Jair Bolsonaro

El electorado brasileño decidió ya quien será su presidente: un capitán de la reserva militar, retirado hace nueve años y desde entonces político activo que ha transitado por nueve partidos, diputado electo que en su trayectoria solo ha presentado un proyecto de ley y que fracasó en su intento de dirigir la Cámara pues alcanzó solo cuatro votos. Durante su carrera militar ya evidenció su inclinación ideológica de derecha, la misma que se agudizó en el ejercicio de la legislatura: nostálgico de la dictadura militar, partidario de la libre tenencia de armas, de la privatización de las empresas estatales, opuesto a cualquier avance democrático.
¿Qué puede esperarse de Bolsonaro? En realidad en la democracia moderna no siempre el ejercicio del poder está en manos de verdaderos estadistas, especialmente en los países considerados como democráticamente inmaduros; mucho más en los tiempos actuales cobijados aún por el neoliberalismo. En el caso de Brasil, que a partir del fin de la dictadura militar sostuvo un incesante fortalecimiento de su economía y que con los gobiernos de Lula y Dilma, afianzó su lugar entre las diez potencias económicas del mundo, la llegada de Bolsonaro a la presidencia trae consigo una inquietante incertidumbre: no se trata precisamente de la visión ideológica del presidente electo, sino de la capacidad de manejo de la octava economía mundial por el conjunto de las fuerzas políticas que integran el Poder Legislativo.
No puede pasarse por alto que Brasil es integrante del BRICS,  -grupo conformado además por Rusia, China, India y Sudáfrica- y se entiende que, por lo menos en los últimos tiempos, ha permanecido en ‘la otra orilla’ del enfrentamiento comercial y financiero de los EE.UU. y de la Unión Europea. Esto lo ratifican las cifras de las exportaciones e importaciones brasileñas en las que predominan China y Rusia, más todavía, considerando que en este intercambio predominan productos como el trigo y la soya. Un segundo tema, ya de carácter interno, como lo dice un conocido cómico, “Brasil es un país con un enorme pasado por delante”, en referencia específica a que el Estado de Sao Paolo por sí solo, es la potencia económica mundial, allí se concentra todo el poder económico e industrial. Esta problemática deberán enfrentarla las fuerzas políticas en el Poder Legislativo: en el Senado con un predominio del PT y en la Cámara de Diputados cerca de 40 grupos políticos. Y en la calle, el pueblo llano. (O)

Jair Bolsonaro

El electorado brasileño decidió ya quien será su presidente: un capitán de la reserva militar, retirado hace nueve años y desde entonces político activo que ha transitado por nueve partidos, diputado electo que en su trayectoria solo ha presentado un proyecto de ley y que fracasó en su intento de dirigir la Cámara pues alcanzó solo cuatro votos. Durante su carrera militar ya evidenció su inclinación ideológica de derecha, la misma que se agudizó en el ejercicio de la legislatura: nostálgico de la dictadura militar, partidario de la libre tenencia de armas, de la privatización de las empresas estatales, opuesto a cualquier avance democrático.
¿Qué puede esperarse de Bolsonaro? En realidad en la democracia moderna no siempre el ejercicio del poder está en manos de verdaderos estadistas, especialmente en los países considerados como democráticamente inmaduros; mucho más en los tiempos actuales cobijados aún por el neoliberalismo. En el caso de Brasil, que a partir del fin de la dictadura militar sostuvo un incesante fortalecimiento de su economía y que con los gobiernos de Lula y Dilma, afianzó su lugar entre las diez potencias económicas del mundo, la llegada de Bolsonaro a la presidencia trae consigo una inquietante incertidumbre: no se trata precisamente de la visión ideológica del presidente electo, sino de la capacidad de manejo de la octava economía mundial por el conjunto de las fuerzas políticas que integran el Poder Legislativo.
No puede pasarse por alto que Brasil es integrante del BRICS,  -grupo conformado además por Rusia, China, India y Sudáfrica- y se entiende que, por lo menos en los últimos tiempos, ha permanecido en ‘la otra orilla’ del enfrentamiento comercial y financiero de los EE.UU. y de la Unión Europea. Esto lo ratifican las cifras de las exportaciones e importaciones brasileñas en las que predominan China y Rusia, más todavía, considerando que en este intercambio predominan productos como el trigo y la soya. Un segundo tema, ya de carácter interno, como lo dice un conocido cómico, “Brasil es un país con un enorme pasado por delante”, en referencia específica a que el Estado de Sao Paolo por sí solo, es la potencia económica mundial, allí se concentra todo el poder económico e industrial. Esta problemática deberán enfrentarla las fuerzas políticas en el Poder Legislativo: en el Senado con un predominio del PT y en la Cámara de Diputados cerca de 40 grupos políticos. Y en la calle, el pueblo llano. (O)