¡Felices Pascuas!

Visto

Vivimos sentimientos profundamente encontrados en nuestros propios jornales personales, familiares, comunitarios, sociales, nacionales e internacionales. Jesus fue víctima de un caótico poder político y religioso hace 2000 años.
Aquel Cristo humano que se encarnó en un pueblo huérfano, explotado y denigrado, vivió los mismos sentimientos humanos de miles de líderes antes que Él, despues de Él y los que hoy arrastran las nuevas cruces de la muerte hacia la resurección en el nombre de Él.
Sudó sangre arrodillado al pie de aquella rústica piedra en la pampa del Getsemaní y se negóa a aceptar la muerte, tenía miedo, lloraba y sufría en su propia esencia humana, hasta que finalmente aceptó, en humilde interiorización diciendo: ¡Que se haga en mi según tu voluntad! Vivió la cruel expresión de un liderazgo político y religioso dislocado, corrupto y hambriento de poderes expresados en sus propias lujurias, odios y vanidades.
Con frecuencia vemos como muchos líderes políticos y religiosos que trabajan mano a mano para cubrir sus crueldades y vender a cualquier precio a los nuevos cristos de nuestros tiempos.
Tan sofísticas son las cruces, que nos cuesta entender las consecuencias de ellas. Estas nuevas cruces son impuestas por los nuevos imperios, transnacionales y corporaciones, servidas con profesionales actitudes de los Judas en nuestros tiempos, en las brillantes ideas y bandejas de guerras, hambres, muros, ignorancias, pedofilias, corrupciones e ineficientes programas de salud. Cruces que repiten el mismo quejido agónico del Cristo histórico en su dolor infinito en millones de seres humanos al grito de ¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!
Cruces que en nuestros tiempos van integrándose en fértil tierra de concienciación y organización al cotidiano canto de ¡Hay que morir para vivir! Cruces embarradas en dolor conviertiéndose en esperanza, cruces despojándose de maldad y transformándose en solidaridad, cruces empapadas de lágrimas convirtiéndose en sonrisas innegables, cruces rebosadas en odio transformándose en amor, cruces agonizando su propia muerte y transformándose en vida en abundancia.
¡Continuemos con quien transformó la cruz de la opresión en pasos, caminos, puentes, diálogos y encuentros de liberación. Felices pascuas! (O)
Continuemos con quien transformó la cruz de la opresión en pasos, caminos, puentes, diálogos y encuentros de liberación.

¡Felices Pascuas!

Vivimos sentimientos profundamente encontrados en nuestros propios jornales personales, familiares, comunitarios, sociales, nacionales e internacionales. Jesus fue víctima de un caótico poder político y religioso hace 2000 años.
Aquel Cristo humano que se encarnó en un pueblo huérfano, explotado y denigrado, vivió los mismos sentimientos humanos de miles de líderes antes que Él, despues de Él y los que hoy arrastran las nuevas cruces de la muerte hacia la resurección en el nombre de Él.
Sudó sangre arrodillado al pie de aquella rústica piedra en la pampa del Getsemaní y se negóa a aceptar la muerte, tenía miedo, lloraba y sufría en su propia esencia humana, hasta que finalmente aceptó, en humilde interiorización diciendo: ¡Que se haga en mi según tu voluntad! Vivió la cruel expresión de un liderazgo político y religioso dislocado, corrupto y hambriento de poderes expresados en sus propias lujurias, odios y vanidades.
Con frecuencia vemos como muchos líderes políticos y religiosos que trabajan mano a mano para cubrir sus crueldades y vender a cualquier precio a los nuevos cristos de nuestros tiempos.
Tan sofísticas son las cruces, que nos cuesta entender las consecuencias de ellas. Estas nuevas cruces son impuestas por los nuevos imperios, transnacionales y corporaciones, servidas con profesionales actitudes de los Judas en nuestros tiempos, en las brillantes ideas y bandejas de guerras, hambres, muros, ignorancias, pedofilias, corrupciones e ineficientes programas de salud. Cruces que repiten el mismo quejido agónico del Cristo histórico en su dolor infinito en millones de seres humanos al grito de ¡Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado!
Cruces que en nuestros tiempos van integrándose en fértil tierra de concienciación y organización al cotidiano canto de ¡Hay que morir para vivir! Cruces embarradas en dolor conviertiéndose en esperanza, cruces despojándose de maldad y transformándose en solidaridad, cruces empapadas de lágrimas convirtiéndose en sonrisas innegables, cruces rebosadas en odio transformándose en amor, cruces agonizando su propia muerte y transformándose en vida en abundancia.
¡Continuemos con quien transformó la cruz de la opresión en pasos, caminos, puentes, diálogos y encuentros de liberación. Felices pascuas! (O)
Continuemos con quien transformó la cruz de la opresión en pasos, caminos, puentes, diálogos y encuentros de liberación.

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