FMI: Condicionalidad

Los 4.209.5 millones de dólares del préstamo concedido -que representan el 435% de la cuota que Ecuador posee en el FMI- se entregarían en cuotas trimestrales durante 3 años.
El préstamo obtenido no tiene relación directa ni con el riesgo país ni con los préstamos comprometidos. Es decir, con o sin FMI los demás multilaterales sí le prestan al país. Asimismo, no porque hay crédito del FMI baja el riesgo país (en Argentina, con FMI y un deber ajuste el riesgo país es altísimo). La tasa de interés (menos del 4%) y el plazo -con gracia incluida- son razonables.
El problema radica en el abrupto giro de la política económica derivado de la condicionalidad impuesta por el FMI en la “carta de intención” como requisito para la entrega de los 300 y tantos millones de dólares trimestrales.
El conjunto de condiciones parte de un diagnóstico que magnifica el problema fiscal introduciendo un método de contabilidad nacional que infla artificialmente el déficit fiscal primario en unos 5 puntos del PIB.
El enfoque del FMI considera que la fuente de todos los males es de naturaleza fiscal. Desconoce la gravedad del problema externo en todas sus cuentas (comercial, corriente y de capitales) y minimiza la gravedad de la situación social. El severo ajuste en marcha prevé una serie de reformas en todos los ámbitos (social, laboral, monetario, tributario, fiscal, financiero, privatizaciones, de des-inversión, etc.). Con la “amorosa” carta se rompe el bloque socioeconómico de la Constitución. El paquete de políticas públicas y las medidas a las que el país se compromete con el FMI puede caber en la Constitución de Sangolquí, pero no en la de Montecristi.
Hay diferencias profundas entre el modelo de economía social de mercado y el modelo de economía social y solidaria. Muchas de la reformas deberán obligatoriamente pasar por la Asamblea Nacional y es altamente probable que deban enfrentar la oposición de algunos de movimientos sociales y políticos. La “monetización”/privatización prevista, la reforma laboral, la reforma a la seguridad social, los nuevos despidos de empleados públicos, por las graves afectaciones, será muy difícil que encuentren terreno fértil para su consumación. Esta enésima carta de intención correría la suerte de las anteriores.
Ante la imposibilidad de cumplir con el ajuste, y por las duras consecuencias de la aplicación de las “recomendaciones”, el FMI emprenderá la retirada, dejando un país en peores condiciones. Basta recordar lo que ocurrió en el 2003. Lo único que quedó de la presencia fondomonetarista fue el alza del precio de los combustibles y una veintena de jubilados fallecidos. La misión del FMI, se fue tan pronto como llegó. (O)
Hay diferencias profundas entre el modelo de economía social de mercado y el modelo de economía social y solidaria.

FMI: Condicionalidad

Los 4.209.5 millones de dólares del préstamo concedido -que representan el 435% de la cuota que Ecuador posee en el FMI- se entregarían en cuotas trimestrales durante 3 años.
El préstamo obtenido no tiene relación directa ni con el riesgo país ni con los préstamos comprometidos. Es decir, con o sin FMI los demás multilaterales sí le prestan al país. Asimismo, no porque hay crédito del FMI baja el riesgo país (en Argentina, con FMI y un deber ajuste el riesgo país es altísimo). La tasa de interés (menos del 4%) y el plazo -con gracia incluida- son razonables.
El problema radica en el abrupto giro de la política económica derivado de la condicionalidad impuesta por el FMI en la “carta de intención” como requisito para la entrega de los 300 y tantos millones de dólares trimestrales.
El conjunto de condiciones parte de un diagnóstico que magnifica el problema fiscal introduciendo un método de contabilidad nacional que infla artificialmente el déficit fiscal primario en unos 5 puntos del PIB.
El enfoque del FMI considera que la fuente de todos los males es de naturaleza fiscal. Desconoce la gravedad del problema externo en todas sus cuentas (comercial, corriente y de capitales) y minimiza la gravedad de la situación social. El severo ajuste en marcha prevé una serie de reformas en todos los ámbitos (social, laboral, monetario, tributario, fiscal, financiero, privatizaciones, de des-inversión, etc.). Con la “amorosa” carta se rompe el bloque socioeconómico de la Constitución. El paquete de políticas públicas y las medidas a las que el país se compromete con el FMI puede caber en la Constitución de Sangolquí, pero no en la de Montecristi.
Hay diferencias profundas entre el modelo de economía social de mercado y el modelo de economía social y solidaria. Muchas de la reformas deberán obligatoriamente pasar por la Asamblea Nacional y es altamente probable que deban enfrentar la oposición de algunos de movimientos sociales y políticos. La “monetización”/privatización prevista, la reforma laboral, la reforma a la seguridad social, los nuevos despidos de empleados públicos, por las graves afectaciones, será muy difícil que encuentren terreno fértil para su consumación. Esta enésima carta de intención correría la suerte de las anteriores.
Ante la imposibilidad de cumplir con el ajuste, y por las duras consecuencias de la aplicación de las “recomendaciones”, el FMI emprenderá la retirada, dejando un país en peores condiciones. Basta recordar lo que ocurrió en el 2003. Lo único que quedó de la presencia fondomonetarista fue el alza del precio de los combustibles y una veintena de jubilados fallecidos. La misión del FMI, se fue tan pronto como llegó. (O)
Hay diferencias profundas entre el modelo de economía social de mercado y el modelo de economía social y solidaria.