Julian…

Lo cierto es que Julian Assange, creador del portal de Internet WikiLeaks, se refugió en la Embajada Ecuatoriana en Londres desde junio de 2012, para evitar una posible extradición a Suecia, para responder por supuestos delitos de abuso sexual.
También es cierto que el grupo de expertos conformado por la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas para analizar la detención de Assange en Londres, antes de su asilamiento en la Embajada Ecuatoriana declaraba, a través de su presidente Seong-Phil Hong: “El Grupo de trabajo sobre la detención arbitraria estima que las diversas formas de privación de libertad a las que Julian Assange ha sido sometido constituyen una modalidad de detención arbitraria (…) El Grupo de trabajo sostiene que debe ponerse fin a la detención arbitraria del Sr. Assange, que deben respetarse su integridad física y su libertad de movimiento, y que debe reconocerse su derecho jurídicamente exigible a percibir una indemnización…”
Aunque no menos cierto es que aquí de esto se ha dicho poco, muy poco, casi nada o básicamente nada, porque aquí la verdad se construye a medida por repetición mediática y no por demostración lógica… Assange fue asilado y su condición ha sido polémica desde un inicio, pero más allá de eso, más allá del análisis jurídico de su situación real, de la legalidad y legitimidad de su nacionalización, de la legalidad o legitimidad del retiro del asilo, más allá de la acciones, reacciones y repercusiones, más allá de lo que todo ello signifique y provoque, más allá de eso que está fuera de nuestro círculo de influencia y control… Lo cierto es que es triste, inaceptable y nefasto que queramos, con un estigma construido, levantar un velo de laissez faire (dejar hacer – dejar pasar) sobre el devenir del país en que vivimos y que moldeamos y construimos para heredar a quienes nos vienen detrás. Assange no es un símbolo de lucha entre borregos correistas y neoborregos “progresistas” del postcorreismo carente de memoria y referente. Assange es un símbolo de la necesaria irreverencia a un sistema que programa los contenidos de los paradigmas en que camina la libertad de pesamiento y expresión.  Lo cierto, triste y nefasto es que más allá de la limitada visión de la cólera de un puñado de rabiosos está la verdad, esa que tratamos de ocultar a gritos, con violencia disfrazada de opinión, de “verdades” construidas y enlatadas, insisto, por repetición mediática, esa que un día demandará a quienes la construyen, consumen y sostienen respuestas y responsabilidades. (O)
Triste, inaceptable y nefasto que queramos con un estigma construido levantar
un velo
de laissez
faire.

Julian…

Lo cierto es que Julian Assange, creador del portal de Internet WikiLeaks, se refugió en la Embajada Ecuatoriana en Londres desde junio de 2012, para evitar una posible extradición a Suecia, para responder por supuestos delitos de abuso sexual.
También es cierto que el grupo de expertos conformado por la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas para analizar la detención de Assange en Londres, antes de su asilamiento en la Embajada Ecuatoriana declaraba, a través de su presidente Seong-Phil Hong: “El Grupo de trabajo sobre la detención arbitraria estima que las diversas formas de privación de libertad a las que Julian Assange ha sido sometido constituyen una modalidad de detención arbitraria (…) El Grupo de trabajo sostiene que debe ponerse fin a la detención arbitraria del Sr. Assange, que deben respetarse su integridad física y su libertad de movimiento, y que debe reconocerse su derecho jurídicamente exigible a percibir una indemnización…”
Aunque no menos cierto es que aquí de esto se ha dicho poco, muy poco, casi nada o básicamente nada, porque aquí la verdad se construye a medida por repetición mediática y no por demostración lógica… Assange fue asilado y su condición ha sido polémica desde un inicio, pero más allá de eso, más allá del análisis jurídico de su situación real, de la legalidad y legitimidad de su nacionalización, de la legalidad o legitimidad del retiro del asilo, más allá de la acciones, reacciones y repercusiones, más allá de lo que todo ello signifique y provoque, más allá de eso que está fuera de nuestro círculo de influencia y control… Lo cierto es que es triste, inaceptable y nefasto que queramos, con un estigma construido, levantar un velo de laissez faire (dejar hacer – dejar pasar) sobre el devenir del país en que vivimos y que moldeamos y construimos para heredar a quienes nos vienen detrás. Assange no es un símbolo de lucha entre borregos correistas y neoborregos “progresistas” del postcorreismo carente de memoria y referente. Assange es un símbolo de la necesaria irreverencia a un sistema que programa los contenidos de los paradigmas en que camina la libertad de pesamiento y expresión.  Lo cierto, triste y nefasto es que más allá de la limitada visión de la cólera de un puñado de rabiosos está la verdad, esa que tratamos de ocultar a gritos, con violencia disfrazada de opinión, de “verdades” construidas y enlatadas, insisto, por repetición mediática, esa que un día demandará a quienes la construyen, consumen y sostienen respuestas y responsabilidades. (O)
Triste, inaceptable y nefasto que queramos con un estigma construido levantar
un velo
de laissez
faire.