La Cuarta Revolución

Hace 17 años, inicié la universidad. En aquella época, el uso del celular recién empezaba a masificarse, el acceso a internet era medianamente razonable y los trabajos en grupo concluían con el ritual de la quema de un CD que contenía la presentación en powerpoint solicitada. No había redes sociales y casi nadie tenia una memoria flash.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Hoy, nuevamente en la universidad pero desde el otro lado del pupitre, imparto clases a través de Google Classroom, presento conferencias en tiempo real, enseño a los estudiantes a cargar su hoja de vida en LinkedIn y asigno como tarea ver un documental en Netflix. Los temas frecuentes en clase son inteligencia artificial, big data, robótica, neurociencia, la nube, el internet de las cosas.

Sin darnos cuenta, estos cambios tecnológicos evidencian que estamos viviendo una Cuarta Revolución. Luego de haber pasado por tres revoluciones (agraria, la industrial y la digital), esta cuarta trae significativos cambios en nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Ahora, como nunca antes, se está integrando el mundo físico, el digital y el biológico.

En esta Cuarta Revolución los avances ciberfísicos (combinación de maquinaria física con procesos digitales) buscan automatizar la mayoría de procesos industriales, a un punto “ideal” de contar con verdaderas fábricas inteligentes. En lo cotidiano, tenemos el concepto de Internet de las Cosas, que describe la interconexión digital de objetos: refrigeradores que notifican la falta productos, cepillos de dientes que alertan si hay caries, zapatos con GPS o inodoros que, de paso, realizan examenes de orina.

Sin embargo, no todo es positivo. El proceso beneficiará a aquellos que estén preparados para el cambio y que sean capaces de adaptarse a las nuevas exigencias del entorno. Seguramente muchos empleos se perderán, la desigualdad en el ingreso podría acentuarse y aparecerán nuevos dilemas ético-laborales a resolver.

Como docentes universitarios es nuestra obligación formar profesionales autónomos que sepan interconectarse con el mundo, que ademas sean flexibles y adaptables a las nuevas tecnologías. Si no lo hacemos, quizá seamos nosotros los primeros en quedarnos sin empleo. (O)

La Cuarta Revolución trae significativos cambios. Ahora se está integrando el mundo físico, el digital y el biológico.

La Cuarta Revolución

Hace 17 años, inicié la universidad. En aquella época, el uso del celular recién empezaba a masificarse, el acceso a internet era medianamente razonable y los trabajos en grupo concluían con el ritual de la quema de un CD que contenía la presentación en powerpoint solicitada. No había redes sociales y casi nadie tenia una memoria flash.

Desde entonces, muchas cosas han cambiado. Hoy, nuevamente en la universidad pero desde el otro lado del pupitre, imparto clases a través de Google Classroom, presento conferencias en tiempo real, enseño a los estudiantes a cargar su hoja de vida en LinkedIn y asigno como tarea ver un documental en Netflix. Los temas frecuentes en clase son inteligencia artificial, big data, robótica, neurociencia, la nube, el internet de las cosas.

Sin darnos cuenta, estos cambios tecnológicos evidencian que estamos viviendo una Cuarta Revolución. Luego de haber pasado por tres revoluciones (agraria, la industrial y la digital), esta cuarta trae significativos cambios en nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos. Ahora, como nunca antes, se está integrando el mundo físico, el digital y el biológico.

En esta Cuarta Revolución los avances ciberfísicos (combinación de maquinaria física con procesos digitales) buscan automatizar la mayoría de procesos industriales, a un punto “ideal” de contar con verdaderas fábricas inteligentes. En lo cotidiano, tenemos el concepto de Internet de las Cosas, que describe la interconexión digital de objetos: refrigeradores que notifican la falta productos, cepillos de dientes que alertan si hay caries, zapatos con GPS o inodoros que, de paso, realizan examenes de orina.

Sin embargo, no todo es positivo. El proceso beneficiará a aquellos que estén preparados para el cambio y que sean capaces de adaptarse a las nuevas exigencias del entorno. Seguramente muchos empleos se perderán, la desigualdad en el ingreso podría acentuarse y aparecerán nuevos dilemas ético-laborales a resolver.

Como docentes universitarios es nuestra obligación formar profesionales autónomos que sepan interconectarse con el mundo, que ademas sean flexibles y adaptables a las nuevas tecnologías. Si no lo hacemos, quizá seamos nosotros los primeros en quedarnos sin empleo. (O)

La Cuarta Revolución trae significativos cambios. Ahora se está integrando el mundo físico, el digital y el biológico.