La caja fuerte

“El silencio es oro” así lo reza sabiamente un adagio antiguo, pero siempre debe haber un equilibrio entre el silencio y las palabras. Las personas tenemos una caja fuerte dentro de nuestra alma, con una clave que solo nuestro cerebro lo maneja; en ella, desde hace tiempo, guardamos muchos sentimientos y frustra-ciones que tal vez las arrastramos desde nuestra infancia; nuestros padres nos enseñaron a callar lo que se consideraba pecado, a los varones a guardar sus lágrimas por ser hombres, a las jóvenes a callar sentimientos hacia un muchacho porque eso sería algo indecoroso o tal vez la burla del mismo y tantos hechos que más bien pensamos que es mejor no decirlos. ¿A quién le puede importar lo que nos pasa? Sin darnos cuenta de que elucubramos los pensamientos de otras personas, que si nos atre-vemos a hablar seamos ob-jeto de lástima, crítica o tal vez a nadie interesa, si ten-go una idea brillante y no se nos hace caso... Si sé de algo grave que está sucediendo y puedo colaborar. Mejor guardo celosamente esa llave de mi caja fuerte, así viviremos sin necesidad de recibir un desaire o compli-carnos la vida. Creemos que la sinceridad apeora las cosas y aprendemos a ca-llar, no queremos hacer rui-do en nuestras vidas, si su-fres es por ti, tú puedes ha-cer de tu mente un infierno o un paraíso de conviven-cia. No somos capaces muchas de las veces de soltar una pequeña lagrima que pueda ser la delatora de algo inmenso que nos atormenta y nos hace vivir en soledad que da más soledad al alma, al cuerpo y hasta las cosas que nos rodean se vuelven solas, algo muy adentro nos acompaña, nos grita a que nos expresemos, que abramos esa caja algo bueno puede suceder. Las personas de éxito son las más expresivas. Pedir perdón es más loable que recibir perdón, preguntar, aclarar lo que nuestra mente puede tergiversar no nos hace mal, al contrario nos aclara relaciones interpersonales, nos descarga energías; es bueno tener a ese alguien en el que podamos confiar. Muchas veces ideamos “si nadie me escucha”… “a quién le puede importar”, pero también reflexionemos si al hablar algo bueno puede ocurrir, hagamos caso al yo interno que nos grita dar el paso de fe. Los sentimientos, sospechas e ideas de alguna ma-nera deben fluir, no ser almacenados pues se convertirán en frustraciones o remordimientos, nadie puede adivinar nuestros pensamientos, tal vez nuestra madre puede presentir si algo nos esta pasando, debemos escuchar esa voz interior que nos pide gritar. //Por ti mi Cris//. (O)
Si algo nos está pasando debemos escuchar esa voz interior... El silencio es una llama intensa que arde sin luz y nadie puede ver.

La caja fuerte

“El silencio es oro” así lo reza sabiamente un adagio antiguo, pero siempre debe haber un equilibrio entre el silencio y las palabras. Las personas tenemos una caja fuerte dentro de nuestra alma, con una clave que solo nuestro cerebro lo maneja; en ella, desde hace tiempo, guardamos muchos sentimientos y frustra-ciones que tal vez las arrastramos desde nuestra infancia; nuestros padres nos enseñaron a callar lo que se consideraba pecado, a los varones a guardar sus lágrimas por ser hombres, a las jóvenes a callar sentimientos hacia un muchacho porque eso sería algo indecoroso o tal vez la burla del mismo y tantos hechos que más bien pensamos que es mejor no decirlos. ¿A quién le puede importar lo que nos pasa? Sin darnos cuenta de que elucubramos los pensamientos de otras personas, que si nos atre-vemos a hablar seamos ob-jeto de lástima, crítica o tal vez a nadie interesa, si ten-go una idea brillante y no se nos hace caso... Si sé de algo grave que está sucediendo y puedo colaborar. Mejor guardo celosamente esa llave de mi caja fuerte, así viviremos sin necesidad de recibir un desaire o compli-carnos la vida. Creemos que la sinceridad apeora las cosas y aprendemos a ca-llar, no queremos hacer rui-do en nuestras vidas, si su-fres es por ti, tú puedes ha-cer de tu mente un infierno o un paraíso de conviven-cia. No somos capaces muchas de las veces de soltar una pequeña lagrima que pueda ser la delatora de algo inmenso que nos atormenta y nos hace vivir en soledad que da más soledad al alma, al cuerpo y hasta las cosas que nos rodean se vuelven solas, algo muy adentro nos acompaña, nos grita a que nos expresemos, que abramos esa caja algo bueno puede suceder. Las personas de éxito son las más expresivas. Pedir perdón es más loable que recibir perdón, preguntar, aclarar lo que nuestra mente puede tergiversar no nos hace mal, al contrario nos aclara relaciones interpersonales, nos descarga energías; es bueno tener a ese alguien en el que podamos confiar. Muchas veces ideamos “si nadie me escucha”… “a quién le puede importar”, pero también reflexionemos si al hablar algo bueno puede ocurrir, hagamos caso al yo interno que nos grita dar el paso de fe. Los sentimientos, sospechas e ideas de alguna ma-nera deben fluir, no ser almacenados pues se convertirán en frustraciones o remordimientos, nadie puede adivinar nuestros pensamientos, tal vez nuestra madre puede presentir si algo nos esta pasando, debemos escuchar esa voz interior que nos pide gritar. //Por ti mi Cris//. (O)
Si algo nos está pasando debemos escuchar esa voz interior... El silencio es una llama intensa que arde sin luz y nadie puede ver.