Investigación jurídica

A raíz de los cambios efectuados a partir de la expedición de la Ley Orgánica de Educación Superior, las universidades han afrontado un giro de 180 grados sobre las actividades que deben desarrollarse en los claustros universitarios. Sin resultar simplista se puede estar de acuerdo en que las Instituciones de Educación Superior (IES) deben trabajar alrededor de tres ejes: Docencia, Investigación y Vinculación.


El primer eje ha sido el objeto principal de impulso y quizás la razón única de existencia de las universidades -al menos en Ecuador-, el tercero también en cierta forma ha sido tratado de forma periférica. No obstante, la investigación ha sido siempre denostada, a tal punto que generalmente y salvo contadas excepciones, los docentes se dedicaron a la transmisión, pero no a la producción de conocimientos.


Así las cosas, la investigación jurídica tampoco pudo despegar en esos años, a más de los esfuerzos de ciertos académicos, que lograron elaborar manuales y ciertos tratados que se enfocaban en la “exégesis” de la norma legal, o la ínfima adaptación de ciertos conceptos e instituciones, que a veces sin su contexto terminaban en la elaboración de textos normativos que eran verdaderos Frankenstein jurídicos, que a menudo fracasaban en el intento de regulación. Los Víctor Frankenstein no se explicaban la limitada eficacia o la inaplicabilidad de normas que en otros sistemas jurídicos funcionaban acertadamente. Obviamente la recepción acrítica y sin ningún estudio previo generaban estas restricciones.
Para derrotar al monstruo creado por Mary Shelley dentro de la disciplina jurídica, un arma casi infalible es la investigación. Sin embargo, esta ya no puede ser únicamente de carácter puramente dogmático, sino debe avanzar a una de tipo cualitativa, o cuantitativo, es decir, recorrer el camino de la interpretación de la norma, a revisar la eficacia de esta.


Esta tarea tiene muchos obstáculos, desde las escasas horas de investigación que tienen los docentes para esta labor, los ínfimos recursos económicos y humanos, así como la excesiva carga de gestión administrativa.
Aún así, una labor fundamental de los juristas, estudiantes de pregrado o posgrado es dejar atrás esa visión desfasada de ser meros repetidores de ideas a ser generadores del conocimiento jurídico. Solo así algún día tendremos un Kelsen, un Bobbio, o un Hart. (O)
Para derrotar al monstruo creado por Mary Shelley dentro de la disciplina  jurídica, un  arma casi  infalible es la  investigación.  

Investigación jurídica

A raíz de los cambios efectuados a partir de la expedición de la Ley Orgánica de Educación Superior, las universidades han afrontado un giro de 180 grados sobre las actividades que deben desarrollarse en los claustros universitarios. Sin resultar simplista se puede estar de acuerdo en que las Instituciones de Educación Superior (IES) deben trabajar alrededor de tres ejes: Docencia, Investigación y Vinculación.


El primer eje ha sido el objeto principal de impulso y quizás la razón única de existencia de las universidades -al menos en Ecuador-, el tercero también en cierta forma ha sido tratado de forma periférica. No obstante, la investigación ha sido siempre denostada, a tal punto que generalmente y salvo contadas excepciones, los docentes se dedicaron a la transmisión, pero no a la producción de conocimientos.


Así las cosas, la investigación jurídica tampoco pudo despegar en esos años, a más de los esfuerzos de ciertos académicos, que lograron elaborar manuales y ciertos tratados que se enfocaban en la “exégesis” de la norma legal, o la ínfima adaptación de ciertos conceptos e instituciones, que a veces sin su contexto terminaban en la elaboración de textos normativos que eran verdaderos Frankenstein jurídicos, que a menudo fracasaban en el intento de regulación. Los Víctor Frankenstein no se explicaban la limitada eficacia o la inaplicabilidad de normas que en otros sistemas jurídicos funcionaban acertadamente. Obviamente la recepción acrítica y sin ningún estudio previo generaban estas restricciones.
Para derrotar al monstruo creado por Mary Shelley dentro de la disciplina jurídica, un arma casi infalible es la investigación. Sin embargo, esta ya no puede ser únicamente de carácter puramente dogmático, sino debe avanzar a una de tipo cualitativa, o cuantitativo, es decir, recorrer el camino de la interpretación de la norma, a revisar la eficacia de esta.


Esta tarea tiene muchos obstáculos, desde las escasas horas de investigación que tienen los docentes para esta labor, los ínfimos recursos económicos y humanos, así como la excesiva carga de gestión administrativa.
Aún así, una labor fundamental de los juristas, estudiantes de pregrado o posgrado es dejar atrás esa visión desfasada de ser meros repetidores de ideas a ser generadores del conocimiento jurídico. Solo así algún día tendremos un Kelsen, un Bobbio, o un Hart. (O)
Para derrotar al monstruo creado por Mary Shelley dentro de la disciplina  jurídica, un  arma casi  infalible es la  investigación.