Hacer opinión

Visto

Hacer opinión desde una columna sin caer en la pretenciosa vanidad de convencer, de posicionar una idea, un argumento, una certeza; hacer opinión desde la posición, manteniéndola sin exponerla, manteniéndola sin defenderla, manteniéndola, pero al mismo tiempo procurando la cordura del equilibrio…
Hacer opinión desde la cordura del respeto por el valor de cada opinión, posición y certeza más allá de la nuestra, hacer opinión desde la responsabilidad de facilitar, motivar y/o provocar reflexiones y diálogos maduros…
Hacer opinión desde el derecho a levantar la voz en dirección de los ideales, aunque sea contra corriente, hacer opinión sin rabia, sin violencia, sin calificar, cualificar o simplemente sin el descalificar despectivo.
Hacer opinión como actitud de contar, de contar para conversar, de contar para compartir, hacer opinión como conversando en el café con que cae la tarde, ese que sabe a tertulia, a la inequívoca certeza de que la razón y la verdad son caminos que duran la vida y, en ocasiones, aún más…
Porque entre el “yo opino” y ese “tú te callas” se desnuda la violencia cotidiana que se disfraza de cultura, se diluye, legitima y reproduce; porque entre el ustedes y nosotros, o más bien, entre ese ustedes vs nosotros, construimos cámaras de eco como ejércitos atrincherados en defensa de la verdad revelada…
Porque hacer opinión no es la libertina aventura del ego que se riega y prende fuego en las calles y las redes, hacer opinión no es consonante con la irresponsable ligereza del “yo digo lo que pienso” que se parece más a un “no pienso lo que digo”…
Porque hacer opinión no es eructar consonancias con arrogante elegancia para desatar la violencia del ostracismo, no, definitivamente hacer opinión no es patente de corso para desatar complejos…
Para hacer opinión se debe analizar, interpretar y entender los hechos desde un contexto referencial dinámico, estudiarlo, documentarlo, construir una plataforma de diálogo en función de una idea propuesta no absoluta, que convoque y provoque nuevos diálogos y reflexiones, que aísle los conflictos y amplíe los marcos de referencia del lector…
Hacer opinión es un compromiso, no con los breviarios, sino con los colectivos, no con el ego sino con la democracia, hacer opinión, por tanto, no es vencer ni convencer; hacer opinión es construir una plataforma incluyente de diálogo donde quepan todas las visiones y opiniones…
Hacer opinión no es el privilegio del poder de la cámara, el micrófono o la pluma; sino, el compromiso de la reflexión plural, solidaria e inclusiva… (O)
Porque hacer opinión no es eructar consonancias con arrogante elegancia para desatar la violencia del ostracismo.

Hacer opinión

Hacer opinión desde una columna sin caer en la pretenciosa vanidad de convencer, de posicionar una idea, un argumento, una certeza; hacer opinión desde la posición, manteniéndola sin exponerla, manteniéndola sin defenderla, manteniéndola, pero al mismo tiempo procurando la cordura del equilibrio…
Hacer opinión desde la cordura del respeto por el valor de cada opinión, posición y certeza más allá de la nuestra, hacer opinión desde la responsabilidad de facilitar, motivar y/o provocar reflexiones y diálogos maduros…
Hacer opinión desde el derecho a levantar la voz en dirección de los ideales, aunque sea contra corriente, hacer opinión sin rabia, sin violencia, sin calificar, cualificar o simplemente sin el descalificar despectivo.
Hacer opinión como actitud de contar, de contar para conversar, de contar para compartir, hacer opinión como conversando en el café con que cae la tarde, ese que sabe a tertulia, a la inequívoca certeza de que la razón y la verdad son caminos que duran la vida y, en ocasiones, aún más…
Porque entre el “yo opino” y ese “tú te callas” se desnuda la violencia cotidiana que se disfraza de cultura, se diluye, legitima y reproduce; porque entre el ustedes y nosotros, o más bien, entre ese ustedes vs nosotros, construimos cámaras de eco como ejércitos atrincherados en defensa de la verdad revelada…
Porque hacer opinión no es la libertina aventura del ego que se riega y prende fuego en las calles y las redes, hacer opinión no es consonante con la irresponsable ligereza del “yo digo lo que pienso” que se parece más a un “no pienso lo que digo”…
Porque hacer opinión no es eructar consonancias con arrogante elegancia para desatar la violencia del ostracismo, no, definitivamente hacer opinión no es patente de corso para desatar complejos…
Para hacer opinión se debe analizar, interpretar y entender los hechos desde un contexto referencial dinámico, estudiarlo, documentarlo, construir una plataforma de diálogo en función de una idea propuesta no absoluta, que convoque y provoque nuevos diálogos y reflexiones, que aísle los conflictos y amplíe los marcos de referencia del lector…
Hacer opinión es un compromiso, no con los breviarios, sino con los colectivos, no con el ego sino con la democracia, hacer opinión, por tanto, no es vencer ni convencer; hacer opinión es construir una plataforma incluyente de diálogo donde quepan todas las visiones y opiniones…
Hacer opinión no es el privilegio del poder de la cámara, el micrófono o la pluma; sino, el compromiso de la reflexión plural, solidaria e inclusiva… (O)
Porque hacer opinión no es eructar consonancias con arrogante elegancia para desatar la violencia del ostracismo.

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