Francia en su laberinto

Con la jornada de segunda vuelta, el domingo 19 se cerró en Francia no solamente la campaña electoral parlamentaria, sino todo un proceso que incluyó la renovación tanto del poder ejecutivo como del poder legislativo. Conforme afirman casi de consenso los actores políticos galos, este proceso ha tenido el carácter de ‘una aberración democrática’: en la primera vuelta de la elección presidencial, un poco más del 80 por ciento de los votos válidos se concentró en cuatro candidatos, con una diferencia de apenas un 3% entre el primero y el cuarto; en la segunda vuelta se confirmó el triunfo de Macron y, curiosamente, Marie Le Pen se ubicó tercera… tras el conjunto de las abstenciones, los votos blancos y nulos, lo cual es una contundente demostración de rechazo a las intenciones fascistas.
En el caso de las elecciones parlamentarias, los resultados expresan el confusionismo del que es presa el electorado francés, producto de un persistente y meticuloso manejo de la comunicación social por parte del poder mediático. Con un año de anticipación, sin mucho ruido, el joven ministro de economía del gobierno ‘socialista’ de François Hollande se retira de su cargo, abandona el PS y ‘decide’ formar una nueva fuerza política: En Marcha. Monsieur Macron no es un político, es ‘un exfuncionario público y especialista en inversión bancaria; empleado y asociado del banco francés Rothschild & Cie, asesor económico del presidente de la República François Hollande (2012), y, desde agosto de 2014 ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales. Su retiro no es tan casual, se produce en un momento en que la lucha social en Francia consigue niveles no alcanzados en tiempos recientes. La causa: la política económica diseñada por el joven ministro y la decisión de Hollande de aprobar reformas laborales que hacen retroceder los derechos laborales en cien años. El poder político requería un parlamento con mayoría absoluta para poner ‘en marcha’ –exactamente- las reformas resueltas y aprobadas. Para ello, resultaba imprescindible desmantelar el andamiaje político de la Quinta República: aniquilar al Partido Socialista y al centro político expresado en UDR (gaullismo), objetivo totalmente logrado. Adicionalmente, lo demás no era difícil preverlo: una izquierda que aún no acaba de asimilar la nueva realidad social del cambio de época, así como el temor de la gente frente al terrorismo y el peligro de la derecha extrema.
Francia está lista para, bajo la conducción de los poderes económico y mediático, seguir siendo junto a Alemania el poder real en la Unión Europea. . (O)

Francia en su laberinto

Con la jornada de segunda vuelta, el domingo 19 se cerró en Francia no solamente la campaña electoral parlamentaria, sino todo un proceso que incluyó la renovación tanto del poder ejecutivo como del poder legislativo. Conforme afirman casi de consenso los actores políticos galos, este proceso ha tenido el carácter de ‘una aberración democrática’: en la primera vuelta de la elección presidencial, un poco más del 80 por ciento de los votos válidos se concentró en cuatro candidatos, con una diferencia de apenas un 3% entre el primero y el cuarto; en la segunda vuelta se confirmó el triunfo de Macron y, curiosamente, Marie Le Pen se ubicó tercera… tras el conjunto de las abstenciones, los votos blancos y nulos, lo cual es una contundente demostración de rechazo a las intenciones fascistas.
En el caso de las elecciones parlamentarias, los resultados expresan el confusionismo del que es presa el electorado francés, producto de un persistente y meticuloso manejo de la comunicación social por parte del poder mediático. Con un año de anticipación, sin mucho ruido, el joven ministro de economía del gobierno ‘socialista’ de François Hollande se retira de su cargo, abandona el PS y ‘decide’ formar una nueva fuerza política: En Marcha. Monsieur Macron no es un político, es ‘un exfuncionario público y especialista en inversión bancaria; empleado y asociado del banco francés Rothschild & Cie, asesor económico del presidente de la República François Hollande (2012), y, desde agosto de 2014 ministro de Economía, Recuperación Productiva y Asuntos Digitales. Su retiro no es tan casual, se produce en un momento en que la lucha social en Francia consigue niveles no alcanzados en tiempos recientes. La causa: la política económica diseñada por el joven ministro y la decisión de Hollande de aprobar reformas laborales que hacen retroceder los derechos laborales en cien años. El poder político requería un parlamento con mayoría absoluta para poner ‘en marcha’ –exactamente- las reformas resueltas y aprobadas. Para ello, resultaba imprescindible desmantelar el andamiaje político de la Quinta República: aniquilar al Partido Socialista y al centro político expresado en UDR (gaullismo), objetivo totalmente logrado. Adicionalmente, lo demás no era difícil preverlo: una izquierda que aún no acaba de asimilar la nueva realidad social del cambio de época, así como el temor de la gente frente al terrorismo y el peligro de la derecha extrema.
Francia está lista para, bajo la conducción de los poderes económico y mediático, seguir siendo junto a Alemania el poder real en la Unión Europea. . (O)