Independencia

Cuenca, la prominente ciudad que ha sido cuna de ilustres personajes del país, que por sus significativos aportes al derecho, la política, la economía y la cultura tradicionalmente ha sido llamada la Atenas del Ecuador, hoy se encuentra en una encrucijada sobre su futuro.
La tercera ciudad del país como generalmente se conoce a nuestra pujante urbe, ha sido restringida en su desarrollo. Esta limitación se ha dado por diversos factores que responden a la lógica de funcionamiento de nuestra cultura política nacional, el clientelismo, la sumisión de ciertos actores políticos, la desatención de la década pasada; en suma, la ínfima preocupación de sus hijos que ostentaban altos cargos en el Estado, han generado una crisis que se profundiza en una disyuntiva: lo mismo de siempre o el cambio.
Los apetitos personales en los partidos políticos, la temeridad en el manejo de la administración pública, la burocratización de las instituciones estatales, el débil accionar de ciertos medios de comunicación sumado a la altísima quietud de las y los cuencanos, no permiten que el descontento popular se unifique en un llamado al cambio.
Mientras tanto los aprietos del tránsito generado por la construcción de “un tranvía llamado deseo”, que ojalá tuviera el éxito de la obra de Tennessee Williams. La inseguridad que poco a poco se acrecentó ante la inmovilidad de los órganos encargados de garantizar la paz y la convivencia social en la capital azuaya. El crecimiento descontrolado generó que la obra pública esté limitada a lo urbano, mientras lo rural pasa a un segundo plano, afectando a miles de cuencanos que no tienen acceso a servicios públicos básicos como el agua o el alcantarillado.
No obstante, quienes somos hijos de José de La Mar, Abdón Calderón, César Dávila Andrade, debemos tomar en nuestras manos las riendas de nuestra ciudad.
Un año más celebraremos la Independencia de Cuenca, pero no podemos dejar pasar este momento de crisis para pensar en la necesidad de que las nuevas generaciones se conviertan en el elemento del cambio. Cambio que no se dará sin la acción, acción que debe estar orientada por la razón, razón que solo puede ser, ir por la nueva independencia que termine con los retrogradas, herméticos y unilaterales círculos de poder que encarcelan los anhelos de una Cuenca libre y democrática. (O)
No podemos dejar pasar este momento de crisis para pensar en la necesidad de que las nuevas generaciones se conviertan en el cambio.

Independencia

Cuenca, la prominente ciudad que ha sido cuna de ilustres personajes del país, que por sus significativos aportes al derecho, la política, la economía y la cultura tradicionalmente ha sido llamada la Atenas del Ecuador, hoy se encuentra en una encrucijada sobre su futuro.
La tercera ciudad del país como generalmente se conoce a nuestra pujante urbe, ha sido restringida en su desarrollo. Esta limitación se ha dado por diversos factores que responden a la lógica de funcionamiento de nuestra cultura política nacional, el clientelismo, la sumisión de ciertos actores políticos, la desatención de la década pasada; en suma, la ínfima preocupación de sus hijos que ostentaban altos cargos en el Estado, han generado una crisis que se profundiza en una disyuntiva: lo mismo de siempre o el cambio.
Los apetitos personales en los partidos políticos, la temeridad en el manejo de la administración pública, la burocratización de las instituciones estatales, el débil accionar de ciertos medios de comunicación sumado a la altísima quietud de las y los cuencanos, no permiten que el descontento popular se unifique en un llamado al cambio.
Mientras tanto los aprietos del tránsito generado por la construcción de “un tranvía llamado deseo”, que ojalá tuviera el éxito de la obra de Tennessee Williams. La inseguridad que poco a poco se acrecentó ante la inmovilidad de los órganos encargados de garantizar la paz y la convivencia social en la capital azuaya. El crecimiento descontrolado generó que la obra pública esté limitada a lo urbano, mientras lo rural pasa a un segundo plano, afectando a miles de cuencanos que no tienen acceso a servicios públicos básicos como el agua o el alcantarillado.
No obstante, quienes somos hijos de José de La Mar, Abdón Calderón, César Dávila Andrade, debemos tomar en nuestras manos las riendas de nuestra ciudad.
Un año más celebraremos la Independencia de Cuenca, pero no podemos dejar pasar este momento de crisis para pensar en la necesidad de que las nuevas generaciones se conviertan en el elemento del cambio. Cambio que no se dará sin la acción, acción que debe estar orientada por la razón, razón que solo puede ser, ir por la nueva independencia que termine con los retrogradas, herméticos y unilaterales círculos de poder que encarcelan los anhelos de una Cuenca libre y democrática. (O)
No podemos dejar pasar este momento de crisis para pensar en la necesidad de que las nuevas generaciones se conviertan en el cambio.