La consulta popular fortalece la democracia

La mejor democracia es la democracia directa, aquella en la que los ciudadanos deciden. Supera con creces a la democracia indirecta, delegativa o representativa. A lo largo del Gobierno de la Revolución Ciudadana se efectuaron varias consultas populares, desde la autorización para convocar a la Asamblea Constituyente, luego la aprobación de la nueva Constitución hasta la consulta de mayo de 2011. Las enmiendas constitucionales de diciembre de 2015 fueron tramitadas por la Asamblea Nacional, previas a la admisión de constitucionalidad dada por la Corte Constitucional. La oposición al Gobierno de Rafael Correa, sistemáticamente se mostró en contra de toda consulta popular, solo se acordó de ella cuando las enmiendas constitucionales se dieron por la vía parlamentaria. Desde entonces viene insistiendo en la necesidad de efectuar una Consulta Popular que contenga al menos 3 preguntas: la reelección indefinida, la ‘eliminación’ de la Comisión de Participación Ciudadana y Control Social y la cesación de funciones de todos los servidores públicos designados a través de la CPCyCS. Respecto al debate que se ha abierto en torno al tema, caben algunas puntualizaciones. 1) Consultar a los ciudadanos sobre los temas fundamentales del país siempre es bienvenido, siempre y cuando se respete el marco jurídico y constitucional 2) Mucho más trascendental que las respuestas son la preguntas; de manera que las interrogantes deben ser formuladas en el ambiente más democrático posible y tienen que apuntar a los problemas -y soluciones- más relevantes de la ciudadanía. Definitivamente, quien pregunta tiene el poder, no quien responde, 3) Si bien algunos de los temas relacionados con la estructura del Estado son importantísimos, al pueblo le interesa mucho más la construcción colectiva de alternativas de solución a los problemas cotidianos que tienen que ver con salud, educación, seguridad, trabajo y empleo. En este sentido, al pueblo más que mandarles a casa a un grupo de servidores, les interesa saber cómo asegurar los medios de vida digna, con trabajo decente, salud y educación de calidad y seguros, 4) Sobre el carácter de la consulta y su alcance, la misma debe guarda estricta concordancia con el marco constitucional, en los términos establecidos en los artículos 441, 442, 443 y 444. Este bloque constitucional (Capítulo tercero) debe ser obligatoriamente observado. Al tenor de este bloque está claro el procedimiento y a vía a seguir. Está claro cuándo corresponde a una reforma y cuando a una enmienda y el respectivo procedimiento. Esperemos que la ‘clase política’ actúe con serenidad. Que se tome el tema con absoluta seriedad, que las vísperas no intervengan en las decisiones. Plantear una nueva Constituyente me parece innecesario desde la perspectiva de los intereses mayoritarios. No conduce a la solución de las humanas carencias sociales la instalación de una Constituyente. Si tenemos una buena Constitución, de ‘las mejores’ no veo por qué y para qué discutir otra. Lo que sí cabe son los ajustes (reformas o enmiendas que mejores la carta fundamental) en función del mejoramiento de la calidad de vida de todos los ecuatorianos.
Al escribir estas notas, el presidente Moreno aún no ha remitido su propuesta, seguramente lo hará en los próximos días. Además, es su oportunidad, aprovechando la inmensa aprobación popular con la que cuenta. El enorme caudal político con el que cuenta debe destinarlo a la solución colectiva de tanto y agudo problema social. Acabar d raíz con la pobreza debe ser la preocupación principal. Estoy seguro que así será. (O)

La consulta popular fortalece la democracia

La mejor democracia es la democracia directa, aquella en la que los ciudadanos deciden. Supera con creces a la democracia indirecta, delegativa o representativa. A lo largo del Gobierno de la Revolución Ciudadana se efectuaron varias consultas populares, desde la autorización para convocar a la Asamblea Constituyente, luego la aprobación de la nueva Constitución hasta la consulta de mayo de 2011. Las enmiendas constitucionales de diciembre de 2015 fueron tramitadas por la Asamblea Nacional, previas a la admisión de constitucionalidad dada por la Corte Constitucional. La oposición al Gobierno de Rafael Correa, sistemáticamente se mostró en contra de toda consulta popular, solo se acordó de ella cuando las enmiendas constitucionales se dieron por la vía parlamentaria. Desde entonces viene insistiendo en la necesidad de efectuar una Consulta Popular que contenga al menos 3 preguntas: la reelección indefinida, la ‘eliminación’ de la Comisión de Participación Ciudadana y Control Social y la cesación de funciones de todos los servidores públicos designados a través de la CPCyCS. Respecto al debate que se ha abierto en torno al tema, caben algunas puntualizaciones. 1) Consultar a los ciudadanos sobre los temas fundamentales del país siempre es bienvenido, siempre y cuando se respete el marco jurídico y constitucional 2) Mucho más trascendental que las respuestas son la preguntas; de manera que las interrogantes deben ser formuladas en el ambiente más democrático posible y tienen que apuntar a los problemas -y soluciones- más relevantes de la ciudadanía. Definitivamente, quien pregunta tiene el poder, no quien responde, 3) Si bien algunos de los temas relacionados con la estructura del Estado son importantísimos, al pueblo le interesa mucho más la construcción colectiva de alternativas de solución a los problemas cotidianos que tienen que ver con salud, educación, seguridad, trabajo y empleo. En este sentido, al pueblo más que mandarles a casa a un grupo de servidores, les interesa saber cómo asegurar los medios de vida digna, con trabajo decente, salud y educación de calidad y seguros, 4) Sobre el carácter de la consulta y su alcance, la misma debe guarda estricta concordancia con el marco constitucional, en los términos establecidos en los artículos 441, 442, 443 y 444. Este bloque constitucional (Capítulo tercero) debe ser obligatoriamente observado. Al tenor de este bloque está claro el procedimiento y a vía a seguir. Está claro cuándo corresponde a una reforma y cuando a una enmienda y el respectivo procedimiento. Esperemos que la ‘clase política’ actúe con serenidad. Que se tome el tema con absoluta seriedad, que las vísperas no intervengan en las decisiones. Plantear una nueva Constituyente me parece innecesario desde la perspectiva de los intereses mayoritarios. No conduce a la solución de las humanas carencias sociales la instalación de una Constituyente. Si tenemos una buena Constitución, de ‘las mejores’ no veo por qué y para qué discutir otra. Lo que sí cabe son los ajustes (reformas o enmiendas que mejores la carta fundamental) en función del mejoramiento de la calidad de vida de todos los ecuatorianos.
Al escribir estas notas, el presidente Moreno aún no ha remitido su propuesta, seguramente lo hará en los próximos días. Además, es su oportunidad, aprovechando la inmensa aprobación popular con la que cuenta. El enorme caudal político con el que cuenta debe destinarlo a la solución colectiva de tanto y agudo problema social. Acabar d raíz con la pobreza debe ser la preocupación principal. Estoy seguro que así será. (O)