¿Fin de ciclo?

Meses después de un proceso electoral en Ecuador que comprendió una significación de bisagra histórica, pues implicó la salida de escena activa del Presidente más influyente de la historia política nacional, bien vale echar una mirada a la ola de regresos neoliberales en la región, una vez más, para contextualizar el comportamiento de aquella derecha que ganó las elecciones con promesas de campaña que rompe e incumple una por una en Argentina, que asaltó el poder en Brasil con una trinca corrupta y golpista y que, de carambola, puso antes un alcalde en nuestra capital que se montó en un voto que no era suyo. La derecha y sus medios han venido clamando el fin de ciclo de los gobiernos progresistas. Pero ¿cómo les está yendo, realmente a sus delfines salvadores?
En Argentina todos los índices sociales, económicos y humanos han desmejorado notablemente. Antes de cumplir un año Macri ya había visto bajar la aceptación y credibilidad de su figura tras el ajuste y el tarifazo que llevó adelante. La inflación, la devaluación, el desempleo y el empobrecimiento acelerado de las mayorías han generado un clima altamente inestable que, a esta altura, ya les resulta casi imposible trasladar al gobierno anterior a pesar del bombardeo mediático que continúa. Las protestas en la calle no hacen sino aumentar día tras día.
En Brasil la ridícula figura de Temer es de una dimensión histórica insignificante con apenas el 3 por ciento de aceptación, digamos el margen de error de las encuestas, impresentable a lo largo de los últimos tiempos pues simboliza, inversamente, el vacío de representatividad de quien encabeza la política brasileña.
De Quito solo resta la pena de saber que está bajo el mando de una persona que la ha usado como tarima de sus ambiciones políticas y que para ello está dispuesto a entrar en cualquier proyecto que le permita capitalizar algo, aunque sea de manera irresponsable.
En todos estos casos las reacciones populares están en la base de lo que pueda significar el límite. Brasil y especialmente Argentina enfrentan escenarios de potencial explosión social. Pero, ese es el límite de la derecha neoliberal que siempre termina generando las condiciones para su propia inestabilidad y fin, hasta ahí llega, porque su programa implica la radicalización irracional de las diferencias, la inequidad y el maltrato descarado de las mayorías, las cuales ya no se dejan. De ahí que el reflujo neoliberal se ahoga en el corto plazo, en su propia naturaleza que le conduce a asfixiar la base social hasta que explota. (O)

¿Fin de ciclo?

Meses después de un proceso electoral en Ecuador que comprendió una significación de bisagra histórica, pues implicó la salida de escena activa del Presidente más influyente de la historia política nacional, bien vale echar una mirada a la ola de regresos neoliberales en la región, una vez más, para contextualizar el comportamiento de aquella derecha que ganó las elecciones con promesas de campaña que rompe e incumple una por una en Argentina, que asaltó el poder en Brasil con una trinca corrupta y golpista y que, de carambola, puso antes un alcalde en nuestra capital que se montó en un voto que no era suyo. La derecha y sus medios han venido clamando el fin de ciclo de los gobiernos progresistas. Pero ¿cómo les está yendo, realmente a sus delfines salvadores?
En Argentina todos los índices sociales, económicos y humanos han desmejorado notablemente. Antes de cumplir un año Macri ya había visto bajar la aceptación y credibilidad de su figura tras el ajuste y el tarifazo que llevó adelante. La inflación, la devaluación, el desempleo y el empobrecimiento acelerado de las mayorías han generado un clima altamente inestable que, a esta altura, ya les resulta casi imposible trasladar al gobierno anterior a pesar del bombardeo mediático que continúa. Las protestas en la calle no hacen sino aumentar día tras día.
En Brasil la ridícula figura de Temer es de una dimensión histórica insignificante con apenas el 3 por ciento de aceptación, digamos el margen de error de las encuestas, impresentable a lo largo de los últimos tiempos pues simboliza, inversamente, el vacío de representatividad de quien encabeza la política brasileña.
De Quito solo resta la pena de saber que está bajo el mando de una persona que la ha usado como tarima de sus ambiciones políticas y que para ello está dispuesto a entrar en cualquier proyecto que le permita capitalizar algo, aunque sea de manera irresponsable.
En todos estos casos las reacciones populares están en la base de lo que pueda significar el límite. Brasil y especialmente Argentina enfrentan escenarios de potencial explosión social. Pero, ese es el límite de la derecha neoliberal que siempre termina generando las condiciones para su propia inestabilidad y fin, hasta ahí llega, porque su programa implica la radicalización irracional de las diferencias, la inequidad y el maltrato descarado de las mayorías, las cuales ya no se dejan. De ahí que el reflujo neoliberal se ahoga en el corto plazo, en su propia naturaleza que le conduce a asfixiar la base social hasta que explota. (O)