Judicializar la política

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Hablar de estado de derecho es hablar de imperio de la ley. De acuerdo a esta concepción  toda política debe rendir homenaje al derecho. En otras palabras, el derecho nunca debe adecuarse a la política, sino todo lo contrario, la política debe estar adecuada al derecho.
Un derecho humano fundamental es la presunción de inocencia, como parte integrante del debido proceso. Todo ciudadano se presume inocente hasta que un juez lo haya declarado culpable. Cuando un ciudadano es acusado de un delito, tiene derecho a defenderse, a presentar pruebas de su inocencia, a controvertir las que se presenten en su contra y a impugnar su sentencia en caso de que sea condenatoria.
En un estado de derecho quien sea sindicado no es un culpable ni un condenado. Hay que recordarlo, porque se ha hecho corriente entre nosotros que cuando se abre una investigación, que no es una condena, es utilizada para señalar como culpable al contradictor político. Y la opinión, sin profundizar, cree que esa persona señalada es culpable y se la condena socialmente. La política dejó de ser el arte de convencer con argumentos, proyectos y propuestas, para judicializar los actos de los demás.
Sin embargo también se puede decir que en lugar de la politización de la justicia lo adecuado es judicializar la política, pues esto obliga a la ejecución ética del poder, exigiendo el estricto respeto a los principios constitucionales y la permanente rendición de cuentas bajo la obligatoriedad de ser requeridos y castigados si funcionarios públicos o ciudadanos en general hacen uso indebido de los recursos del Estado o se abusa de un poder temporal otorgado.
Desde esta perspectiva la judicialización de la política abre el camino de la transparencia y permite detectar los abusos de gran escala, y otros delitos cometidos desde el ejercicio del poder como en el caso de la corrupción pública, visible para unos, perceptible para otros, pero en algunos casos invisible e intocable para la ley
Si asumimos que la democracia es un sistema de gobierno que pretende hacer que la opinión de los ciudadanos al respecto de los temas que cada día les preocupan, sea representada y ejecutada de la manera más acorde a sus deseos y que todo en ella se organice o deba organizarse para conseguir eso, creo que estamos aún distantes de alcanzar dicho estado con plenitud. En la democracia la justicia es la columna vertebral del Estado de Derecho, si esta se encuentra enferma todo el sistema se contamina. (O)

Judicializar la política

Hablar de estado de derecho es hablar de imperio de la ley. De acuerdo a esta concepción  toda política debe rendir homenaje al derecho. En otras palabras, el derecho nunca debe adecuarse a la política, sino todo lo contrario, la política debe estar adecuada al derecho.
Un derecho humano fundamental es la presunción de inocencia, como parte integrante del debido proceso. Todo ciudadano se presume inocente hasta que un juez lo haya declarado culpable. Cuando un ciudadano es acusado de un delito, tiene derecho a defenderse, a presentar pruebas de su inocencia, a controvertir las que se presenten en su contra y a impugnar su sentencia en caso de que sea condenatoria.
En un estado de derecho quien sea sindicado no es un culpable ni un condenado. Hay que recordarlo, porque se ha hecho corriente entre nosotros que cuando se abre una investigación, que no es una condena, es utilizada para señalar como culpable al contradictor político. Y la opinión, sin profundizar, cree que esa persona señalada es culpable y se la condena socialmente. La política dejó de ser el arte de convencer con argumentos, proyectos y propuestas, para judicializar los actos de los demás.
Sin embargo también se puede decir que en lugar de la politización de la justicia lo adecuado es judicializar la política, pues esto obliga a la ejecución ética del poder, exigiendo el estricto respeto a los principios constitucionales y la permanente rendición de cuentas bajo la obligatoriedad de ser requeridos y castigados si funcionarios públicos o ciudadanos en general hacen uso indebido de los recursos del Estado o se abusa de un poder temporal otorgado.
Desde esta perspectiva la judicialización de la política abre el camino de la transparencia y permite detectar los abusos de gran escala, y otros delitos cometidos desde el ejercicio del poder como en el caso de la corrupción pública, visible para unos, perceptible para otros, pero en algunos casos invisible e intocable para la ley
Si asumimos que la democracia es un sistema de gobierno que pretende hacer que la opinión de los ciudadanos al respecto de los temas que cada día les preocupan, sea representada y ejecutada de la manera más acorde a sus deseos y que todo en ella se organice o deba organizarse para conseguir eso, creo que estamos aún distantes de alcanzar dicho estado con plenitud. En la democracia la justicia es la columna vertebral del Estado de Derecho, si esta se encuentra enferma todo el sistema se contamina. (O)

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