Hipócritas

La visión de unos pocos machos se impuso, lamentablemente, todavía, por sobre la razón histórica que había impulsado el debate legislativo sobre la despenalización del aborto en caso de violación, no la legalización del mismo, repita bien esa palabra antes de continuar: despenalización. Sé que también pensaste en repetir la palabra violación. Exacto. Así se conectan los cables en el cerebro. Despenalización en caso de violación. Niñas de 10, 9, o de la edad desde la que ya puedan quedar embarazadas con la asquerosa simiente de los machos malditos que las violan. Machos. Eso es lo que se impuso. La visión hipócrita y mentirosa de los machos. Y sus clubes exclusivos de miembros sólo masculinos. O qué es, si no, la Iglesia en su esencia misma. Una institución liderada por hombres que nunca sabrán lo que es gestar ni parir.
Por ese motivo resultó, una vez más, un espectáculo predecible, de bajísima intensidad democrática, lo que ocurrió finalmente en la Asamblea Nacional porque primó, la expresión no sólo del machismo estructural que permea nuestra cotidianidad y nos atrasa y somete como pueblo y como nación, sino que busca ser ensalzada como una victoria de la vida. Hipócritas. La vida les importa poco. Al menos la de esos mismos hijos e hijas de la violación, que llegan para engrosar, mayoritariamente, los ejércitos de la pobreza. Lo que sucede en realidad es que esa visión machista que todavía domina, pero que algún día verá su final, para empezar con la despenalización del aborto en caso de violación, odia a la mujer. Odia lo femenino. Eso es lo que se impuso. El odio a la mujer. Y su capacidad de decisión. Quien queda obligada, de esta manera, a dar a luz el producto del abominable acto de una violación o enfrentar la cárcel por interrumpir el embarazo y salvar su vida. Triunfó, todavía, la visión que revictimiza a la mujer y la castiga por siquiera osar a tener la posibilidad de tomar una decisión por sí misma.
Eso no significa, de ninguna manera, que el aborto clandestino desaparezca o mucho menos devenga un acto controlado. Todo lo contrario. Más niñas, adolescentes y mujeres están siendo enviadas, a partir de esta decisión patriarcal y machista, a la carnicería de la clandestinidad donde, cada año, miles pierden la vida. Así será gracias a una reforma que ha sido impulsada por gente, quizás no toda pero mucha, que llevan la cruz en el pecho y la maldad y el egoísmo en los hechos, porque es gente hipócrita cuya falsa humildad es, como decía Martín Lutero, el más grande y el más altanero de los orgullos. (O)
Más niñas, adolescentes y mujeres están siendo enviadas,

Hipócritas

La visión de unos pocos machos se impuso, lamentablemente, todavía, por sobre la razón histórica que había impulsado el debate legislativo sobre la despenalización del aborto en caso de violación, no la legalización del mismo, repita bien esa palabra antes de continuar: despenalización. Sé que también pensaste en repetir la palabra violación. Exacto. Así se conectan los cables en el cerebro. Despenalización en caso de violación. Niñas de 10, 9, o de la edad desde la que ya puedan quedar embarazadas con la asquerosa simiente de los machos malditos que las violan. Machos. Eso es lo que se impuso. La visión hipócrita y mentirosa de los machos. Y sus clubes exclusivos de miembros sólo masculinos. O qué es, si no, la Iglesia en su esencia misma. Una institución liderada por hombres que nunca sabrán lo que es gestar ni parir.
Por ese motivo resultó, una vez más, un espectáculo predecible, de bajísima intensidad democrática, lo que ocurrió finalmente en la Asamblea Nacional porque primó, la expresión no sólo del machismo estructural que permea nuestra cotidianidad y nos atrasa y somete como pueblo y como nación, sino que busca ser ensalzada como una victoria de la vida. Hipócritas. La vida les importa poco. Al menos la de esos mismos hijos e hijas de la violación, que llegan para engrosar, mayoritariamente, los ejércitos de la pobreza. Lo que sucede en realidad es que esa visión machista que todavía domina, pero que algún día verá su final, para empezar con la despenalización del aborto en caso de violación, odia a la mujer. Odia lo femenino. Eso es lo que se impuso. El odio a la mujer. Y su capacidad de decisión. Quien queda obligada, de esta manera, a dar a luz el producto del abominable acto de una violación o enfrentar la cárcel por interrumpir el embarazo y salvar su vida. Triunfó, todavía, la visión que revictimiza a la mujer y la castiga por siquiera osar a tener la posibilidad de tomar una decisión por sí misma.
Eso no significa, de ninguna manera, que el aborto clandestino desaparezca o mucho menos devenga un acto controlado. Todo lo contrario. Más niñas, adolescentes y mujeres están siendo enviadas, a partir de esta decisión patriarcal y machista, a la carnicería de la clandestinidad donde, cada año, miles pierden la vida. Así será gracias a una reforma que ha sido impulsada por gente, quizás no toda pero mucha, que llevan la cruz en el pecho y la maldad y el egoísmo en los hechos, porque es gente hipócrita cuya falsa humildad es, como decía Martín Lutero, el más grande y el más altanero de los orgullos. (O)
Más niñas, adolescentes y mujeres están siendo enviadas,