Fábrica de partidos políticos

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No sé hasta qué punto, la democracia se fortalezca, hasta qué punto la democracia sea directamente proporcional al número de partidos y movimientos políticos. Tampoco se, sí el número de camisetas que tenga a su haber un ciudadano le confiera más prestancia, representatividad, experiencia y confiabilidad. La historia política ecuatoriana es prolífica tanto en la creación de partidos y movimientos, como en camisetazos. Estos últimos meses se observa el surgimiento de una serie de partidos y movimientos. Tal parecería que existiera una fábrica o un horno donde se hacen partidos. No por ello hemos mejorado la calidad de la democracia ni hemos alcanzado madurez política. Más bien, ante la proliferación de "tiendas" políticas, se ha generado un marco de desconfianza ciudadana en la política y en los políticos. Sin embargo, la fábrica de partidos y movimientos no para. El mito de la libre competencia -pregonada por la teoría económica neoclásica- pretende trasladarse, también, al ámbito político. Se intenta convencer que la libertad de elegir es una regla de oro, una regla mágica, tanto para el ámbito económico como para el político. Se piensa que si todos los actores o agentes políticos y económicos toman decisiones racionales, se alcanzan óptimos individuales y, por lo tanto, óptimos colectivos. Lo que no se dice es que en aquel "paraíso democrático" (económico y político) ante la pronunciada desigualdad, unos so mucho más libres que otros. En lo económico, por más que exista un elevado número de participantes, en realidad, pocos son los que pesan en el mercado. Al existir una elevada concentración rigen prácticas oligopólicas o monopolices. En lo político, por más que exista todo un abanico de opciones (partidos y movimientos) sólo estarán en la vitrina del marketing político, aquellas propuestas que cuenten con financiamiento para su difusión.
Por otro lado, como en la real política "todo vale", no falta quienes, amparándose en la tecnocracia pragmática, pretenden hacer política desde la neutralidad o independencia y desde la negación de las ideologías. Se sostiene que no existe frontera entre las ideologías políticas, que no cabe la división entre izquierda y derecha. En este mundo ficticio, se olvidan que la realidad está repleta de injusticias y contradicciones y que para algunos, así es como deber ser el mundo y para otros, hay que transformarlo. Las derecha, en todos sus matices, cree que hay una suerte de ley natural y determinística, que eterniza la desigualdad. Considera que la única posibilidad que existe para los más pobres es el "goteo" de los frutos del progreso y del crecimiento económico. La izquierda, por su lado, consciente de la dialéctica social y de la historia, alejada del fatal determinismo natural, considera que la transformación estructural de las sociedades es posible e indispensable. La clasificación de las ideologías políticas en izquierda (radical y moderada) y derecha (radical y moderadamente) no es un simple reduccionismo; constituye una tipología básica para ubicarse en el mundo real y evitar engaños y confusiones. Dedicarse a coleccionar camisetas políticas y fabricar partidos o movimientos no contribuye a la madurez de la democracia, todo lo contrario, confunde, engaña y aleja a la gente de la política. Pienso que la solución democrática no está en el partido único, ni en el bipartidismo ni en la existencia de decenas y decenas de partidos y movimientos. El número de partidos debe ser tal que se abarque el conjunto dd tendencias. Es indispensable, desde luego, que los pocos partidos que existan cubran -dentro de su tendencia- las aspiraciones fundamentales y propuestas del conjunto de la sociedad. Dos partidos nacionales por cada uno de los flancos -izquierda y derecha- sería suficiente. (O)

Fábrica de partidos políticos

No sé hasta qué punto, la democracia se fortalezca, hasta qué punto la democracia sea directamente proporcional al número de partidos y movimientos políticos. Tampoco se, sí el número de camisetas que tenga a su haber un ciudadano le confiera más prestancia, representatividad, experiencia y confiabilidad. La historia política ecuatoriana es prolífica tanto en la creación de partidos y movimientos, como en camisetazos. Estos últimos meses se observa el surgimiento de una serie de partidos y movimientos. Tal parecería que existiera una fábrica o un horno donde se hacen partidos. No por ello hemos mejorado la calidad de la democracia ni hemos alcanzado madurez política. Más bien, ante la proliferación de "tiendas" políticas, se ha generado un marco de desconfianza ciudadana en la política y en los políticos. Sin embargo, la fábrica de partidos y movimientos no para. El mito de la libre competencia -pregonada por la teoría económica neoclásica- pretende trasladarse, también, al ámbito político. Se intenta convencer que la libertad de elegir es una regla de oro, una regla mágica, tanto para el ámbito económico como para el político. Se piensa que si todos los actores o agentes políticos y económicos toman decisiones racionales, se alcanzan óptimos individuales y, por lo tanto, óptimos colectivos. Lo que no se dice es que en aquel "paraíso democrático" (económico y político) ante la pronunciada desigualdad, unos so mucho más libres que otros. En lo económico, por más que exista un elevado número de participantes, en realidad, pocos son los que pesan en el mercado. Al existir una elevada concentración rigen prácticas oligopólicas o monopolices. En lo político, por más que exista todo un abanico de opciones (partidos y movimientos) sólo estarán en la vitrina del marketing político, aquellas propuestas que cuenten con financiamiento para su difusión.
Por otro lado, como en la real política "todo vale", no falta quienes, amparándose en la tecnocracia pragmática, pretenden hacer política desde la neutralidad o independencia y desde la negación de las ideologías. Se sostiene que no existe frontera entre las ideologías políticas, que no cabe la división entre izquierda y derecha. En este mundo ficticio, se olvidan que la realidad está repleta de injusticias y contradicciones y que para algunos, así es como deber ser el mundo y para otros, hay que transformarlo. Las derecha, en todos sus matices, cree que hay una suerte de ley natural y determinística, que eterniza la desigualdad. Considera que la única posibilidad que existe para los más pobres es el "goteo" de los frutos del progreso y del crecimiento económico. La izquierda, por su lado, consciente de la dialéctica social y de la historia, alejada del fatal determinismo natural, considera que la transformación estructural de las sociedades es posible e indispensable. La clasificación de las ideologías políticas en izquierda (radical y moderada) y derecha (radical y moderadamente) no es un simple reduccionismo; constituye una tipología básica para ubicarse en el mundo real y evitar engaños y confusiones. Dedicarse a coleccionar camisetas políticas y fabricar partidos o movimientos no contribuye a la madurez de la democracia, todo lo contrario, confunde, engaña y aleja a la gente de la política. Pienso que la solución democrática no está en el partido único, ni en el bipartidismo ni en la existencia de decenas y decenas de partidos y movimientos. El número de partidos debe ser tal que se abarque el conjunto dd tendencias. Es indispensable, desde luego, que los pocos partidos que existan cubran -dentro de su tendencia- las aspiraciones fundamentales y propuestas del conjunto de la sociedad. Dos partidos nacionales por cada uno de los flancos -izquierda y derecha- sería suficiente. (O)

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