Fin de Año

Suele decirse, en el argot popular, que ‘no hay muerto malo’. El 2017 está expirando y no precisamente con el ánimo de olvidar lo negativo que ha resultado para la ciudadanía, vale la pena recordar algo bueno. Hablemos de Aquarius, la excelente película de Kleber Mendonça Filho y la magistral actuación de Sonia Braga.
Recordemos –también es parte del prohibido olvidar- que precisamente durante los años de la cruenta dictadura militar brasileña, cuando todos los canales de comunicación estaban cerrados para el público y la respuesta del gobierno a cualquier inquietud ciudadana era: “Brasil, ámalo o déjalo”, la joven generación de artistas encontró en el cine y las telenovelas la vía para expresar su voz y hacerse presente ante la Patria Grande. Una de esas figuras inolvidables, es exactamente Sonia Braga. Cómo olvidar a ‘Gabriela clavo y canela’, la novela del escritor comunista Jorge Amado, a quien tuve la suerte de conocer en su exilio en Moscú. La telenovela contó con la participación de la joven Sonia y del actor italiano Marcello Mastroianni y, dato interesante, aquí fue pasada por el casi recién abierto Canal Universitario Católico en horario nocturno que, a veces, era entrecortada para dar paso a las oraciones programadas para la noche.
La reciente edición del Festival de la Orquídea, como para dar un respiro de aliento a la sombría realidad cuotidiana, fue abierta no solo con la presentación de la película Aquarius, sino con la presencia misma de la actriz brasileña. El público asistente pudo conocer la realidad del Brasil contemporáneo, una moneda en sus dos caras: de un lado, la voracidad del capital financiero –lo que hoy se conoce como la financiarización del capital- expresada en la burbuja inmobiliaria, cuyas consecuencias en Brasil, como en España y EE.UU., han sido devastadoras, solapadas siempre por una administración de justicia y la función parlamentaria corruptas, con sus Collor de Mello, Eduardo Cunha, Michel Temer.
En la otra cara de la moneda, un pueblo con sus trabajadores, sus artistas, sus cineastas, batallando por afianzar la democracia y el derecho a vivir con dignidad.
¿Merece una felicitación el señor Prefecto? ¡El espectador tiene la palabra! (O)

Fin de Año

Suele decirse, en el argot popular, que ‘no hay muerto malo’. El 2017 está expirando y no precisamente con el ánimo de olvidar lo negativo que ha resultado para la ciudadanía, vale la pena recordar algo bueno. Hablemos de Aquarius, la excelente película de Kleber Mendonça Filho y la magistral actuación de Sonia Braga.
Recordemos –también es parte del prohibido olvidar- que precisamente durante los años de la cruenta dictadura militar brasileña, cuando todos los canales de comunicación estaban cerrados para el público y la respuesta del gobierno a cualquier inquietud ciudadana era: “Brasil, ámalo o déjalo”, la joven generación de artistas encontró en el cine y las telenovelas la vía para expresar su voz y hacerse presente ante la Patria Grande. Una de esas figuras inolvidables, es exactamente Sonia Braga. Cómo olvidar a ‘Gabriela clavo y canela’, la novela del escritor comunista Jorge Amado, a quien tuve la suerte de conocer en su exilio en Moscú. La telenovela contó con la participación de la joven Sonia y del actor italiano Marcello Mastroianni y, dato interesante, aquí fue pasada por el casi recién abierto Canal Universitario Católico en horario nocturno que, a veces, era entrecortada para dar paso a las oraciones programadas para la noche.
La reciente edición del Festival de la Orquídea, como para dar un respiro de aliento a la sombría realidad cuotidiana, fue abierta no solo con la presentación de la película Aquarius, sino con la presencia misma de la actriz brasileña. El público asistente pudo conocer la realidad del Brasil contemporáneo, una moneda en sus dos caras: de un lado, la voracidad del capital financiero –lo que hoy se conoce como la financiarización del capital- expresada en la burbuja inmobiliaria, cuyas consecuencias en Brasil, como en España y EE.UU., han sido devastadoras, solapadas siempre por una administración de justicia y la función parlamentaria corruptas, con sus Collor de Mello, Eduardo Cunha, Michel Temer.
En la otra cara de la moneda, un pueblo con sus trabajadores, sus artistas, sus cineastas, batallando por afianzar la democracia y el derecho a vivir con dignidad.
¿Merece una felicitación el señor Prefecto? ¡El espectador tiene la palabra! (O)