Genealogía del Ecuador II

Ecuador viene del latín aequator (igualador, el que iguala), nombre de agente del verbo aequare (igualar). Sobre “igualar”, en el Ecuador de hoy en día, se podría decir muchísimo! Sin duda! Pero no vamos a levantar olas innecesarias en el viernes del lector. Lo digo haciendo referencia, sobre todo, al hecho de la pre existencia del término “ecuador” desde el momento en que se aceptó que la tierra era redonda.
Esto lo digo buceando en la etimología del término, por decirlo de una manera acuática, y también en relación a la columna de la semana pasada.
Para resumirlo brutalmente digamos que los griegos ya sabían que la tierra era redonda, pero el oscurantismo de la edad media, cooptada por un claustro eclesial corrupto y embebido de poder de una manera absoluta, decidió propagar la creencia de que la tierra era plana y que había no sé qué cantidad de monstruos y abismos más allá de ciertos límites conocidos. Así nació el mito que termina de romperse cientos de años después, con Colón cuando se confirma la redondez de la tierra.  Ya sabemos todos que eso es mentira! Pero ese momento, como los demás planetas del sistema solar que ya habían sido observados, se determinó que la tierra tenía una línea ecuatorial y unos polos. Desde entonces el término en las distintas lenguas define el hecho geográfico de la línea de la mitad del mundo. Eso es el ecuador.
Hoy en día hay una secta muy mediática que ha proclamado nuevamente que “la tierra es plana” como verdad absoluta. Pero esas son cosas del internet, que da lugar a la existencia de todo tipo de locuras más allá de que estas nunca puedan llegar a instaurarse como verdades definitivas luego de que alcanzan sus quince minutos de fama. Y en todo caso no nos desvía del asunto principal de la columna de hoy.
La historia a veces parece expresarse en largas zancadas de eventos y encadenamientos que permiten, a su vez caóticamente, presentar la ocurrencia de ciertos hechos como cosas que no son sino fruto de la casualidad y el más imprevisible de los azares. Pero eso esconde la verdad de la disputa de las fuerzas al interior de dicha gestación. Muchos elementos, internos y externos, jugaron un rol determinante al momento de bautizar la naciente república con el nombre de una de las provincias del departamento del sur de la gran Colombia, Ecuador, para sellar así el matrimonio identitario del pueblo que nacería bajo sus fronteras. (O)

Genealogía del Ecuador II

Ecuador viene del latín aequator (igualador, el que iguala), nombre de agente del verbo aequare (igualar). Sobre “igualar”, en el Ecuador de hoy en día, se podría decir muchísimo! Sin duda! Pero no vamos a levantar olas innecesarias en el viernes del lector. Lo digo haciendo referencia, sobre todo, al hecho de la pre existencia del término “ecuador” desde el momento en que se aceptó que la tierra era redonda.
Esto lo digo buceando en la etimología del término, por decirlo de una manera acuática, y también en relación a la columna de la semana pasada.
Para resumirlo brutalmente digamos que los griegos ya sabían que la tierra era redonda, pero el oscurantismo de la edad media, cooptada por un claustro eclesial corrupto y embebido de poder de una manera absoluta, decidió propagar la creencia de que la tierra era plana y que había no sé qué cantidad de monstruos y abismos más allá de ciertos límites conocidos. Así nació el mito que termina de romperse cientos de años después, con Colón cuando se confirma la redondez de la tierra.  Ya sabemos todos que eso es mentira! Pero ese momento, como los demás planetas del sistema solar que ya habían sido observados, se determinó que la tierra tenía una línea ecuatorial y unos polos. Desde entonces el término en las distintas lenguas define el hecho geográfico de la línea de la mitad del mundo. Eso es el ecuador.
Hoy en día hay una secta muy mediática que ha proclamado nuevamente que “la tierra es plana” como verdad absoluta. Pero esas son cosas del internet, que da lugar a la existencia de todo tipo de locuras más allá de que estas nunca puedan llegar a instaurarse como verdades definitivas luego de que alcanzan sus quince minutos de fama. Y en todo caso no nos desvía del asunto principal de la columna de hoy.
La historia a veces parece expresarse en largas zancadas de eventos y encadenamientos que permiten, a su vez caóticamente, presentar la ocurrencia de ciertos hechos como cosas que no son sino fruto de la casualidad y el más imprevisible de los azares. Pero eso esconde la verdad de la disputa de las fuerzas al interior de dicha gestación. Muchos elementos, internos y externos, jugaron un rol determinante al momento de bautizar la naciente república con el nombre de una de las provincias del departamento del sur de la gran Colombia, Ecuador, para sellar así el matrimonio identitario del pueblo que nacería bajo sus fronteras. (O)