Jorge Prelorán

Visto

Cuando el cineasta Jorge Prelorán llegó a Ecuador, por el año 1980, se encontraba como suele decirse en la cresta de la ola. Acababa de ser nominado a un Oscar por el documental Luther Metke at 94, realizado en conjunto con Steve Raymen; desarrollaba con amplio éxito su profesorado en la escuela de cine de UCLA, y gozaba en general de un enorme prestigio alrededor del mundo por su obra documental. ¿Qué lo llevó a emprender aquel viaje? ¿Qué lo motivó a volar desde Los Ángeles a Quito? Fue la curiosidad la que abrió la puerta a una larga relación con el país, provocada tras la invitación del cineasta local Jaime Cuesta para presentar una muestra de su extensa obra documental ante la comunidad fílmica local. Quito era entonces una ciudad que veía crecer con entusiasmo la actividad cinematográfica, lo cual significaba, en gran medida, que se estaba aprendiendo en el camino.
Pero la ciudad, como tal, manifestaba no solo ese crecimiento sino, en general, el significativo impulso urbano que el boom petrolero había hecho posible, o mejor dicho, que el tiempo había tornado inaplazable, aunque entonces Quito todavía era un lugar amistosamente pueblerino. Se notaba el estirón, pero se trataba todavía de una ciudad apegada al ritmo que, durante muchas décadas, la élite agraria había impuesto sobre ella y el país. El petróleo llegó, de alguna manera fatal, para transformar Quito sin remedio. La ciudad poco a poco empezó a tomar su forma de larva actual, de gran molusco extendido sobre una planicie y ladera de Los Andes. El petróleo y los ochenta significaron una cosa fundamental: la inserción definitiva de Ecuador dentro de su perfil urbano. La trayectoria artística de Jorge Prelorán, por su parte, tuvo su origen en una América Latina que vio nacer el concepto de nuevo cine en los años sesenta y que se postuló alcanzar la dimensión de la patria grande. Prelorán, tímido por naturaleza, quiso registrar la ruralidad más alejada de su Argentina natal como una forma de oponer a la frialdad urbana la humanidad conmovedora de personajes pertenecientes a los pueblos nativos americanos convirtiéndose en una suerte de portavoz de sus realidades pues quiso ir mucho más allá de un romántico o trasnochado paternalismo. Armado con aquella actitud Prelorán rodó dos películas en Ecuador que hoy recordamos: Mi Tía Nora, drama urbano y Zulay frente al siglo XXI, documental etnográfico, dos obras claves en la breve historia del cine ecuatoriano. (O)

Jorge Prelorán rodó dos películas en Ecuador que hoy recordamos: Mi Tía Nora, drama urbano y Zulay frente al siglo XXI.

Jorge Prelorán

Cuando el cineasta Jorge Prelorán llegó a Ecuador, por el año 1980, se encontraba como suele decirse en la cresta de la ola. Acababa de ser nominado a un Oscar por el documental Luther Metke at 94, realizado en conjunto con Steve Raymen; desarrollaba con amplio éxito su profesorado en la escuela de cine de UCLA, y gozaba en general de un enorme prestigio alrededor del mundo por su obra documental. ¿Qué lo llevó a emprender aquel viaje? ¿Qué lo motivó a volar desde Los Ángeles a Quito? Fue la curiosidad la que abrió la puerta a una larga relación con el país, provocada tras la invitación del cineasta local Jaime Cuesta para presentar una muestra de su extensa obra documental ante la comunidad fílmica local. Quito era entonces una ciudad que veía crecer con entusiasmo la actividad cinematográfica, lo cual significaba, en gran medida, que se estaba aprendiendo en el camino.
Pero la ciudad, como tal, manifestaba no solo ese crecimiento sino, en general, el significativo impulso urbano que el boom petrolero había hecho posible, o mejor dicho, que el tiempo había tornado inaplazable, aunque entonces Quito todavía era un lugar amistosamente pueblerino. Se notaba el estirón, pero se trataba todavía de una ciudad apegada al ritmo que, durante muchas décadas, la élite agraria había impuesto sobre ella y el país. El petróleo llegó, de alguna manera fatal, para transformar Quito sin remedio. La ciudad poco a poco empezó a tomar su forma de larva actual, de gran molusco extendido sobre una planicie y ladera de Los Andes. El petróleo y los ochenta significaron una cosa fundamental: la inserción definitiva de Ecuador dentro de su perfil urbano. La trayectoria artística de Jorge Prelorán, por su parte, tuvo su origen en una América Latina que vio nacer el concepto de nuevo cine en los años sesenta y que se postuló alcanzar la dimensión de la patria grande. Prelorán, tímido por naturaleza, quiso registrar la ruralidad más alejada de su Argentina natal como una forma de oponer a la frialdad urbana la humanidad conmovedora de personajes pertenecientes a los pueblos nativos americanos convirtiéndose en una suerte de portavoz de sus realidades pues quiso ir mucho más allá de un romántico o trasnochado paternalismo. Armado con aquella actitud Prelorán rodó dos películas en Ecuador que hoy recordamos: Mi Tía Nora, drama urbano y Zulay frente al siglo XXI, documental etnográfico, dos obras claves en la breve historia del cine ecuatoriano. (O)

Jorge Prelorán rodó dos películas en Ecuador que hoy recordamos: Mi Tía Nora, drama urbano y Zulay frente al siglo XXI.

Visto