Justicia popular

¡Qué encrucijada! la que vivimos el domingo 24 de marzo, a pesar de tanto candidato, la gente se preguntaba ¿por quién votar? y seguramente la decisión la tomó al pie de la urna, en soledad, frente a la papeleta como una suerte de aventura sin retorno.
Estos dos últimos años han estado marcados por cambios controversiales y de una constante campaña para eliminar todo vestigio del llamado correísmo. En consecuencia, las elecciones significaron lo menos esperado: Fracaso absoluto de las empresas de estudios, datos y encuestas. El correísmo está golpeado, fragmentado pero activo y vigente. Nada del esperado abrumador triunfo del voto nulo - en el caso del CPCCS - a pesar de la campaña de quienes disfrutan de sus delicias. Rechazo total a la vieja y corrupta clase política y el advenimiento de los “outsiders”.
Sin embargo, estando como estamos, marcados por la profunda crisis del capitalismo a nivel mundial, aún a nivel seccional o local, solamente significará la expresión de la búsqueda de alguna que otra “alternativa viable” al capitalismo.
La descomposición de la sociedad en el Ecuador avanza rápidamente. Asistimos a la profundización de la crisis social evidenciada en la realidad de las calles, los despidos laborales en el sector público y la aplicación de las medidas económicas de ajuste estructural exigidas por el Fondo Monetario Internacional.
Muchas de las instituciones que apuntalan el sistema neoliberal–populista tienen las peores calificaciones de los últimos años, según múltiples y diversos sondeos de opinión. Y a eso hay que sumarle, que el triunfo del populismo y los movimientos populista-demagógicos de uno y otro signo, en auge en Europa y Estados Unidos, desde el 2015 en adelante, han incidido fuertemente en América Latina.
Los comicios electorales que se han desarrollado en este continente, más allá de las especificidades propias de cada país, muestran y confirman ese reflujo, del que para nada estamos exentos.
A esto hay que sumarle, todo un escenario de campaña sucia y negativa, desatada y promovida por algunos candidatos y candidatas, que hicieron de sus propuestas una ambulante pedagogía de mentiras, montajes y alguna que otra vulgaridad, dentro de las llamadas estrategias políticas de la comunicación.
Los comicios electorales sirvieron para hacer “justicia popular”, la de enterrar a los muertos vivientes y dejar sin opciones, a los ya canonizados candidatos para las próximas elecciones presidenciales. (O)
Las elecciones significaron una reconfigura-ción de las tendencias y fuerzas políticas y el surgimiento de los outsiders.

Justicia popular

¡Qué encrucijada! la que vivimos el domingo 24 de marzo, a pesar de tanto candidato, la gente se preguntaba ¿por quién votar? y seguramente la decisión la tomó al pie de la urna, en soledad, frente a la papeleta como una suerte de aventura sin retorno.
Estos dos últimos años han estado marcados por cambios controversiales y de una constante campaña para eliminar todo vestigio del llamado correísmo. En consecuencia, las elecciones significaron lo menos esperado: Fracaso absoluto de las empresas de estudios, datos y encuestas. El correísmo está golpeado, fragmentado pero activo y vigente. Nada del esperado abrumador triunfo del voto nulo - en el caso del CPCCS - a pesar de la campaña de quienes disfrutan de sus delicias. Rechazo total a la vieja y corrupta clase política y el advenimiento de los “outsiders”.
Sin embargo, estando como estamos, marcados por la profunda crisis del capitalismo a nivel mundial, aún a nivel seccional o local, solamente significará la expresión de la búsqueda de alguna que otra “alternativa viable” al capitalismo.
La descomposición de la sociedad en el Ecuador avanza rápidamente. Asistimos a la profundización de la crisis social evidenciada en la realidad de las calles, los despidos laborales en el sector público y la aplicación de las medidas económicas de ajuste estructural exigidas por el Fondo Monetario Internacional.
Muchas de las instituciones que apuntalan el sistema neoliberal–populista tienen las peores calificaciones de los últimos años, según múltiples y diversos sondeos de opinión. Y a eso hay que sumarle, que el triunfo del populismo y los movimientos populista-demagógicos de uno y otro signo, en auge en Europa y Estados Unidos, desde el 2015 en adelante, han incidido fuertemente en América Latina.
Los comicios electorales que se han desarrollado en este continente, más allá de las especificidades propias de cada país, muestran y confirman ese reflujo, del que para nada estamos exentos.
A esto hay que sumarle, todo un escenario de campaña sucia y negativa, desatada y promovida por algunos candidatos y candidatas, que hicieron de sus propuestas una ambulante pedagogía de mentiras, montajes y alguna que otra vulgaridad, dentro de las llamadas estrategias políticas de la comunicación.
Los comicios electorales sirvieron para hacer “justicia popular”, la de enterrar a los muertos vivientes y dejar sin opciones, a los ya canonizados candidatos para las próximas elecciones presidenciales. (O)
Las elecciones significaron una reconfigura-ción de las tendencias y fuerzas políticas y el surgimiento de los outsiders.