser conocido. En sus textos predomina la búsqueda de la transparencia y la claridad sobre la opacidad de un territorio, a sus ojos, “semejante al paraíso terrenal”. Cada fenómeno observado, cada experiencia de viaje, cada lugar y sus habitantes son descritos con tanto detalle como si lo único que mediara entre el mundo visible y la percepción humana fuera una lupa gigante. Pero ese privilegio otorgado a la visión por los científicos no solo hace de sus descripciones una fuente de información crucial sobre nuestra sociedad en el siglo XVIII, sino que, sobretodo, revela la manera en la que desde Europa se construyó una mirada sobre nosotros con precisión óptica.
Es una cuestión de identidades y de cuerpos. Identidades nacionales y cuerpos sensibles. Es también una cuestión de construcción de nación y en este caso, de la construcción de la nación desde la mirada del otro europeo a tal punto que, como he mencionado, el nombre actual del Ecuador es también una proyección (refracción) de occidente y su ciencia ¿Ciencia aplicada o taxonomía?
Quizás por eso en este texto no hay un fenómeno de refracción sino de reflexión. Reflexión sobre los cruces entre historia, memoria y fantasía. (O)

La figura de la tierra

Determinar la figura de la tierra a partir de la medición de un arco del meridiano fue la preocupación principal de la expedición científica francesa enviada al Virreinato del Perú en 1735. Los académicos acompañaron sus informes científicos de relatos que hoy sorprenden por su detalle y minuciosa descripción. Observadores milimétricos de los astros, aplicaron la misma acuciosidad para describir lo que desde ese entonces llamaron “Tierras del Ecuador.” 


En efecto, hace 280 años una misión geodésica francesa partiría hacia Quito con el objetivo de determinar la figura de la tierra. Entonces se encontraba todavía abierto el debate sobre la forma del planeta ¿Tenía éste una forma elíptica o esférica? ¿Era abultado en los polos o abultado en la zona ecuatorial? Dado el contexto geodésico y geométrico, esta historia está poblada por puntos y líneas. En ese sentido, la posterior adopción del nombre por el país reivindica sobretodo el hecho de haber sido el punto desde donde se realizaron las mediciones por sobre el hecho de estar atravesado por la línea imaginaria. La denominación de “Tierras del Ecuador” se popularizaría a raíz de esta visita y sería utilizada también por Humboldt y el propio Bolívar para, posteriormente, ser adoptada en la constituyente de fundación de la República del Ecuador.


Obsesionados por los fenómenos físicos de refracción, los geodésicos no solo buscaron una “verdad óptica” y matemática para confirmar la teoría newtoniana del achatamiento de los polos mirando al cielo, sino que “en tierra” el mundo de las apariencias visibles fue racionalizado y ordenado para ser conocido. En sus textos predomina la búsqueda de la transparencia y la claridad sobre la opacidad de un territorio, a sus ojos, “semejante al paraíso terrenal”. Cada fenómeno observado, cada experiencia de viaje, cada lugar y sus habitantes son descritos con tanto detalle como si lo único que mediara entre el mundo visible y la percepción humana fuera una lupa gigante. Pero ese privilegio otorgado a la visión por los científicos no solo hace de sus descripciones una fuente de información crucial sobre nuestra sociedad en el siglo XVIII, sino que, sobretodo, revela la manera en la que desde Europa se construyó una mirada sobre nosotros con precisión óptica.
Es una cuestión de identidades y de cuerpos. Identidades nacionales y cuerpos sensibles. Es también una cuestión de construcción de nación y en este caso, de la construcción de la nación desde la mirada del otro europeo a tal punto que, como he mencionado, el nombre actual del Ecuador es también una proyección (refracción) de occidente y su ciencia ¿Ciencia aplicada o taxonomía?
Quizás por eso en este texto no hay un fenómeno de refracción sino de reflexión. Reflexión sobre los cruces entre historia, memoria y fantasía. (O)

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