Flexibilización

Durante la década pasada, fueron significativos los avances en materia de legislación en favor de los derechos de los trabaja-dores. Entre otros de los avances, cabe señalar: la eliminación de la tercerizacion, la creación del concepto de salario digno, el fin de los contratos a plazo fijo (quedando el contrato indefinido como contrato tipo) la homologación de derechos en favor de las trabajadoras remuneradas de los hogares (mal llamadas “empleadas domésticas”), la incorporación a algunos de los beneficios de la seguridad social de las trabajadoras no remuneradas de los hogares (”amas de casa”), la legislación en favor de los discapacitados y de los niños.

Cierto que no hay que olvidar que se cometieron 2 fuertes errores referidos al límite a la participación de los trabajadores en las utilidades empresariales y la enmienda constitucio-nales que prohíbe la contratación colectiva en el sector público. El balance considero que favoreció claramente a la reivindica-ción de los derechos de los trabajadores. Uno de los indicadores más potentes se refleja en la distribución primaria del ingreso que experimentó -entre salarios e ingresos mixtos- un aumento de 10 puntos porcentuales en el PIB.


La drástica caída en los precios del petróleo junto con la apreciación del dólar y la devaluación de las monedas de algunos países (Colombia, Perú, Brazil) golpeó duramente la economía ecuatoriana y propició serias dificultades a la generación de empleo. Actualmente, las cifras de desempleo, subempleo y empleos de mala calidad han crecido notablemente. La coyuntura es compleja. La respuesta macroeconómica y de las políticas públicas relacionadas con el trabajo, no deberían castigar los derechos laborales. La flexibilización a ultranza que viene expresándose en los acuerdos ministeriales y en las aspiraciones reiteradas por parte de la dirigencia empresarial y de algunos de sus voceros que añoran la tercerizción y flexibilización a ultranza. Las dificultades de competitividad de la producción ecuatoriana no radican en los costos laborales, tampoco en la tributación; se explican sobre todo en los bajísimos niveles de productividad, asunto que pasa por el desarrollo tecnológico y la capacitación y formación de talento humano. En las actuales circunstancias, sobre todo políticas, con un fuerte dominio de las visones neoliberales no es conveniente aprobar el nuevo Código del Trabajo. Hay que debatirlo en niveles más amplios y sobre todo con la participación de los trabajadores, empleados, autoempleados o desempleados. (O)

Flexibilización

Durante la década pasada, fueron significativos los avances en materia de legislación en favor de los derechos de los trabaja-dores. Entre otros de los avances, cabe señalar: la eliminación de la tercerizacion, la creación del concepto de salario digno, el fin de los contratos a plazo fijo (quedando el contrato indefinido como contrato tipo) la homologación de derechos en favor de las trabajadoras remuneradas de los hogares (mal llamadas “empleadas domésticas”), la incorporación a algunos de los beneficios de la seguridad social de las trabajadoras no remuneradas de los hogares (”amas de casa”), la legislación en favor de los discapacitados y de los niños.

Cierto que no hay que olvidar que se cometieron 2 fuertes errores referidos al límite a la participación de los trabajadores en las utilidades empresariales y la enmienda constitucio-nales que prohíbe la contratación colectiva en el sector público. El balance considero que favoreció claramente a la reivindica-ción de los derechos de los trabajadores. Uno de los indicadores más potentes se refleja en la distribución primaria del ingreso que experimentó -entre salarios e ingresos mixtos- un aumento de 10 puntos porcentuales en el PIB.


La drástica caída en los precios del petróleo junto con la apreciación del dólar y la devaluación de las monedas de algunos países (Colombia, Perú, Brazil) golpeó duramente la economía ecuatoriana y propició serias dificultades a la generación de empleo. Actualmente, las cifras de desempleo, subempleo y empleos de mala calidad han crecido notablemente. La coyuntura es compleja. La respuesta macroeconómica y de las políticas públicas relacionadas con el trabajo, no deberían castigar los derechos laborales. La flexibilización a ultranza que viene expresándose en los acuerdos ministeriales y en las aspiraciones reiteradas por parte de la dirigencia empresarial y de algunos de sus voceros que añoran la tercerizción y flexibilización a ultranza. Las dificultades de competitividad de la producción ecuatoriana no radican en los costos laborales, tampoco en la tributación; se explican sobre todo en los bajísimos niveles de productividad, asunto que pasa por el desarrollo tecnológico y la capacitación y formación de talento humano. En las actuales circunstancias, sobre todo políticas, con un fuerte dominio de las visones neoliberales no es conveniente aprobar el nuevo Código del Trabajo. Hay que debatirlo en niveles más amplios y sobre todo con la participación de los trabajadores, empleados, autoempleados o desempleados. (O)