La Consulta Popular

Al escribir estas notas, aún el presidente Moreno no anuncia el contenido de las preguntas de la Consulta Popular que se convocaría, probablemente, para las primeras semanas del 2018. Quisiera plantear algunas reflexiones en torno a la Consulta Popular. En primer lugar, dos parecen ser los objetivos centrales que animan la convocatoria: 1) la legitimación del presidente Moreno –que triunfó apretadamente sobre el candidato perdedor-, y 2) intentar la muerte política del expresidente Rafael Correa, al menos respecto a una nueva elección presidencial. Sobre el primer objetivo, considerando que Lenín Moreno goza de una altísima popularidad, los resultados previsibles de la Consulta conferirían un voto de confianza al presidente Moreno. Con esa base política fuerte, por supuesto, que se allanaría el camino para mejorar el escenario de gobernabilidad. El segundo objetivo, que es aquel que no deja dormir a la oposición de la extrema izquierda y de las derechas, no se conseguiría. Cualquiera que sea el resultado de la eventual pregunta relacionada con la reelección indefinida, obviamente, no tendría efecto retroactivo; de manera que Rafael Correa podría ser candidato a la Presidencia de la República en las próximas elecciones.
Seguramente, muchas de las preguntas de la Consulta girarían alrededor de las enmiendas constitucionales aprobadas por la Asamblea Nacional en diciembre de 2015. Estos temas tienen que ver, entre otras cuestiones: con el carácter de la comunicación, el alcance de la auditoría de la Contraloría, el papel de las Fuerzas Armadas, la contratación colectiva para los trabajadores del sector público, la reelección indefinida. Es altamente probable que se formule una sola pregunta que abarque todas las enmiendas constitucionales de diciembre de 2015.
Siempre he sostenido que la consulta popular es un instrumento democrático directo. Su eficacia depende del tipo de preguntas y, desde luego, de quién las formule. El verdadero poder  radica en la pregunta antes que en las respuestas. El pueblo, a partir de entender y vivir en carne propia sus carencias, aspiraciones y necesidades, sabe lo que debe preguntar para construir colectivamente el futuro social. Consecuentemente, el contenido de la Consulta debe nacer de aquello que suelen llamar el ‘’Ecuador Profundo”. El pueblo, pueblo, claro que está interesado en los temas políticos, de la estructura del Estado; pero también está interesado, y mucho, en resolver sus problemas cotidianos. Le importa resolver su problema existencial fundamental respecto a la seguridad de vivir en una sociedad que le garantice un trabajo digno, de contar con salud y educación accesibles, de calidad y universales. La Consulta Popular,  por lo tanto, obligatoriamente, debe incorporar entre las preguntas contenidos de carácter económico y social. Como queda dicho al iniciar este artículo de opinión –escrito antes del anuncio del Sr. Presidente de la República, pienso que la Consulta se orientará, sobre todo, a mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos, con más altos estándares democráticos. (O)

La Consulta Popular

Al escribir estas notas, aún el presidente Moreno no anuncia el contenido de las preguntas de la Consulta Popular que se convocaría, probablemente, para las primeras semanas del 2018. Quisiera plantear algunas reflexiones en torno a la Consulta Popular. En primer lugar, dos parecen ser los objetivos centrales que animan la convocatoria: 1) la legitimación del presidente Moreno –que triunfó apretadamente sobre el candidato perdedor-, y 2) intentar la muerte política del expresidente Rafael Correa, al menos respecto a una nueva elección presidencial. Sobre el primer objetivo, considerando que Lenín Moreno goza de una altísima popularidad, los resultados previsibles de la Consulta conferirían un voto de confianza al presidente Moreno. Con esa base política fuerte, por supuesto, que se allanaría el camino para mejorar el escenario de gobernabilidad. El segundo objetivo, que es aquel que no deja dormir a la oposición de la extrema izquierda y de las derechas, no se conseguiría. Cualquiera que sea el resultado de la eventual pregunta relacionada con la reelección indefinida, obviamente, no tendría efecto retroactivo; de manera que Rafael Correa podría ser candidato a la Presidencia de la República en las próximas elecciones.
Seguramente, muchas de las preguntas de la Consulta girarían alrededor de las enmiendas constitucionales aprobadas por la Asamblea Nacional en diciembre de 2015. Estos temas tienen que ver, entre otras cuestiones: con el carácter de la comunicación, el alcance de la auditoría de la Contraloría, el papel de las Fuerzas Armadas, la contratación colectiva para los trabajadores del sector público, la reelección indefinida. Es altamente probable que se formule una sola pregunta que abarque todas las enmiendas constitucionales de diciembre de 2015.
Siempre he sostenido que la consulta popular es un instrumento democrático directo. Su eficacia depende del tipo de preguntas y, desde luego, de quién las formule. El verdadero poder  radica en la pregunta antes que en las respuestas. El pueblo, a partir de entender y vivir en carne propia sus carencias, aspiraciones y necesidades, sabe lo que debe preguntar para construir colectivamente el futuro social. Consecuentemente, el contenido de la Consulta debe nacer de aquello que suelen llamar el ‘’Ecuador Profundo”. El pueblo, pueblo, claro que está interesado en los temas políticos, de la estructura del Estado; pero también está interesado, y mucho, en resolver sus problemas cotidianos. Le importa resolver su problema existencial fundamental respecto a la seguridad de vivir en una sociedad que le garantice un trabajo digno, de contar con salud y educación accesibles, de calidad y universales. La Consulta Popular,  por lo tanto, obligatoriamente, debe incorporar entre las preguntas contenidos de carácter económico y social. Como queda dicho al iniciar este artículo de opinión –escrito antes del anuncio del Sr. Presidente de la República, pienso que la Consulta se orientará, sobre todo, a mejorar la calidad de vida de los ecuatorianos, con más altos estándares democráticos. (O)