Genealogía del Ecuador

Propongo a los lectores un juego: salir a la calle a hacer de periodistas y preguntar a la gente por qué nuestro país se llama Ecuador. Me atrevo a imaginar, sin temor, que la respuesta mayoritaria será que es así por la línea ecuatorial que atraviesa nuestra geografía. Es lo más fácil y evidente. Pero a veces lo más fácil y evidente no es lo verdadero, al menos no en esta ocasión pues la respuesta es un poco más compleja que eso. No. Nuestro país no fue bautizado así en honor a la línea.
Segunda parte del juego: a continuación pregunte a la gente si ha escuchado sobre una misión científica francesa enviada en el siglo dieciocho al Virreinato del Perú, concretamente a la Audiencia de Quito, para hacer mediciones científicas inéditas. La equivalencia de hoy serían las expediciones de la NASA. Si la respuesta es afirmativa pregunte qué es lo que midió aquella misión. Anticipemos que la respuesta equivocada es decir que aquella expedición midió el ecuador. No. Los académicos franceses no midieron la línea ecuatorial. Midieron tres grados del meridiano, es decir, establecieron el eje de su investigación de norte a sur. Por esa razón empezaron su trabajo en la planicie de Yaruquí, al lado de Quito, y lo terminaron en el valle de Tarqui, al lado de Cuenca. Si hubiesen medido la curvatura de la línea ecuatorial hubiesen trabajado en el eje este oeste. Retengamos un hecho de todo esto: al final de aquel enorme trabajo de campo aparecimos en el mapa por primera vez. Y se confirmó la teoría de Newton sobre la forma de la tierra.
A continuación hagamos un esfuerzo de imaginación y trasladémonos a la época de la ilustración, en plena revolución científica y de gestación independentista de las naciones sudamericanas sobre las cuales tendría enorme impacto la revolución francesa que también se gesta aquellos años. Los franceses fueron recibidos entre nosotros con una mezcla de curiosidad y desconfianza por el conservadurismo y aislamiento en el que vivía nuestra sociedad, la cual no había logrado superar el antiguo orden colonial de los Austria tras la sucesión de los Borbones y sus intentos de renovación del sistema de gobierno. Las élites criollas luego tomaron conciencia de la necesidad y posibilidad del autogobierno y el resto es historia.
La expedición, que no midió el ecuador, se hizo conocida, de cualquier forma, como la misión que se desplazó a la región ecuatorial del planeta para confirmar la forma de la tierra. No era necesario medir toda la línea para sacar conclusiones. Por eso lo más fácil era llamarla como la “misión del ecuador”, algo a lo que contribuirían las propias memorias de los científicos que bautizaron nuestra geografía como las “tierras del ecuador.” Hacían referencia al punto en el mapa donde hicieron sus mediciones y no a la línea ecuatorial en su conjunto. (O)

Genealogía del Ecuador

Propongo a los lectores un juego: salir a la calle a hacer de periodistas y preguntar a la gente por qué nuestro país se llama Ecuador. Me atrevo a imaginar, sin temor, que la respuesta mayoritaria será que es así por la línea ecuatorial que atraviesa nuestra geografía. Es lo más fácil y evidente. Pero a veces lo más fácil y evidente no es lo verdadero, al menos no en esta ocasión pues la respuesta es un poco más compleja que eso. No. Nuestro país no fue bautizado así en honor a la línea.
Segunda parte del juego: a continuación pregunte a la gente si ha escuchado sobre una misión científica francesa enviada en el siglo dieciocho al Virreinato del Perú, concretamente a la Audiencia de Quito, para hacer mediciones científicas inéditas. La equivalencia de hoy serían las expediciones de la NASA. Si la respuesta es afirmativa pregunte qué es lo que midió aquella misión. Anticipemos que la respuesta equivocada es decir que aquella expedición midió el ecuador. No. Los académicos franceses no midieron la línea ecuatorial. Midieron tres grados del meridiano, es decir, establecieron el eje de su investigación de norte a sur. Por esa razón empezaron su trabajo en la planicie de Yaruquí, al lado de Quito, y lo terminaron en el valle de Tarqui, al lado de Cuenca. Si hubiesen medido la curvatura de la línea ecuatorial hubiesen trabajado en el eje este oeste. Retengamos un hecho de todo esto: al final de aquel enorme trabajo de campo aparecimos en el mapa por primera vez. Y se confirmó la teoría de Newton sobre la forma de la tierra.
A continuación hagamos un esfuerzo de imaginación y trasladémonos a la época de la ilustración, en plena revolución científica y de gestación independentista de las naciones sudamericanas sobre las cuales tendría enorme impacto la revolución francesa que también se gesta aquellos años. Los franceses fueron recibidos entre nosotros con una mezcla de curiosidad y desconfianza por el conservadurismo y aislamiento en el que vivía nuestra sociedad, la cual no había logrado superar el antiguo orden colonial de los Austria tras la sucesión de los Borbones y sus intentos de renovación del sistema de gobierno. Las élites criollas luego tomaron conciencia de la necesidad y posibilidad del autogobierno y el resto es historia.
La expedición, que no midió el ecuador, se hizo conocida, de cualquier forma, como la misión que se desplazó a la región ecuatorial del planeta para confirmar la forma de la tierra. No era necesario medir toda la línea para sacar conclusiones. Por eso lo más fácil era llamarla como la “misión del ecuador”, algo a lo que contribuirían las propias memorias de los científicos que bautizaron nuestra geografía como las “tierras del ecuador.” Hacían referencia al punto en el mapa donde hicieron sus mediciones y no a la línea ecuatorial en su conjunto. (O)