Jornada laboral

Había pasado la Primera Guerra Mundial y el británico Bertrand Russell se disponía a construir uno de sus sueños: fundar una escuela para niños en un ambiente distendido en el que no serían forzados a seguir un currículum estricto. Tal vez este ambiente le permitió ser especialmente productivo en esos años cuando escribe buena parte de sus ensayos y reflexiones. En 1938 publica su “Elogio de la ociosidad” donde critica el refrán: ‘la ociosidad es la madre de todos los vicios’. Russell observa que la fe ciega en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño y nos está alejando de la felicidad y la prosperidad como sociedad. Russell se dio cuenta que en la Primera Guerra Mundial, a pesar de que muchos británicos en edad de trabajar estaban dedicados a la guerra, el país pudo mantener un estilo de vida digno para su población. Como buen matemático, calculó que cuatro horas de trabajo diario sería suficiente para mantener a la sociedad con dignidad y sobriedad.
Casi a cien años de este texto, sus propuestas resultan más vigentes que nunca. Como sociedad en su conjunto somos cada vez más productivos, la tecnología cada vez va asumiendo más trabajo humano. Aun así, no es extraño trabajar largas jornadas laborales con la motivación de tomar unas vacaciones anuales, impidiendo el ocio cotidiano que, según el filósofo, aumentaría nuestra felicidad.
Varios países desarrollados están probando estrategias para disminuir el tiempo de trabajo, en algunos casos disminuyendo un día de trabajo a la semana, y en otros casos bajando la jornada laboral a siete o seis horas. Los primeros análisis luego de estas iniciativas dan cuenta de que la productividad no ha sufrido deterioro. Todavía quedan otras respuestas pendientes, principalmente aquellas relacionadas con la salud mental, pues se espera que estas medidas ayuden a combatir los preocupantes niveles de soledad y depresión que existen en esos países. Con más tiempo libre hay más posibilidades de interacción, sin embargo la ecuación no es tan simple. Otras condiciones como eventos y espacios públicos y privados que inviten al encuentro y el intercambio son igual de necesarios. Estas sociedades aspirarían acercarse a la situación de nuestros países en donde es común mantener una fuerte red de familia y amistades en donde, si nos concedieran tiempo libre, no tendríamos problema alguno en tener a alguien a nuestro lado para pasar el rato. (O)

Jornada laboral

Había pasado la Primera Guerra Mundial y el británico Bertrand Russell se disponía a construir uno de sus sueños: fundar una escuela para niños en un ambiente distendido en el que no serían forzados a seguir un currículum estricto. Tal vez este ambiente le permitió ser especialmente productivo en esos años cuando escribe buena parte de sus ensayos y reflexiones. En 1938 publica su “Elogio de la ociosidad” donde critica el refrán: ‘la ociosidad es la madre de todos los vicios’. Russell observa que la fe ciega en las virtudes del trabajo está haciendo mucho daño y nos está alejando de la felicidad y la prosperidad como sociedad. Russell se dio cuenta que en la Primera Guerra Mundial, a pesar de que muchos británicos en edad de trabajar estaban dedicados a la guerra, el país pudo mantener un estilo de vida digno para su población. Como buen matemático, calculó que cuatro horas de trabajo diario sería suficiente para mantener a la sociedad con dignidad y sobriedad.
Casi a cien años de este texto, sus propuestas resultan más vigentes que nunca. Como sociedad en su conjunto somos cada vez más productivos, la tecnología cada vez va asumiendo más trabajo humano. Aun así, no es extraño trabajar largas jornadas laborales con la motivación de tomar unas vacaciones anuales, impidiendo el ocio cotidiano que, según el filósofo, aumentaría nuestra felicidad.
Varios países desarrollados están probando estrategias para disminuir el tiempo de trabajo, en algunos casos disminuyendo un día de trabajo a la semana, y en otros casos bajando la jornada laboral a siete o seis horas. Los primeros análisis luego de estas iniciativas dan cuenta de que la productividad no ha sufrido deterioro. Todavía quedan otras respuestas pendientes, principalmente aquellas relacionadas con la salud mental, pues se espera que estas medidas ayuden a combatir los preocupantes niveles de soledad y depresión que existen en esos países. Con más tiempo libre hay más posibilidades de interacción, sin embargo la ecuación no es tan simple. Otras condiciones como eventos y espacios públicos y privados que inviten al encuentro y el intercambio son igual de necesarios. Estas sociedades aspirarían acercarse a la situación de nuestros países en donde es común mantener una fuerte red de familia y amistades en donde, si nos concedieran tiempo libre, no tendríamos problema alguno en tener a alguien a nuestro lado para pasar el rato. (O)