¡Hasta cuando!

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Lo último de Padre Hernán Astudillo

Aún tengo rezagos de polvo amarillo en mi viejo bolso a causa de las agitadas caminatas en las desérticas zonas alrededor de Ciduad Juárez, cuando anduvimos hace 5 años con un grupo de voluntarios que se dedican a colocar pomos de agua en lugares estratégicos por donde caminan nuestros hermanos inmigrantes desde el Sur hacia el Norte.
Mientras en mi cansada memoria recuerdo las palabras de aquel joven mexicano, que repetía con su rostro lleno de ternura en una de las reuniones en la Casa del Migrante de Ciudad Juárez dirigida por Padre Luis, “a mí me capturaron al otro lado en El Paso 29 veces y me deportaron de regreso a México”.
Ciudad Juárez tiene muchos rostros enlutados en quejidos, miedo, olor a tacos, radiante de sol y espinas, entre místicas canciones de Juan Gabriel.
Miles de migrantes cruzan aquella peligrosísima desértica zona que une un gigantesco cordón de montañas rocosas entre los Estados Unidos de México y los Estados Unidos de Norteamérica, exponiéndose al temible sol, frío nocturno y venenosas cascabeles.
Pero no hay peor veneno que la xenofobia expuesta por nuestros gobiernos a través de los medios de comunicación masivos, no hay peor frío que las ridículas leyes de movilidad humana que se mantienen prisioneras en las frías páginas de papel rancio y no hay peor frío que el silencio de cientos de políticos frente a tanto dolor de millones de inmigrantes.
Desafortunadamente, en las políticas económicas de los Estados Unidos y sus aliados, están diseñadas las estrategias, planes, bloqueos y proyectos para crear enormes olas de movilización humana llamadas migraciones, castigando al país que no se ajuste a sus inhumanas politicas.
¡Hasta cuando señor presidente! ¡Hasta cuando tanto odio en contra de los migrantes! (O)
¡Hasta cuando señor presidente! ¡Hasta cuando tanto odio en contra de los migrantes!

¡Hasta cuando!

Aún tengo rezagos de polvo amarillo en mi viejo bolso a causa de las agitadas caminatas en las desérticas zonas alrededor de Ciduad Juárez, cuando anduvimos hace 5 años con un grupo de voluntarios que se dedican a colocar pomos de agua en lugares estratégicos por donde caminan nuestros hermanos inmigrantes desde el Sur hacia el Norte.
Mientras en mi cansada memoria recuerdo las palabras de aquel joven mexicano, que repetía con su rostro lleno de ternura en una de las reuniones en la Casa del Migrante de Ciudad Juárez dirigida por Padre Luis, “a mí me capturaron al otro lado en El Paso 29 veces y me deportaron de regreso a México”.
Ciudad Juárez tiene muchos rostros enlutados en quejidos, miedo, olor a tacos, radiante de sol y espinas, entre místicas canciones de Juan Gabriel.
Miles de migrantes cruzan aquella peligrosísima desértica zona que une un gigantesco cordón de montañas rocosas entre los Estados Unidos de México y los Estados Unidos de Norteamérica, exponiéndose al temible sol, frío nocturno y venenosas cascabeles.
Pero no hay peor veneno que la xenofobia expuesta por nuestros gobiernos a través de los medios de comunicación masivos, no hay peor frío que las ridículas leyes de movilidad humana que se mantienen prisioneras en las frías páginas de papel rancio y no hay peor frío que el silencio de cientos de políticos frente a tanto dolor de millones de inmigrantes.
Desafortunadamente, en las políticas económicas de los Estados Unidos y sus aliados, están diseñadas las estrategias, planes, bloqueos y proyectos para crear enormes olas de movilización humana llamadas migraciones, castigando al país que no se ajuste a sus inhumanas politicas.
¡Hasta cuando señor presidente! ¡Hasta cuando tanto odio en contra de los migrantes! (O)
¡Hasta cuando señor presidente! ¡Hasta cuando tanto odio en contra de los migrantes!

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