Juanita... ¡Responde!

Cuenca posee un Cementerio Patrimonial muy hermoso, lleno de historia, arte, simbolismo que nunca descuidaron las auto-ridades de turno. Se han incrementado nuevos espacios, jardi-nes, mausoleos, salas de velación, modernas oficinas para su adminis-tración, etc, e increíblemente, a igual que el otro Campo Santo parti-cular de esta ciudad, ¡no cuentan con una sala de emergencias! Lo mismo se puede decir de las Salas de Velaciones que brindan servicios exequiales.  Sabemos que allí se vivirán momentos de dolor intenso, cargados de emociones fuertes al dar el último adiós a los seres amados que nos acompañaron en vida y son esos momentos los  que también pueden traer a los deudos estados emocionales de sufrimiento tan intenso que pueden provocar la anulación de la conciencia con el desmayo consecuente y otros de mayor gravedad como lo es un paro cardiaco. Son instantes tensionantes de verdadera emergencia en donde los segundos de auxilio valen oro para la persona que lo sufre.
Juanita Ochoa , hija de un muy apreciado médico, jovencita con un futuro muy prometedor que al momento estaba a punto de culminar su Maestría en Gestión Ambiental en una Universidad de Chile, hoy interna en una clínica en la Unidad de Cuidados Intensivos y penosamente con muerte cerebral, es víctima de esta negligencia o falta de reparo de las instituciones encargadas de controlar el funcionamiento eficiente y servicios integrales de estos centros de enterramiento, pues ninguno de los dos Camposantos cuentan con una Unidad de emergencia implementada con lo más elemental para la atención urgente, peor con un equipo de reanimación, personal que trabaja en sus instalaciones que haya sido capacitado en primeros auxilios y lo que es más las conexiones inmediatas con el Ecu 911 y su servicio de ambulancias,  en el caso de Juanita llegó a los 40 minutos de haber sido llamada (muy criticable por cierto) perdiéndose espacios de tiempo valiosísimos en los que se pudo evitar este drama. Como ciudadana, sintiendo afinidad con el dolor de sus padres, hago una petición con el debido respeto a las autoridades municipales y de salud que extienden los permisos de funcionamiento, siempre pendientes de que se cumplan las ordenanzas emitidas para instituciones clínicas, farmacias, etc., tomen en cuenta que en estos lugares en donde es fácil la repetición de estos casos que se pueden evitar si se implementan salas de emergencias que salvarían vidas o secuelas en los que las sufren. Nuestra solidaridad a sus padres. (O)

Juanita... ¡Responde!

Cuenca posee un Cementerio Patrimonial muy hermoso, lleno de historia, arte, simbolismo que nunca descuidaron las auto-ridades de turno. Se han incrementado nuevos espacios, jardi-nes, mausoleos, salas de velación, modernas oficinas para su adminis-tración, etc, e increíblemente, a igual que el otro Campo Santo parti-cular de esta ciudad, ¡no cuentan con una sala de emergencias! Lo mismo se puede decir de las Salas de Velaciones que brindan servicios exequiales.  Sabemos que allí se vivirán momentos de dolor intenso, cargados de emociones fuertes al dar el último adiós a los seres amados que nos acompañaron en vida y son esos momentos los  que también pueden traer a los deudos estados emocionales de sufrimiento tan intenso que pueden provocar la anulación de la conciencia con el desmayo consecuente y otros de mayor gravedad como lo es un paro cardiaco. Son instantes tensionantes de verdadera emergencia en donde los segundos de auxilio valen oro para la persona que lo sufre.
Juanita Ochoa , hija de un muy apreciado médico, jovencita con un futuro muy prometedor que al momento estaba a punto de culminar su Maestría en Gestión Ambiental en una Universidad de Chile, hoy interna en una clínica en la Unidad de Cuidados Intensivos y penosamente con muerte cerebral, es víctima de esta negligencia o falta de reparo de las instituciones encargadas de controlar el funcionamiento eficiente y servicios integrales de estos centros de enterramiento, pues ninguno de los dos Camposantos cuentan con una Unidad de emergencia implementada con lo más elemental para la atención urgente, peor con un equipo de reanimación, personal que trabaja en sus instalaciones que haya sido capacitado en primeros auxilios y lo que es más las conexiones inmediatas con el Ecu 911 y su servicio de ambulancias,  en el caso de Juanita llegó a los 40 minutos de haber sido llamada (muy criticable por cierto) perdiéndose espacios de tiempo valiosísimos en los que se pudo evitar este drama. Como ciudadana, sintiendo afinidad con el dolor de sus padres, hago una petición con el debido respeto a las autoridades municipales y de salud que extienden los permisos de funcionamiento, siempre pendientes de que se cumplan las ordenanzas emitidas para instituciones clínicas, farmacias, etc., tomen en cuenta que en estos lugares en donde es fácil la repetición de estos casos que se pueden evitar si se implementan salas de emergencias que salvarían vidas o secuelas en los que las sufren. Nuestra solidaridad a sus padres. (O)