Filosofía

Visto

La formación jurídica de los estudiantes de Derecho es de vital importancia para quienes serán los próximos operadores del sistema de administración de justicia.
Es decir, sin dotarles de los conocimientos adecuados en las aulas universitarias para la reflexión sobre los distintos e innumerables problemas que se suscitan en la aplicación de las normas jurídicas.


Entonces, es indudable la posibilidad de terminar formando a meros “tecnócratas” jurídicos que asuman sin la mínima capacidad crítica cualquier texto normativo.
Quizás ese sea el sueño de cualquier aprendiz de dictador, pero no de quienes queremos una sociedad democrática.


Es por ello, que los estudios jurídicos no tienen como fin último únicamente la instrucción en el conocer el derecho, por el contrario, la idea es obtener los instrumentos necesarios
para la aplicación del mismo. En ese sentido, es imprescindible que se mantengan materias que permiten la deliberación sobre los dilemas morales y éticos que implican el asumir una postura sobre un problema jurídico.


Así, por ejemplo, la globalización jurídica, supone diversas controversias como la legitimidad de la intervención de organismos internacionales sobre la aplicación del Derecho interno -estatal-.
O sobre nuestra capacidad racional ¿es verdad que somos agentes racionales y que es nuestro cerebro el que decide por nosotros? En un mundo en que las nuevas tecnologías avanzan de forma
rampante, donde la generación X, Z, o los milennials piensan en interfaces y velocidad de conexión, los limites sobre el uso de la tecnología serán parte de los próximos debates jurídicos.


Estos cuestionamientos nos llevaran a varias respuestas que pueden ser contestadas desde teorías contrapuestas que han sido defendidas por grandes filósofos del derecho (Kant, Bentham, Marx, etc.).
En suma, la respuesta única correcta es imposible o incluso si fuera posible, quizás no se aspiraría a la misma, esa no es la finalidad, más bien la reflexión en sí, es la respuesta, que permite corregir el automatismo y limita al conservadurismo. En definitiva, sin la filosofía del derecho y su orientación se allanaría el camino a la tecnocracia jurídica simplona. (O)
Sin la filosofía del derecho y su orientación se allanaría el camino a la tecnocracia jurídica simplona.

Filosofía

La formación jurídica de los estudiantes de Derecho es de vital importancia para quienes serán los próximos operadores del sistema de administración de justicia.
Es decir, sin dotarles de los conocimientos adecuados en las aulas universitarias para la reflexión sobre los distintos e innumerables problemas que se suscitan en la aplicación de las normas jurídicas.


Entonces, es indudable la posibilidad de terminar formando a meros “tecnócratas” jurídicos que asuman sin la mínima capacidad crítica cualquier texto normativo.
Quizás ese sea el sueño de cualquier aprendiz de dictador, pero no de quienes queremos una sociedad democrática.


Es por ello, que los estudios jurídicos no tienen como fin último únicamente la instrucción en el conocer el derecho, por el contrario, la idea es obtener los instrumentos necesarios
para la aplicación del mismo. En ese sentido, es imprescindible que se mantengan materias que permiten la deliberación sobre los dilemas morales y éticos que implican el asumir una postura sobre un problema jurídico.


Así, por ejemplo, la globalización jurídica, supone diversas controversias como la legitimidad de la intervención de organismos internacionales sobre la aplicación del Derecho interno -estatal-.
O sobre nuestra capacidad racional ¿es verdad que somos agentes racionales y que es nuestro cerebro el que decide por nosotros? En un mundo en que las nuevas tecnologías avanzan de forma
rampante, donde la generación X, Z, o los milennials piensan en interfaces y velocidad de conexión, los limites sobre el uso de la tecnología serán parte de los próximos debates jurídicos.


Estos cuestionamientos nos llevaran a varias respuestas que pueden ser contestadas desde teorías contrapuestas que han sido defendidas por grandes filósofos del derecho (Kant, Bentham, Marx, etc.).
En suma, la respuesta única correcta es imposible o incluso si fuera posible, quizás no se aspiraría a la misma, esa no es la finalidad, más bien la reflexión en sí, es la respuesta, que permite corregir el automatismo y limita al conservadurismo. En definitiva, sin la filosofía del derecho y su orientación se allanaría el camino a la tecnocracia jurídica simplona. (O)
Sin la filosofía del derecho y su orientación se allanaría el camino a la tecnocracia jurídica simplona.

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