La ciudad

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Lo último de Carlos Jaramillo Medina

Efraín Jara Idrovo describe a Cuenca encerrada en una compacta sortija de montañas como marco natural de la ciudad. Dondequiera que se anida la mirada, las montañas salen al encuentro, nítidas a pesar de la lejanía, solemnes en su grandiosidad austera. Para resaltar esa imagen telúrica, el azul nítido del cielo se ha adherido a sus cimas como una inmensa telaraña cósmica. Ese cinturón de collados ocres, además, se ha desollado por la garra de la erosión, dulcificado la orografía y ha dado al valle un aspecto agradable, manso y tranquilo.
Cuatro ríos fluyen por la ciudad y han impregnado el carácter de singularidad del ser y del quehacer del cuencano. El ciudadano y el entorno natural, de igual manera que las líneas de la mano, han marcado la unidad ontológica entre hombre y paisaje. Porque el cuencano no vive en el paisaje, sino que vive el paisaje, como lo hace el gusano en el caracol.
Se completa el escenario natural de la ciudad heredada con los distintos paisajes culturales que rodean la urbe. La mayoría pobres, erosionados y yermos, debido a la persistencia necia del huracán histórico de la emigración.
La ciudad ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas: la aborigen cañari e inca; colonial renacentista que trazó la ciudad reticular; cosmopolita premoderna de influencia francesa; moderna con la introducción del estilo internacional; y, la contemporánea con sus tentáculos homogeneizadores. Las 5 culturas han tejido tres ciudades con sus características propias, pero guardando un mismo sentido de unidad: la ciudad primigenia correspondiente al Centro Histórico, la “ciudad jardín” moderna y la ciudad periférica. Este es el ámbito natural, histórico y cultural sobre el cual debemos imaginarnos la ciudad del futuro. (O)
Cuenca ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas.

La ciudad

Efraín Jara Idrovo describe a Cuenca encerrada en una compacta sortija de montañas como marco natural de la ciudad. Dondequiera que se anida la mirada, las montañas salen al encuentro, nítidas a pesar de la lejanía, solemnes en su grandiosidad austera. Para resaltar esa imagen telúrica, el azul nítido del cielo se ha adherido a sus cimas como una inmensa telaraña cósmica. Ese cinturón de collados ocres, además, se ha desollado por la garra de la erosión, dulcificado la orografía y ha dado al valle un aspecto agradable, manso y tranquilo.
Cuatro ríos fluyen por la ciudad y han impregnado el carácter de singularidad del ser y del quehacer del cuencano. El ciudadano y el entorno natural, de igual manera que las líneas de la mano, han marcado la unidad ontológica entre hombre y paisaje. Porque el cuencano no vive en el paisaje, sino que vive el paisaje, como lo hace el gusano en el caracol.
Se completa el escenario natural de la ciudad heredada con los distintos paisajes culturales que rodean la urbe. La mayoría pobres, erosionados y yermos, debido a la persistencia necia del huracán histórico de la emigración.
La ciudad ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas: la aborigen cañari e inca; colonial renacentista que trazó la ciudad reticular; cosmopolita premoderna de influencia francesa; moderna con la introducción del estilo internacional; y, la contemporánea con sus tentáculos homogeneizadores. Las 5 culturas han tejido tres ciudades con sus características propias, pero guardando un mismo sentido de unidad: la ciudad primigenia correspondiente al Centro Histórico, la “ciudad jardín” moderna y la ciudad periférica. Este es el ámbito natural, histórico y cultural sobre el cual debemos imaginarnos la ciudad del futuro. (O)
Cuenca ha sido el lugar del mestizaje todavía inacabado de varias culturas urbano arquitectónicas.

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