Intolerantes

Ante los gritos desaforados de quienes se autodenominan la nueva derecha, estos hechos han sido vistos como hilarantes, pero eso quizás es lo más sencillo o lo más ingenuo. ¿Sencillo? ¿Ingenuo? Así es. Recordemos que los movimientos fascista o nazista emergieron como resultado de la crisis política, económica y social que explotó luego de la I Guerra Mundial. El Fuhrer alimentó a los alemanes con odio en contra de judíos, comunistas, masones y cualquiera que no encajara en el prototipo del ario. Ahora la extrema derecha ecuatoriana reciclada es profundamente nacionalista, racista, y machista e incluso contendría ciertos tintes fascistas. Su intención es conquistar el poder político para instaurar medidas conservadoras que se erigen sobre la eliminación del laicismo. Ese Estado laico que nos permite vivir en tolerancia entre quienes creemos y expresamos diversas creencias, dejaría de existir y sería sustituido por un Estado confesional. Por ello hay que pensar nuevamente en la paradoja de la tolerancia.
¿Qué es la paradoja de la tolerancia? En plena II Guerra Mundial, Karl Popper escribió: “La sociedad abierta y sus enemigos”, donde expuso esta paradoja en los siguientes términos: La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aún a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia.
Es decir, los intolerantes que no pueden respetar las múltiples y plurales de formas de vida no pueden ser tolerados.
¿Por qué no tolerar a los intolerantes? Porque si lo hacemos, quienes somos tolerantes podríamos ser víctimas de los intolerantes. No tengo la certidumbre, y no creo sea lo más relevante si fue Bertolt Brecht o Martin Niemöller quien lo dijo, pero sí tengo la seguridad que aplica para lo venidero: Primero se llevaron a los judíos, pero a mí no me importó porque yo no lo era. Luego, arrestaron a los comunistas, pero como yo no era comunista tampoco me importó. Más adelante, detuvieron a los obreros, pero como no era obrero, tampoco me importó. Luego detuvieron a los estudiantes. pero como yo no era estudiante, tampoco me importó. Finalmente, detuvieron a los curas, pero como yo no era religioso, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde. No dejemos que sea tarde, intolerancia a los intolerantes. (O)

Intolerantes

Ante los gritos desaforados de quienes se autodenominan la nueva derecha, estos hechos han sido vistos como hilarantes, pero eso quizás es lo más sencillo o lo más ingenuo. ¿Sencillo? ¿Ingenuo? Así es. Recordemos que los movimientos fascista o nazista emergieron como resultado de la crisis política, económica y social que explotó luego de la I Guerra Mundial. El Fuhrer alimentó a los alemanes con odio en contra de judíos, comunistas, masones y cualquiera que no encajara en el prototipo del ario. Ahora la extrema derecha ecuatoriana reciclada es profundamente nacionalista, racista, y machista e incluso contendría ciertos tintes fascistas. Su intención es conquistar el poder político para instaurar medidas conservadoras que se erigen sobre la eliminación del laicismo. Ese Estado laico que nos permite vivir en tolerancia entre quienes creemos y expresamos diversas creencias, dejaría de existir y sería sustituido por un Estado confesional. Por ello hay que pensar nuevamente en la paradoja de la tolerancia.
¿Qué es la paradoja de la tolerancia? En plena II Guerra Mundial, Karl Popper escribió: “La sociedad abierta y sus enemigos”, donde expuso esta paradoja en los siguientes términos: La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aún a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia.
Es decir, los intolerantes que no pueden respetar las múltiples y plurales de formas de vida no pueden ser tolerados.
¿Por qué no tolerar a los intolerantes? Porque si lo hacemos, quienes somos tolerantes podríamos ser víctimas de los intolerantes. No tengo la certidumbre, y no creo sea lo más relevante si fue Bertolt Brecht o Martin Niemöller quien lo dijo, pero sí tengo la seguridad que aplica para lo venidero: Primero se llevaron a los judíos, pero a mí no me importó porque yo no lo era. Luego, arrestaron a los comunistas, pero como yo no era comunista tampoco me importó. Más adelante, detuvieron a los obreros, pero como no era obrero, tampoco me importó. Luego detuvieron a los estudiantes. pero como yo no era estudiante, tampoco me importó. Finalmente, detuvieron a los curas, pero como yo no era religioso, tampoco me importó. Ahora me llevan a mí, pero ya es tarde. No dejemos que sea tarde, intolerancia a los intolerantes. (O)