FMI

Hace 91 años Alexander Sack, jurista y ministro del último zar ruso, escribió: “Si un poder despótico contrae una deuda no para las necesidades y los intereses del Estado, sino para justificar su régimen despótico, para reprimir a la población que lo combate, etc., esta deuda es odiosa para la población de todo el Estado/…/ Esta deuda no es obligatoria para toda la nación; es una deuda de régimen, personal, del poder que la contrajo, y, en consecuencia, deja de tener validez cuando ese poder cae”.
La historia del Ecuador, lastimosamente, ha tenido aparejada una triste y larga historia de deuda externa; puede decirse que la República en su nacimiento ya recibió el peso de este karma: se trató de la deuda inglesa, consecuencia de la compra de armas a Inglaterra para la lucha por la independencia, deuda que fue cancelada 140 años después por el gobierno del Gral. Rodríguez Lara. Pero de inmediato, con la llegada al poder de la alianza CFP-DP se dio paso a la política del “endeudamiento agresivo”. En pocos años el endeudamiento del país no solo que llegó a extremos impensados, sino que la deuda generada por la partidocracia, ya había sido pagada en un monto equivalente al doble del inicial, en virtud de que el FMI concedía a los gobiernos de turno nuevos préstamos para cancelar los intereses que no podía pagar, pese a que el Ecuador dedicaba casi el 50% del PIB nacional a ese rubro.
El endeudamiento agresivo, que significó la ‘larga noche neoliberal’ para el pueblo, fue patrocinado fundamentalmente por el Fondo Monetario Internacional a favor del poder económico nacional, de ninguna manera estuvo orientado a resolver los problemas de la producción ni de la economía ecuatoriana, ni siquiera sirvió para la llamada ‘sustitución de importaciones’, slogan bajo el cual se abrieron las arcas del Estado a la voracidad del FMI. Con la llegada al poder de la Revolución Ciudadana, esta política de endeudamiento cambió radicalmente. Basado en principios legales sustentados históricamente a nivel internacional, el gobierno ecuatoriano inició un proceso de revisión de la deuda para definir que segmento era ilegal y consecuentemente no asumir el pago, decisión que fue ampliamente aplaudida por la ciudadanía. ¿Cómo entender hoy que, en nombre de una política de austeridad, se remita deudas a los empresarios deudores, se afirme que el país está endeudado más allá de lo admisible, y, al mismo tiempo, se sirva la mesa para el retorno del FMI? (O)
Las deudas contraídas no en interés del pueblo sino del interés de dirigentes y personas próximas al poder, son deudas odiosas.

Hace 91 años Alexander Sack, jurista y ministro del último zar ruso, escribió: “Si un poder despótico contrae una deuda no para las necesidades y los intereses del Estado, sino para justificar su régimen despótico, para reprimir a la población que lo combate, etc., esta deuda es odiosa para la población de todo el Estado/…/ Esta deuda no es obligatoria para toda la nación; es una deuda de régimen, personal, del poder que la contrajo, y, en consecuencia, deja de tener validez cuando ese poder cae”.
La historia del Ecuador, lastimosamente, ha tenido aparejada una triste y larga historia de deuda externa; puede decirse que la República en su nacimiento ya recibió el peso de este karma: se trató de la deuda inglesa, consecuencia de la compra de armas a Inglaterra para la lucha por la independencia, deuda que fue cancelada 140 años después por el gobierno del Gral. Rodríguez Lara. Pero de inmediato, con la llegada al poder de la alianza CFP-DP se dio paso a la política del “endeudamiento agresivo”. En pocos años el endeudamiento del país no solo que llegó a extremos impensados, sino que la deuda generada por la partidocracia, ya había sido pagada en un monto equivalente al doble del inicial, en virtud de que el FMI concedía a los gobiernos de turno nuevos préstamos para cancelar los intereses que no podía pagar, pese a que el Ecuador dedicaba casi el 50% del PIB nacional a ese rubro.
El endeudamiento agresivo, que significó la ‘larga noche neoliberal’ para el pueblo, fue patrocinado fundamentalmente por el Fondo Monetario Internacional a favor del poder económico nacional, de ninguna manera estuvo orientado a resolver los problemas de la producción ni de la economía ecuatoriana, ni siquiera sirvió para la llamada ‘sustitución de importaciones’, slogan bajo el cual se abrieron las arcas del Estado a la voracidad del FMI. Con la llegada al poder de la Revolución Ciudadana, esta política de endeudamiento cambió radicalmente. Basado en principios legales sustentados históricamente a nivel internacional, el gobierno ecuatoriano inició un proceso de revisión de la deuda para definir que segmento era ilegal y consecuentemente no asumir el pago, decisión que fue ampliamente aplaudida por la ciudadanía. ¿Cómo entender hoy que, en nombre de una política de austeridad, se remita deudas a los empresarios deudores, se afirme que el país está endeudado más allá de lo admisible, y, al mismo tiempo, se sirva la mesa para el retorno del FMI? (O)
Las deudas contraídas no en interés del pueblo sino del interés de dirigentes y personas próximas al poder, son deudas odiosas.