La Bienal de Cuenca

La constante evolución que ha tenido, desde 1988 hasta la fecha, el que, sin duda, es el evento y hecho artístico y cultural de mayor proyección internacional del Ecuador, aparte de las declaratorias patrimoniales de la UNESCO, debería, a estas alturas, dejar fuera de toda incertidumbre su realización cada dos años. Y sin embargo, su directiva encabezada por el poeta y crítico de arte Cristóbal Zapata ha lanzado públicamente la alerta, o alarma, ante la falta de financiamiento por parte de la entidad rectora de la cultura nacional, el Ministerio de Cultura y Patrimonio, lo cual pone en riesgo su décimo cuarta edición. Puedo no estar de acuerdo, en lo personal, con la estrategia elegida para exponer y manejar este delicado asunto, porque la denuncia pública de la situación supone el rompimiento de puentes y vías de diálogo, es decir de la gestión política, que es lo que corresponde a las autoridades desde las dos orillas en el ámbito de sus atribuciones. La denuncia pública busca alcanzar el objetivo, que es contar con suficiente financiamiento institucional, a través de la presión social. Y a nadie le gusta hacer las cosas bajo presión. Es lógico. Sin embargo comprendo plenamente, a su vez, la motivación ante la proximidad de una fecha que requiere desembolsos y acciones inmediatas y no promesas o justificaciones. Por tal motivo es necesario asumir el respaldo total a la Bienal de Cuenca desde distintas perspectivas. Primero como cuencano, al margen de cualquier chauvinismo, porque se trata de un emprendimiento que ha implicado a distintas generaciones de destacados intelectuales y artistas de la ciudad quienes, desde diversas corrientes, han contribuido a la consolidación de un evento que forma parte de la personalidad de Cuenca, tanto como el Pase del Niño Viajero, por ejemplo. En segundo lugar, porque la gente de cultura debemos apoyar, sin ninguna duda, toda acción que permita el fortalecimiento de la Bienal, ya que la sola idea de su desaparición nos empobrece espiritualmente en un contexto, además, absorbido por discusiones enormemente desgastantes y desesperanzadoras. Si las crisis representan oportunidades, como dicen algunos, la actual debería ser aprovechada para ir más allá de la presente edición y encontrar, de una buena vez, la solución legal e institucional que permita garantizar la ejecución de este importantísimo evento en el mediano y largo plazo para, ojalá, decir con certeza algún día: larga vida a la Bienal. (O)
... se trata de un evento que forma parte de la personalidad de Cuenca, tanto como el Pase del Niño Viajero, por ejemplo...

La Bienal de Cuenca

La constante evolución que ha tenido, desde 1988 hasta la fecha, el que, sin duda, es el evento y hecho artístico y cultural de mayor proyección internacional del Ecuador, aparte de las declaratorias patrimoniales de la UNESCO, debería, a estas alturas, dejar fuera de toda incertidumbre su realización cada dos años. Y sin embargo, su directiva encabezada por el poeta y crítico de arte Cristóbal Zapata ha lanzado públicamente la alerta, o alarma, ante la falta de financiamiento por parte de la entidad rectora de la cultura nacional, el Ministerio de Cultura y Patrimonio, lo cual pone en riesgo su décimo cuarta edición. Puedo no estar de acuerdo, en lo personal, con la estrategia elegida para exponer y manejar este delicado asunto, porque la denuncia pública de la situación supone el rompimiento de puentes y vías de diálogo, es decir de la gestión política, que es lo que corresponde a las autoridades desde las dos orillas en el ámbito de sus atribuciones. La denuncia pública busca alcanzar el objetivo, que es contar con suficiente financiamiento institucional, a través de la presión social. Y a nadie le gusta hacer las cosas bajo presión. Es lógico. Sin embargo comprendo plenamente, a su vez, la motivación ante la proximidad de una fecha que requiere desembolsos y acciones inmediatas y no promesas o justificaciones. Por tal motivo es necesario asumir el respaldo total a la Bienal de Cuenca desde distintas perspectivas. Primero como cuencano, al margen de cualquier chauvinismo, porque se trata de un emprendimiento que ha implicado a distintas generaciones de destacados intelectuales y artistas de la ciudad quienes, desde diversas corrientes, han contribuido a la consolidación de un evento que forma parte de la personalidad de Cuenca, tanto como el Pase del Niño Viajero, por ejemplo. En segundo lugar, porque la gente de cultura debemos apoyar, sin ninguna duda, toda acción que permita el fortalecimiento de la Bienal, ya que la sola idea de su desaparición nos empobrece espiritualmente en un contexto, además, absorbido por discusiones enormemente desgastantes y desesperanzadoras. Si las crisis representan oportunidades, como dicen algunos, la actual debería ser aprovechada para ir más allá de la presente edición y encontrar, de una buena vez, la solución legal e institucional que permita garantizar la ejecución de este importantísimo evento en el mediano y largo plazo para, ojalá, decir con certeza algún día: larga vida a la Bienal. (O)
... se trata de un evento que forma parte de la personalidad de Cuenca, tanto como el Pase del Niño Viajero, por ejemplo...