Katty y Oscar

Visto

No debemos hacer silencio los ecuatorianos, o mirar para otro lado, sino recordar con dolor, vergüenza y tristeza a la joven pareja secuestrada, sacrificada en el marco de un conflicto que, los últimos meses, ha golpeado familias nacionales con una intensidad inusitada. Tampoco podemos banalizar episodios traumáticos como este a través de mensajes que, por repetidos, tienden a normalizarlos hasta tornarlos cotidianos. No solo porque los menores pueden imitar la violencia que observan en la televisión, redes y medios e identificarse con ciertos tipos, caracteres, víctimas o perpetradores; o pueden también, sencillamente, tornarse inmunes al horror de la violencia y, gradualmente, aceptarla como la manera de resolver problemas, sino, además, porque las razones profundas de este hecho nos recuerdan lo dicho por Arendt en torno a la “banalidad del mal.”


Para acuñar ese concepto, la filósofa alemana decía que cualquier persona mentalmente sana puede llevar a cabo los más horrendos crímenes cuando pertenece a un sistema criminal. Así utilizó como ejemplo el caso del criminal nazi Eichman quien, según Arendt, actuó como actuó simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y que sus actos fueron resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias y aquellos individuos que actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen, sin reflexionar sobre sus actos, no se preocupan por las consecuencias de los mismos sino únicamente por el cumplimiento de las órdenes que reciben. Así, los mayores horrores, los más terribles sufrimientos pueden ser causados por personas superficiales y mediocres, en nombre de razones estúpidas, de ideas de quinta fila, o ni siquiera eso, por obediencia, por inercia, por moda, por el qué dirán, como ha subrayado, también, el escritor español Antonio Muñoz Molina.


San Lorenzo y la provincia de Esmeraldas requieren acciones y atención integral permanente. No se trata de salir a reprimir y listo, problema resuelto. Si no se construyen verdaderas opciones de vida y desarrollo personal para muchos habitantes de aquella porosa zona de frontera, seguirá siendo una opción dedicarse a tareas violentas porque el sistema que lo permite está a la mano y porque no se necesita ser un monstruo para banalizar el mal.
La semana pasada despedimos a Paul, Javier y Efraín. Hoy dedico esta columna a Katty y Oscar. In memorian.

Frase:
Los mayores horrores, los más terribles sufrimientos pueden ser causados por personas superficiales y mediocres, en nombre de razones estúpidas, de ideas de quinta fila.

Katty y Oscar

No debemos hacer silencio los ecuatorianos, o mirar para otro lado, sino recordar con dolor, vergüenza y tristeza a la joven pareja secuestrada, sacrificada en el marco de un conflicto que, los últimos meses, ha golpeado familias nacionales con una intensidad inusitada. Tampoco podemos banalizar episodios traumáticos como este a través de mensajes que, por repetidos, tienden a normalizarlos hasta tornarlos cotidianos. No solo porque los menores pueden imitar la violencia que observan en la televisión, redes y medios e identificarse con ciertos tipos, caracteres, víctimas o perpetradores; o pueden también, sencillamente, tornarse inmunes al horror de la violencia y, gradualmente, aceptarla como la manera de resolver problemas, sino, además, porque las razones profundas de este hecho nos recuerdan lo dicho por Arendt en torno a la “banalidad del mal.”


Para acuñar ese concepto, la filósofa alemana decía que cualquier persona mentalmente sana puede llevar a cabo los más horrendos crímenes cuando pertenece a un sistema criminal. Así utilizó como ejemplo el caso del criminal nazi Eichman quien, según Arendt, actuó como actuó simplemente por deseo de ascender en su carrera profesional y que sus actos fueron resultado del cumplimiento de órdenes de superiores. Era un simple burócrata que cumplía órdenes sin reflexionar sobre sus consecuencias y aquellos individuos que actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen, sin reflexionar sobre sus actos, no se preocupan por las consecuencias de los mismos sino únicamente por el cumplimiento de las órdenes que reciben. Así, los mayores horrores, los más terribles sufrimientos pueden ser causados por personas superficiales y mediocres, en nombre de razones estúpidas, de ideas de quinta fila, o ni siquiera eso, por obediencia, por inercia, por moda, por el qué dirán, como ha subrayado, también, el escritor español Antonio Muñoz Molina.


San Lorenzo y la provincia de Esmeraldas requieren acciones y atención integral permanente. No se trata de salir a reprimir y listo, problema resuelto. Si no se construyen verdaderas opciones de vida y desarrollo personal para muchos habitantes de aquella porosa zona de frontera, seguirá siendo una opción dedicarse a tareas violentas porque el sistema que lo permite está a la mano y porque no se necesita ser un monstruo para banalizar el mal.
La semana pasada despedimos a Paul, Javier y Efraín. Hoy dedico esta columna a Katty y Oscar. In memorian.

Frase:
Los mayores horrores, los más terribles sufrimientos pueden ser causados por personas superficiales y mediocres, en nombre de razones estúpidas, de ideas de quinta fila.

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